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Rapidez, reflejos y concentración

B.G.R
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Con tan solo 18 años, la joven promesa de la esgrima Javier de los Mozos acumula trofeos en una disciplina minoritaria que ahora ha convertido en forma de vida

Rapidez, reflejos y concentración - Foto: Jesús J. Matías

Lleva el espíritu deportivo en la sangre, aunque no ha seguido la estela de sus progenitores (su madre practicó balonmano y su padre atletismo). Tampoco la disciplina mayoritaria por excelencia, el fútbol, a la que jugaban sus compañeros de clase pero que confiesa que «nunca se me ha dado bien». Sin embargo, todo cambió para Javier de los Mozos Delgado el día en el que la Sala de Esgrima Burgos (Saesbu) fue a su colegio a realizar una exhibición. Recuerda bien aquel momento. Cursaba tercero de Primaria y en esa demostración encontró algo que le cautivó, que le sigue apasionando y que a sus 18 años le ha reportado ya numerosos trofeos.

Lo contó en casa y la idea fue aplaudida. «A mis padres les parecía bien que hiciera cualquier deporte», subraya De los Mozos, que comenzó a practicar en el club local con espadas pequeñas o de plástico y recuerda que le tuvieron que prestar el traje para su primera competición de ámbito regional. La implicación con la esgrima no dejó de ir a más, yendo de torneo en torneo hasta que se dio cuenta de que esta disciplina «era algo más que una afición». Ahora se ha convertido en una «forma de vida» y sus sueños pasan por seguir avanzando en un camino que no resulta fácil al tratarse de un práctica minoritaria. «Al principio, mis amigos no se creían que me tenía que pagar yo  los desplazamientos», reconoce este joven.

Forma parte de la selección nacional junior y uno de sus últimos logros lo consiguió el pasado mes de julio, cuando el equipo burgalés del que forma parte ganó el Campeonato de Castilla y León en la modalidad de grupos. A ello se suman otros trofeos en competiciones nacionales como la que se celebró en junio en Roa, donde quedó tercero en categoría individual junior y quinto en la de sub-23. No puede tampoco pasarse por alto su asistencia al Campeonato del Mundo celebrado en El Cairo, quedando entre los 32 mejores, a pesar de que, según reconoce, hay potencias punteras en esgrima como Italia, Rusia, Suiza y Francia. Por ello, sonríe cuando se le pregunta por los Juegos Olímpicos y su mirada denota una ilusión desmedida de alguien modesto.

El curso pasado terminó sus estudios de FP en Madrid gracias a una beca que le permitió entrenar en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde se multiplicaron las horas de dedicación a este deporte. Para el próximo se ha matriculado en un ciclo de grado superior de Mecanizado en el Padre Aramburu, mientras continuará perfeccionando su talento con la espada en el Saesbu. Necesita seguir afinando su rapidez, los reflejos y la resistencia porque, tal y como explica, un torneo puede durar más de seis horas. Una buena preparación física que tiene que combinar con una perfecta concentración, ya que «cualquier despiste te puede hacer perder». Ve en su entrenador, Carlos Zayas, un referente como tirador y no deja de mencionar a sus compañeros porque prefiere la modalidad grupal a la individual.

Aquellas espadas de juguete con las que jugaba de niño, ahora son flexibles y de acero, al igual que la careta, que acompaña de un traje especial que hacen de este deporte «uno de los más seguros».