El riesgo en el nº 59 de Ramón y Cajal obliga a tirarlo

Ó.C
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El riesgo en el nº 59 de Ramón y Cajal obliga a tirarlo - Foto: Á“scar Casado

El Ayuntamiento insta a la propiedad del bloque a que actúe en el interior por falta de seguridad. La fachada, por ahora, deberá apuntalarse para su conservación

La situación del inmueble de Ramón y Cajal 59 entra en un nuevo capítulo, una fase en la que la entidad bancaria que posee la propiedad tendrá que actuar directamente sobre el edificio deshabitado y en ruinas desde hace años. Será un nuevo paso dentro de un expediente en el que los residentes de los pisos colindantes, los ubicadas en el número 61, tuvieron que ser realojados temporalmente en 2016 porque el inmueble en el que ahora se va a actuar presionaba al suyo generando un riesgo de derrumbe.
Este problema se pudo evitar tras varias obras de envergadura para que los vecinos pudieran volver a sus casas, aunque el pésimo estado de conservación del edificio del número 59 no se ha podido solucionar. Por este motivo, desde el Ayuntamiento se ha obligado a tomar medidas a la propiedad, que tendrá que acometer dos actuaciones principales y a corto plazo: derribar parcialmente el interior y apear la fachada para su conservación. En realidad, con estos y el resto de puntos requeridos por parte de los responsables de Urbanismo, se trata de evitar el peligro real que existente y que puede terminar con un colapso del edificio, perjudicando a terceros. 
En este sentido y dada la gravedad de la situación, la alcaldesa Aitana Hernando, recalcó que los informes municipales del mes de febrero detectaron estos problemas ya que «las condiciones de seguridad y de salubridad del edificio han sufrido un considerable deterioro», explicó. Una situación en la que también hay que tener en cuenta que a pesar de que el Ayuntamiento ha iniciado los trámites para rebajar la protección del edificio de la estructural a la ambiental, el estatus que mantiene hace que se tenga que conservar en la medida de lo posible la estructura y también la fachada original, aunque la alcaldesa remarcó que estas medidas se tienen que ejecutar sin que se haga efectivo el cambio por una cuestión de seguridad. 
Eso sí, una de las acciones que se tendrá que respetar por parte de la propiedad es la de mantener la cara del edificio, por lo que la fachada se tendrá que apuntalar, lo que hará que la imagen que se tiene desde hace años en el 9 y 11 de la calle Vitoria, se tenga que repetir en otra zona céntrica, como es Ramón y Cajal.
Al igual que Hernando, la concejala de Urbanismo, Noelia Manrique, también apunta a la necesidad de actuar con brevedad en el inmueble. En este sentido, por su parte se destaca que la propiedad ha comunicado la intención de empezar pronto con los trabajos y se espera que las primeras tareas sean las de comprobar el apuntalamiento y el vaciado del inmueble, ya que hay algunas estancias como las cocinas que cuentan con elementos que perjudican a la estructura. Con esto se pretende quitar peso y reducir el riesgos de derrumbes en el interior. Además, la propia alcaldesa, indicó que otro de los puntos que tendrá que cumplir la propiedad está en «el desalojo de las palomas» .
incio del proceso. La situación del edificio representa un problema que ya se ha visto en otros puntos. Una realidad en la que choca la ruina de inmuebles con el grado de protección que tienen. Para desbloquear estos conflictos una de las medidas está en modificar el Plan General de Ordenación Urbana, que recoge las protecciones de los edificios, y así poder acabar con las ruinas, aunque signifique perder patrimonio con el derribo total. En este sentido, Hernando destacó que por parte del Pleno municipal se ha iniciado este trámite para pasar de la protección estructural a ambiental, aunque se «ha aprobado inicialmente», detalló.
En este sentido, recordó que todavía quedan por delante otros pasos en los que se tendrá que recabar una serie de informes para que el Ayuntamiento lo apruebe de manera provisional y que sea la Junta la que dé el selló definitivo y poder tirar la fachada aunque en una futura obra se tendría que recrear la original, como se establece en las normas de los edificios protegidos ambientalmente.