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Música, vinilos y acción

M.M.B.
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La Feria del Coleccionismo Discográfico y Cinematográfico ha regresado este fin de semana a Burgos, donde ha expuesto más de 15.000 piezas procedentes de toda España

Coleccionistas y curiosos indagan en los puestos. - Foto: Christian Castrillo

El récord del precio pagado por un vinilo lo ostenta Paul McCartney. El antiguo Beatle abonó un millón de libras por un disco en el que había participado pero que no tenía en su poder y que quería para su colección. Precisamente su nombre, y el de su banda, se han repetido durante todo el fin de semana en el Centro Comercial El Mirador con motivo de la Feria de Coleccionismo Discográfico y Cinematográfico de Burgos.

Mientras el coleccionista busca piezas muy concretas «los que están empezando a sumergirse en esto se decantan por los clásicos: Los Beatles, los Rolling Stones, AC/DC, Pink Floyd o Nirvana», explica Julián, asturiano trabajador en la Feria. Pero el catálogo presentado a los burgaleses durante estos tres días ha sido mucho más amplio. Más de 7.000 vinilos, 5.000 CD y 4.000 películas, se han expuesto a solo unas semanas de la llegada de las fiestas navideñas.

Este respiro da fuerza a un sector que como consecuencia del cierre de establecimientos y de la prohibición de grandes aglomeraciones, sufrió fuertes pérdidas en sus ventas. Juan de Dios tiene su almacén en Jerez de la Frontera y aunque aprovechó los meses de sequía para reintentar su negocio mediante la venta electrónica , reconoce que ha echado mucho de menos «el trato personal que se respira en estas citas».

Después de dos años de espera la fiel clientela burgalesa ha podido dejar internet a un lado para volver a los estantes «con muchas ganas», según indica Montse Martínez, miembro de la organización del evento. Tras la llegada de los casetes, del CD, del MP3 y de las nuevas plataformas, parecía que el tocadiscos iba a caer en el olvido, pero en plena era digital lo analógico está resurgiendo « y el vinilo ha sido el objeto estrella de estos días», revela Martínez.

El cliente habitual suele ser un hombre cerca de los cuarenta años con cierto poder adquisitivo, pero cada vez son más los jóvenes que se ven seducidos por la magia que envuelve a este producto. Como Beatriz y Rubén. Ninguno de los dos alcanza la treintena y cuentan que cuando se reúnen varios amigos van eligiendo uno a uno el vinilo que sonará esa noche. «Tiene encanto y es algo diferente a poner una lista de reproducción», declara la joven. Ambos han encontrado además lo que estaban buscando. «Yo no soy coleccionista, pero mi novio quería una pieza de Radiohead y la he localizado aquí», explica Beatriz mientras muestra la portada de In Rainbows.
El móvil de Rubén, como la mayoría de los terminales de la gente de su edad, tiene instalada la aplicación musical Spotify pero también una menos popular: Discogs. «Vas listando toda tu colección y así la gente puede saber cuáles tienes o cuáles son tus gustos», comenta el joven. «Al final yo solo tengo 35 pero hay gente como mi hermano que tiene 600 vinilos ¿cómo voy a saber si no cuál regalarle?», se pregunta.