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Roglic vuela alto

Agencias
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El triple vencedor de La Vuelta es un ejemplo de perseverancia y ambición que no se marca límites

El esloveno festeja en Santiago de Compostela la consecución de su tercer maillot rojo consecutivo en la ronda nacional. - Foto: Manuel Bruque

El espíritu de Primoz Roglic (Trbovlje, 31 años), triple ganador de la Vuelta, se refleja en su página web en una rueda de bicicleta envuelta en alas. Voló con los esquís hasta los 22 años y después siguió surcando el cielo imaginándose encima de una bicicleta. En el ‘Águila’ esloveno impera la ambición, forjada a pico y pala en sus duros inicios contra la desconfianza ajena.

Primoz Roglic nunca se detiene, ni para tomar impulso. Triunfó surcando el cielo con los esquís, pero lo dejó en 2012 tras ser campeón del mundo juvenil. Le llamó la bicicleta a través del duatlón. Le gustaban más los pedales que las zapatillas de correr y tocó la puerta del ciclismo tarde, con 22 años.

Solo nueve años después de subirse a la bici, su palmarés habla por sí mismo: tres Vueltas a España y nueve etapas ganadas, segundo en el Tour, tercero en el Giro, Lieja Bastoña, dos Vueltas al País Vasco, campeón olímpico de contrarreloj...

Roglic es un tipo calculador, metódico, frío, no se puede decir que sea antipático porque no sonría en exceso en público o ante la prensa. Prefiere la discreción y expresarse en la carretera, donde aparece con frecuencia en los momentos clave. En la recién concluida Vuelta, para ganar cuatro etapas y ser segundo cuatro veces, por ejemplo.

El esloveno empezó a ser ciclista en el equipo continental Radenska, donde ingresó en 2012 con mucho esfuerzo e incluso retando a los que no confiaban en él por su avanzada edad y por haber sido saltador de esquí.

Su compatriota Andrej Hauptman, bronce en el Mundial 2011, se ocupaba de los juveniles y de los sub’23 del citado equipo. Recuerda perfectamente la primera toma de contacto con el futuro campeón.

«Me dijo que había dejado el esquí y que quería ser profesional del ciclismo. Pensé que eso era imposible, pero él insistió. Le mandé al equipo amateur y le dije que tenía que comprarse la bici y pagar la licencia y que eso le iba a costar 5.000 euros. Era una explicación para quitármelo de encima», relató.

Ahí quedó el desafío para el exsaltador. Y lo superó. Hauptman volvió a recibir una llamada: «Hola, soy Primoz Roglic, ¿se acuerda de mí? Tengo el dinero y la bicicleta».

El triple vencedor de La Vuelta le sacó 5.000 euros a su padre y se puso a trabajar en un supermercado para reunir esa cantidad. «Se presentó con su bici, una Wilier que pesaba un kilo más que las de sus rivales. Recuerdo que se caía mucho, no sabía comer sobre la bici, ni quitar el papel de las barritas. Era un poco desastre. Como amateur no ganó grandes carreras», recuerda Hauptman.

Roglic estudió en la escuela secundaria de economía en Kranj y luego en la Facultad de Ciencias Empresariales, pero no quería estudiar, quería competir en bicicleta, así que aceptó probar seis meses en el equipo Adria Mobil antes de ser profesional.

«Le fichamos porque le hicimos unas pruebas y nos sorprendió, luego estuvo dos años con nosotros. Recuerdo que para él cada carrera era una final, lo daba todo», comenta el entonces patrón de la escuadra, Bojdan Fink.

Tras abandonar el Adria Mobil en 2015, se marchó a su escuadra actual, el Lotto Jumbo, ahora Jumbo Visma. Tras dos años de tanteo, se estrenó en el Giro de Italia en 2016 y ganó una crono de 40 kilómetros y además ese curso se proclamó campeón nacional en esa modalidad.

En 2017 lanzó otro aviso ganando una etapa en el Tour, la Vuelta al Algarve, dos etapas en el País Vasco y fue plata mundial contrarreloj. Un año después volvió a ganar en el Tour y la general de Romandía y País Vasco. Ya estaba lanzado, hasta que se proclamó ganador de su primera grande en la Vuelta 2019. Y lo que falta por llegar.