Ganas de vivir y de aprender a volar

M.S.B.
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Rozalén anima y emociona en el Paseo de Atapuerca con sus canciones comprometidas y su optimismo inclusivo

Varios miles de personas (¿cuántos? ¡Qué más da! Además, ese dato solo se puede saber hablando con todas las compañías de móviles) entraron esta medianoche por La puerta violeta más sensual, empática y compartida. La de Rozalén. Interpretó algunos de los grandes éxitos que la han catapultado a lo más alto del panorama musical español e hispanoamericano, así como otras canciones más personales, como Justo, el hermano de su abuela desaparecido en el 38 y que acaba de ser localizado en una fosa. Esos ‘miles de personas’, con una media de edad un poco más alta que la del sábado con La M.O.D.A., comprobaron en el Paseo de Atapuerca que conocen más canciones de esta cantautora albaceteña de las que creían.
Sus letras poéticas y comprometidas, su voz única y su verdad interpretativa llenaron la noche burgalesa de emoción, respeto, solidaridad, igualdad e inclusión. Estos ‘campos’ tan amplios, necesarios y defendibles conforman gran parte de la base de las creaciones de Rozalén (María de los Ángeles Rozalén Ortuño, nacida hace 33 años). Pero no olvida esta guitarrista, que se enganchó a la música desde muy joven, que para llegar al público es imprescindible acertar con la forma de ‘tocarlo’.
En el escenario delante del MEH, la premiada y solicitada cantautora desgranó temas de sus tres discos (Con derecho a..., Quién te ha visto... y Cuando el río suena...), que ahora ha reunido en uno nuevo bajo el título Cerrando puntos suspensivos. Y sí, sus letras, muy pensadas y mimadas, dicen cosas. Y homenajean a las mujeres (Las hadas existen), cantan al amor y al desamor... Interpretan y tocan muchos puntos abiertos. Ponen los puntos sobre las íes.
Rozalén recordó anteriores actuaciones en la ciudad en la sala La Rúa (avenida Reyes Católicos 26) y en el auditorio de Caja de Burgos de la avenida de Cantabria en octubre de 2015, y se congratuló de poder actuar «sin rebequita y ante tanto público».
Gusta de introducir y contextualizar sus canciones para que lleguen más fácil a los oyentes, y recalcó su admiración por las palabras y los mensajes del poeta Mario Benedetti.
Pero si en algo insistió esta vitalista cantante es en que ella con su música quiere emocionar, divertir y también hacer reflexionar. Todo ello se puede hacer con talento, con gusto y con sensibilidad para captar la realidad y convertirla en píldoras de fiesta, que es lo que tocaba anoche en plenos Sampedros, abrir una puerta a la transmisión de «muchas ganas de vivir y de aprender a volar», enfatizó.

Ganas de vivir y de aprender a volar Alberto Rodrigo
Ganas de vivir y de aprender a volar - Foto: Alberto Rodrigo