«Los primeros días de ingreso no hablamos con nadie»

S.F.L.
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Tomás López y María Ángeles Ortega han permanecido en el HUBU 5 y 12 días respectivamente tras dar positivo en COVID-19. Ninguno de los dos padeció síntomas característicos del virus previamente

«Los primeros días de ingreso no hablamos con nadie»

Han pasado 50 años desde que Tomás López y María Ángeles Ortega se dieron el sí quiero. Toda una vida juntos, enfrentándose a los problemas que llegaban al igual que a las alegrías. Sus hijos, demás familiares y amigos han estado -y continúan en cierto modo- en vilo hasta el miércoles 1 de abril, día en el que la matriarca recibió el alta hospitalaria y pudo regresar a su casa en Poza de la Sal. Su marido lo hizo dos días antes. Y es que María Ángeles y Tomás, de 69 y 75 años respectivamente, han padecido COVID-19. Ambos se encuentran en una franja de edad en la que existe un cierto riesgo, con el agravante de que la mujer padece otras dolencias. Fue ella la que dio la voz de alarma cuando empezó a sentir una fuerte debilidad que la impidió levantarse de la cama.
En un principio, nadie, ni médicos ni familiares, achacaban su estado de salud al coronavirus. Una vez que el equipo médico se trasladó al domicilio del matrimonio, consideraron que debían hacerla una analítica. Cuando obtuvieron todos los resultados -que indicaban unos porcentajes muy bajos de sodio- fue cuando se la derivó al HUBU. Tras una resonancia comprobaron que había síntomas compatibles con el virus. El test dio positivo, al igual que el de su marido, que días después vivió una situación semejante. Uno de sus hijos le trasladó al hospital burgalés, donde ingresó de inmediato y permanecido cinco días. La mujer 12, ya que tenía neumonía bilateral. Sus familiares aseguran que lo más duro de la situación es la imposibilidad de pasar los duros momentos al lado de sus mayores además de la incomunicación existente. «Mi padre se olvidó el teléfono en casa y no pudimos hablar con él hasta que su compañero de habitación se lo prestó», asegura uno de sus hijos. «Nuestra madre sí que lo tenía pero hasta el cuarto o quinto día de entrar en el hospital no se lo dieron», añade.
Se trata de dos casos curiosos ya que el virus no se manifestó en ninguno de los dos cuerpos con los síntomas característicos como la fiebre, tos o disnea; únicamente con una sensación de cansancio extremo, hasta el punto de no poderse ni levantar de la cama.
Desde que regresaron a su hogar Tomás hacer vida normal, María Ángeles no. El sábado pasado tuvo una recaída y de nuevo la trasladaron al hospital, donde la hicieron una serie de pruebas y la llevaron de vuelta a casa.  Continúa sin poderse levantase, tiene mejor tono muscular pero el agotamiento persiste.
No han vuelto a realizarles el test por lo que no tienen constancia de si siguen o no contagiados. Un hijo denuncia que cuando su madre recibió el alta la entregaron un informe que decía que requería asistencia domiciliara. Ha contactado con la asistenta social y le han comunicado que mientras están en cuarentena no pueden ser atendidos, «no deja de ser una incongruencia. Mi madre solo se levanta de la cama para ir al baño», expone. Entiende que la situación ha sobrepasado los medios pero en su caso aseguran que ha sido un tanto caótica. Tomás recibió el alta a las 15 horas y llegó a su casa -en ambulancia- a las 23:30.
Desconocen de dónde pudo venir el contagio y ninguno de sus hijos y personas que han tenido contacto con ellos previamente a dar positivos han padecido síntomas pero ignoran si son portadores.
Tomás y María Ángeles viven confinados. Un capítulo más para añadir en su historia vital.