La crisis y un mayor control reducen las denuncias por ruidos

Samanta Rioseras / Burgos
-

Los datos muestran una bajada generalizada en todo tipo de ruidos, con excepción de los registrados en los locales de reunión nocturna conocidos como 'chamizos'

Los ruidos pueden causar trastornos para la salud. - Foto: Luis López Araico

Las intervenciones realizadas por la Policía Local en la ciudad en materia de ruidos han disminuido significativamente en lo que va de año. El descenso ha sido generalizado y se ha producido en todas sus modalidades con excepción de las actas levantadas sobre medición de ruidos en locales de reunión, los conocidos como chamizos, que han pasado de 2 a 8 en el periodo comprendido entre enero y septiembre de 2012 y 2013, respectivamente.
Aunque este incremento no es alarmante, sí es cierto que las denuncias realizadas en lo que va de 2013 han superado el total de las que se produjeron a lo largo de todo el pasado año, cuando solo se abrieron 5 expedientes.
Salvador de Foronda, concejal de Hacienda, no maneja una hipótesis firme con la que poder relacionar esta subida de los casos, pero considera que esta pequeña variación puede achacarse «al incremento de este tipo de locales» que han ido aflorando en la ciudad. Si se ahonda en la causa de este aumento, se puede señalar la crisis como el principal detonante que ha llevado a los jóvenes, que se niegan a rechazar al ocio a pesar de los problemas económicos, a reunirse en las plantas bajas de edificios como sustituto al alterne en las zonas de copas.
Motivo que quizás también sirva para explicar el descenso registrado en el número de quejas motivadas por los ruidos de establecimientos y, por ende, las actas normalizadas levantadas por la medición de ruidos en ellos.
Respecto a las quejas, el pasado año se tuvo constancia de un total de 97, de las que solo 16 precisaron de la iniciación de un acta normalizada.
Con el fin de comparar los datos de 2012 y 2013, se toma como referencia el periodo comprendido entre enero y septiembre, donde el descenso ha sido claro: 79 quejas a lo largo de este intervalo de tiempo en el pasado año y 61 en el presente ejercicio. Más significativa es la comparación de la apertura de actas entre estos dos periodos, que fueron 14 en el primer caso y tan solo 6 en lo que va de año.
Otro de los motivos que apunta Foronda para justificar este descenso es «el control de las zonas de copas», que ya explicó DB en su edición del pasado jueves cuando informó de las 100 inspecciones realizadas a lo largo de los dos últimos años con el fin de frenar las prácticas realizadas en Bernardillas, donde muchos bares, con la excusa de abrir a las 6 de la mañana como cafeterías, se convertían en verdaderas discotecas que algunos jóvenes usaban como after- hours, comenzando su actividad tras el cierre del resto de locales.
Otra de las medidas que han podido contribuir a este descenso estaría relacionada con la implantación de limitadores en diferentes bares de la ciudad -se tiene constancia de la instalación de unos 100 dispositivos, que envían las mediciones de ruido directamente hasta la Unidad para el Control del Ruido de la Concejalía de Sanidad y Medio Ambiente-, con lo que el control, además de efectivo, es inmediato.

Administradores de fincas

Desde Aficom, una de las gestoría de fincas de la ciudad, apuntan que también ha disminuido el número de quejas relacionadas con los bares de barrio, que, aunque «nunca han sido muy problemáticos por sus horarios», cada vez ocasionan menos molestias por «la falta de clientes», explican.
Todos los datos apuntan a un cambio en los hábitos de ocio de los burgaleses, que, a costa de los problemas económicos que cada vez obligan a más personas a prescindir de las salidas nocturnas, pueden haber mejorado la salud de los ciudadanos. Aunque parezca una banalidad, los ruidos pueden provocar graves trastornos para la salud: desde estrés e hipertensión hasta problemas cardiovasculares. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registra cada año en Europa cerca de 50.000 infartos.
A pesar de todos estos descensos, aún no nos hemos librado de los ruidos por completo, pues en Aficom indican que los conflictos más comunes se producen por «la organización de fiestas en las casas durante los fines de semana», aunque las denuncias realizadas entre vecinos también han experimentado un descenso, pasando de 379 en el periodo comprendido entre enero y septiembre de 2012 a 327 este año.
En estas cifras, proporcionadas por la Policía Local, se incluyen los ruidos provocados por obras, aparatos, animales, instrumentos y reuniones. Un abanico muy amplio en el que a pesar de no contar con datos cuantitativos desglosados por cada uno de esos temas, sí se aprecia de forma generalizada un cambio cualitativo pues descienden las quejas motivadas por los ruidos generados por las obras realizadas en los hogares y aumentan las relacionadas con las veladas ruidosas en los pisos.
En relación a este tema, el concejal de Hacienda considera lógico este cambio pues «es evidente que las reformas, con motivo de la crisis, cada vez son menores». Respecto a los guateques, desde Aficom aseguran que suelen producirse, normalmente, «en pisos de estudiantes y en pisos de extranjeros: sudamericanos en su mayoría que tienden más a reunirse en casas con la música muy alta».
Sin embargo, también precisan que estos problemas suelen resolverse con normalidad y que nunca se ha llegado a los juzgados. Además, un solo incidente no sería suficiente: «Todos realizamos reuniones de este tipo alguna vez», dicen, y aclaran que eso no suele conllevar a una sanción. Lo que sí motivaría una sanción sería la «repetición continuada de este tipo de actos».
En la misma línea, Foronda apunta que «no se sanciona tras recibir una sola queja. Debe ser algo reiterado», afirma, y explica que para poder ejecutar una multa, se deben superar los 35 decibelios (dB) durante el día o los 25 dB durante la noche.

los límites y las posibles sanciones

La superación de estos límites conlleva sanciones de diferente índole: leves, graves y muy graves que en 2012 dieron lugar a «381 expedientes sancionadores y restauradores de la legalidad», como apunta la concejala de Medio Ambiente, Carolina Blasco, y que a lo largo del presente año han descendido a 205 (133 sancionadores y 72 de restauración de la legalidad).
Las catalogadas como leves se imponen a quienes superen los ruidos permitidos hasta en 5 dB y pueden ser sancionadas con hasta 600 euros de multa, tal y como recoge la Ordenanza Municipal de Ruidos donde se cita «el incumplimiento de la limitación de horario de funcionamiento de una actividad, cuando éste se haya impuesto por resolución en un expediente administrativo», como una infracción leve.
Las graves son aquellas que incumplen la normativa en hasta 10 dB, castigadas con entre 601 y 12.000 euros. Con esta cantidad se podrá multar, por ejemplo, «la comisión de dos o más infracciones leves en el plazo de un año».
Las catalogadas como muy graves hacen referencia a las actividades que superen los 10 dB, que podrán ser sancionadas con multas que oscilan entre los 12.001 euros y los 300.000 euros. En este apartado se engloban «la manipulación de los controladores del sistema de transmisión de los datos almacenados», es decir, de los limitadores instalados en los bares.

Nunca se ha sancionado con la pena máxima

A pesar de las elevadas sanciones que contempla la ordenanza municipal, el concejal de Hacienda asegura que «nunca se han puesto las penas máximas. De hecho lo máximo han sido 12.000 euros a una persona que tocaba incesantemente el piano y que no cesó en su actividad a pesar de las reiteradas quejas de los vecinos».
Sin embargo, no se trata de la tónica general, puesto que a excepción del dato anecdótico, por no ser suficientemente significativo, que indica un aumento de denuncias en los chamizos, el resto de denuncias ha disminuido dejando detrás de los números una ciudad más silenciosa. Parece que si algo bueno ha traído la crisis eso ha sido la paz, por lo menos a lo que salud auditiva se refiere.