Urgencias rompe la barrera

G.G.U.
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María Cubillo (izda), Pilar Bailo y Francisco Callado afirman que la formación y el trabajo en equipo han sido clave para que Urgencias rompa barreras. - Foto: Valdivielso

Este servicio del HUBU fue pionero en protocolizar la asistencia a personas con TEA para adaptar el trato a las particularidades del trastorno y garantizar que recibieran una atención eficaz e igualitaria

En las Urgencias del HUBU los pacientes con Trastorno del Espectro Autista ( TEA) no esperan, no se cruzan con nadie en el pasillo hacia la consulta y apenas oyen nada más que la voz de la persona que les está atendiendo; profesionales que se quitan la bata para atenderlos, que no buscan contacto visual y que nunca los tocan sin haber explicado con anterioridad y de forma comprensible qué van a hacer. Estos son algunos de los muchos detalles que han hecho de este servicio un modelo a seguir para probar que es posible romper las barreras -lema europeo para este 2 de abril- que impiden que las personas con autismo disfruten de derechos fundamentales. «En realidad, no estamos haciendo nada que no venga establecido así en la legislación, pero es cierto que aquí, en las Urgencias del HUBU, la barrera se ha roto», explica la facultativa María Cubillo. Ella y la enfermera Lourdes Martín (hoy en Atención Primaria) fueron las impulsoras del cambio de prácticas en el servicio, cuando todavía funcionaba el hospital General Yagüe. Un guante que recogieron de la Federación de Autismo de Castilla y León, después de que recibieran tantas quejas de familias por el trato recibido como para plantearse la necesidad de buscar aliados para promover un protocolo de atención en este servicio, dado que lo utilizan con frecuencia. En el HUBU estiman que ven a dos personas con TEA al mes. Hay que tener en cuenta que estos pacientes son hipersensibles al contacto físico y a determinados estímulos sensoriales como olores o ruidos; tienen poca o nula tolerancia a la espera; les producen ansiedad los cambios de contexto o de personas de referencia; y, en general, tienen dificultades con la comunicación verbal y no verbal. De ahí que sea fácil comprender por qué una visita a un espacio lleno de gente que va y viene, camillas en movimiento, luces fluorescentes, megafonía y mezclas de voces y personas pueda ser muy estresante. «A muchos les provocaba pánico venir a Urgencias y si la primera experiencia es mala, las visitas sucesivas van a ser mucho más complicadas», explica Pilar Bailo, otra de las enfermeras implicadas en este proyecto, que ha pasado por diversas fases -y premios- hasta consolidarse. Ahora, en cuanto el paciente llega y sus familiares informan en Ad misión del autismo, se activa el protocolo y se informa a todo el personal: desde seguridad y celadores hasta el responsable del ser vicio. Así, está establecido que todos los casos de TEA se consideren prioridad dos; es decir, sin esperas de más de diez minutos. Primero, por su baja tolerancia a las demoras y segundo, porque son personas con un umbral de dolor tan alto que cuando reciben asistencia pueden tener complicaciones serias. Así, se les conduce por un pasillo interno y casi siempre vacío a la consulta habilitada para ellos: una sala en la que las estanterías con material se camuflan para evitar la sobreestimulación y en la que hay una pizarra con los pictogramas que van a necesitar para hablar de síntomas y especialistas. «Ellos son pensadores visuales natos, así que los utilizamos para todo», explica Cubillo. Esta consulta no solo está aislada del follón característico de las Urgencias, sino que es la más próxima a Radiología; un equipo con el que hay comunicación fluida para dar continuidad al proyecto. «De nada sirve que nosotros tengamos un protocolo para evitar demoras y sobreestimulación si el especialista va a tardar dos horas en ver al paciente», comenta Cubillo, destacando que el objetivo es seguir extendiendo su protocolo a los servicios más frecuentados por los pacientes con autismo: Radiología, Neumología, Cirugía Plástica y General, Traumatología o Psiquiatría. «El objetivo es muy ambicioso, pero estamos empeñados», destacan Cubillo y Bailo, ejerciendo como portavoces de las otros dos sanitarios que forman parte del equipo de autismo en Urgencias: el facultativo Ricardo Hernández y la enfermera Marta Fernández. Para ello, cuentan con el apoyo convencido del jefe de ser vicio, Francisco Callado, y con la colaboración de todo el personal. «Hay mucha sensibilidad», rematan.

*Este artículo fue publicado en Diario de Burgos el 3 de abril de 2018. En mayo de 2019 se celebrará un congreso con motivo del 35 aniversario de Autismo Burgos en el que se abordarán modelos eficaces en atención sanitaria y cómo hacer los espacios sanitarios amigables para personas con autismo. Las Urgencias del HUBU serán uno de ellos.