Un Ejecutivo en el aire

Pilar Cernuda
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La sesión de investidura que se inicia mañana parte con una gran incertidumbre por la falta de sintonía de Sánchez con la izquierda de Podemos y el rechazo desde la derecha de Cs y PP

Un Ejecutivo en el aire - Foto: Juan Carlos Hidalgo

Mañana a las 12 de la mañana, se inicia en el Congreso de los Diputados la sesión de investidura con Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia del Gobierno. Presentará su programa y, por la tarde y durante la mañana del martes, intervendrán los portavoces de todos los grupos parlamentarios, a los que responderá uno a uno o en bloque, como considere el candidato. Al finalizar, se procederá a la votación. 
Exactamente 48 horas más tarde, como marca la Constitución -la tarde del jueves o la mañana del viernes-, se producirá una segunda votación si en la primera no alcanzó Sánchez la necesaria mayoría absoluta. En esta segunda convocatoria, el candidato se convertirá en presidente si se dan más votos a favor que en contra. Ese es el objetivo de Sánchez, que sabe desde que conoció los resultados de las elecciones de abril, que era impensable la mayoría absoluta.
Hace tres meses que el socialista y sus principales colaboradores intentan desesperadamente conseguir los apoyos, y cuando faltan apenas cinco días para el día D, nadie en este país, ni siquiera el candidato, sabe qué puede ocurrir. 
Si Rajoy pasará a la Historia por ser el primer presidente que renunció al ofrecimiento del Rey a ser candidato a la Presidencia, Sánchez pasará por ser el primer presidente con el que algunos de sus adversarios se niegan a hablar, como ha ocurrido con Albert Rivera, que a la última llamada respondió que estaba harto de hablar con el candidato sin que hubiera ninguna posibilidad de llegar a acuerdos y, por tanto, no quiso acudir a una nueva y supuestamente definitiva cita. Y eso que, desde la misma noche electoral el líder del PSOE había acariciado la idea de un pacto de gobierno con Ciudadanos, no solo porque sumarían mayoría absoluta sino porque no tenía ninguna confianza en un pacto con Pablo Iglesias. Ninguna. Por la experiencia anterior en la que Iglesias exigió lo que sabía que Sánchez no podía aceptar, la vicepresidencia y los cinco cargos más importantes de un Gobierno de coalición y, segundo, porque el nivel de confianza entre Sánchez e Iglesias es nulo. En las dos direcciones, ni se fían uno del otro ni sienten la menor simpatía uno por el otro, a pesar de que públicamente sonríen y defienden la bondad de un ejecutivo de izquierdas. 
Tampoco existe sintonía entre el socialista y Rivera, también en las dos direcciones y también con falta de simpatía del uno por el otro. Pero Sánchez confiaba en su capacidad de seducción y también en que creía que para Ciudadanos un pacto con el PSOE cortaría de cuajo el malestar profundo que existe en Cs por formar parte de lo que los socialistas y otras fuerzas de izquierdas llaman despectivamente el trifachito, el acuerdo entre PP, Ciudadanos y Vox. Acuerdo que ha provocado una profunda crisis interna en el partido naranja, con la baja de algunos de los nombres más prestigiosos de su formación, y que ha recibido la peor noticia esta semana cuando se ha sabido que el hombre al que Rivera presentaba como el principal referente ético e ideológico del partido, Francesc de Carreras, anunciaba su baja en la formación. Con un ingrediente añadido muy grave para el líder liberal: que la baja se hizo efectiva en abril a través de una carta enviada por Francesc de Carreras a la ejecutiva y que Rivera no trasladó ni informó a la dirección de su partido hasta ahora. 
El catalán no atraviesa su mejor momento, con un sector importante de los miembros de la dirección abogando por la abstención que permita gobernar a Sánchez e impedir así un Gobierno con Podemos dentro. Por la no abstención, pero también por la incoherencia de negociar cargos para Ciudadanos en Gobiernos regionales y municipales con el PP, y con los votos de Vox. 
También un sector de los populares defiende que el partido saldría de su precaria situación actual -el PSOE le dobla en escaños- , con la pérdida abrumadora de votos por políticas equivocadas de Casado, si en un gesto de estadista, Casado ofreciera a Sánchez la abstención a cambio, entre otras cuestiones, de que el futuro Ejecutivo se comprometiera a no gobernar en Navarra con el apoyo de Bildu, se comprometiera a no subir los impuestos, y también a no indultar a los independentistas  en el caso de que fueran condenados por el Supremo. 
El conservador sigue empeñado en el voto negativo, pero personas de su entorno afirman que la puerta no está cerrada definitivamente y que en septiembre podrían cambiar las tornas. El problema es que Sánchez ha anunciado que si no sale elegido presidente esta semana, no volverá a presentar nuevamente su candidatura, lo que provocaría una convocatoria de elecciones en otoño. Posibilidades todas ellas que se están barajando en el Ejecutivo en funciones. Es la causa de que, cuando está a punto de comenzar la sesión de investidura, Sánchez no sepa a qué atenerse respecto a su elección. Este fin de semana pretende hablar nuevamente con Casado y Rivera sin ninguna garantía de conseguir que cambien su posición actual.
En ningún partido, ni siquiera en el PSOE, se vive con más convulsión los días previos a la sesión de investidura que en Podemos. Sánchez está cargado de razón cuando explica que no puede aceptar a Iglesias en su Gobierno, porque «no defiende la democracia», refiriéndose a la posición que mantiene respecto a Cataluña.
Las palabras del candidato han sentado como un tiro entre los morados, pero cualquiera que siga el día a día de la política, no deja de sorprenderse de que ahora, y solo ahora, Sánchez haya «descubierto» a Iglesias. Es un político que defiende un referéndum en Cataluña, está a favor del indulto a los «presos políticos», no tiene clara la separación entre los poderes del Estado, no acepta la Monarquía, hace una interpretación imposible y demagógica de las cuentas del Estado y defiende los regímenes dictatoriales de Venezuela, Cuba e Irán. 
Sánchez ha dejado la puerta abierta a que entre en el Gobierno alguien de Podemos siempre que no sea su secretario general, lo que demuestra una vez más la ingenuidad e incoherencia del candidato. ¿Piensa que Irene Montero, o Mayoral, podrían formar parte de su Gobierno sin obedecer las consignas del dirigente de su partido?
Se comprende que con estos políticos que nos han tocado en suerte, elegidos democráticamente, eso sí, sea tan difícil hacer pronósticos, porque carecen de sentido de Estado y de conocimiento de la estrategia y táctica con la que se mueven los grandes personajes de la política.