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30 años del inicio de una larga desintegración

Agencias
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La secesión de Eslovenia y Croacia dio el pistoletazo de salida para la violenta descomposición de Yugoslavia, que alcanzó su final definitivo después de una dura guerra que se inició apenas un año después

30 años del inicio de una larga desintegración

Hace 30 años, en junio de 1991, comenzó la desintegración de Yugoslavia, que se prolongó durante más de dos décadas, hasta 2008 y cuyas desavenencias continúan a día de hoy. Todo empezó con la secesión de Eslovenia y Croacia, a las que siguió Macedonia y Bosnia-Herzegovina -con la Guerra de los Balcanes de por medio-, para, más tarde, llegar la descomposición de la unión de Serbia y Montenegro.  Por último llegó la declaración de independencia de la provincia serbia de Kosovo, cuya soberanía Belgrado rechaza hasta la actualidad.

Estas son algunas claves que explican y recapitulan la sangrienta descomposición del país.

¿Qué allanó el camino?

La crisis política y económica de Yugoslavia, sobre todo tras la muerte de su histórico líder, Josip Broz Tito, convirtió al país más próspero del bloque socialista en una frágil federación de pueblos cada vez más distanciados.

En 1989, el mandatario serbio Slobodan Milosevic abolió la autonomía de Kosovo e impuso un régimen policial. Ese mismo año, con motivo de los 600 años de una mítica batalla de los serbios contra el Imperio otomano en territorio kosovar, pronunció un incendiario discurso nacionalista, sentando las bases para el futuro enfrentamiento armado entre los pueblos yugoslavos.

La independencia, ¿el único camino?

La retórica nacionalista de Milosevic suscitó inseguridad entre los demás pueblos de la federación yugoslava. Después de anular la igualdad de derechos de las repúblicas e imponer el voto mayoritario, que beneficiaba a los serbios como la etnia mayoritaria, Eslovenia y Croacia salieron en protesta de la liga federal de comunistas yugoslavos y convocaron sus primeras elecciones libres. La inseguridad crecía por el nacionalismo serbio incitado por su máximo dirigente, especialmente después de anular las autonomías de las provincias de Kosovo y de Voivodina, e instigar un cambio del poder en Montenegro, lo que cambió la correlación de fuerzas existente en Yugoslavia durante décadas.

Como Belgrado rechazaba cualquier propuesta para reformar la confederación, Eslovenia y Croacia solo pudieron elegir entre una federación cada vez más centralizada y autoritaria, o declarar la independencia, un derecho que le concedía la Constitución yugoslava.

Conflictos muy diferentes

A diferencia de lo que sucedía en el resto del país balcánico, en Eslovenia apenas había minoría serbia. La guerra de 10 días (27 de junio y 7 de julio de 1991) eran sobre todo incidentes en torno a las bases del Ejército popular yugoslavo (JNA). El conflicto terminó en cuanto se acordó una retirada organizada del Ejército.

En cambio, en Croacia la minoría serbia equivalía a más del 12 por ciento de la población. Milosevic supo incitar el descontento de sus compatriotas en ese territorio, alimentando así más aun el nacionalismo croata.

Rebeldes serbios llegaron a controlar casi un tercio del territorio croata en la llamada República Serbia de Krajina. Cuando el 25 de junio de 1991 Croacia declaró su independencia, Krajina proclamó que se «quedaba» junto a Serbia. Siguieron campañas de «limpieza étnica» con decenas de miles de desplazados. La inestabilidad continuó incluso con la presencia de cascos azules de la ONU. Finalmente, en 1995 el Ejército croata reconquistó el territorio controlado por los rebeldes y muchos serbios de la zona huyeron a Bosnia-Herzegovina y Serbia.

Bosnia, la más sangrienta

En abril de 1992 empezó la guerra que enfrentó durante tres años a  musulmanes, serbios y croatas, cobrándose la vida de casi 100.000 personas y causando cientos de miles de refugiados y desplazados. Se cometieron numerosos crímenes de guerra, por los que la ONU creó en La Haya un Tribunal para la antigua Yugoslavia. El crimen más grave fue la matanza de unos 8.000 musulmanes de Srebrenica en 1995, calificada como «genocidio» por la Justicia internacional, cometida por las tropas serbobosnias.

El Acuerdo de Paz de Dayton (EEUU) de 1995 puso fin a la guerra y estableció Bosnia-Herzegovina como un Estado de complicada estructura interna, con dos entes autónomos, y frágiles instituciones centrales. Las discrepancias entre los políticos de los tres pueblos continúan siendo profundas hasta la actualidad, siendo la aspiración a ingresar en la Unión Europea uno de los pocos puntos comunes.

Ruptura de Serbia y Montenegro

En 1997 Montenegro empezó a distanciarse de Milosevic y trazó su camino hacia la independencia. Un último intento en 2003, con ayuda de la UE, de preservar el país, reduciendo las competencias comunes, no dio sus frutos y Yugoslavia finalmente dejó de existir. Le siguió la unión de Serbia y Montenegro, que duró solo tres años.

En 2006, un 55,5 por ciento de los montenegrinos votaron a favor de la independencia. El pequeño país es miembro de la OTAN desde 2017 y el más avanzado en su camino hacia la entrada en la UE.

 

Un capítulo abierto

Después de que Milosevic eliminase su autonomía, los albanokosovares proclamaron una soberanía clandestina en 1991. Esta resistencia pacífica duró un lustro, hasta la irrupción de la guerrilla del UCK en 1998. El enfrentamiento armado entre el UCK y las fuerzas serbias terminó en 1999 tras 78 días de bombardeos de la OTAN que obligaron a Milosevic a retirar sus fuerzas de Kosovo, que pasó a ser un protectorado internacional.

En 2008, ese territorio declaró la independencia unilateral tras años de negociaciones infructuosas con Serbia. Desde 2011 las partes negocian sobre una normalización de sus relaciones, con escasos avances hasta ahora.