El eterno enigma del Cantar Mio Cid

R. Pérez Barredo
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El eterno enigma del Cantar Mio Cid - Foto: JUAN LAZARO

Mientras estos días puede verse en la Biblioteca Nacional el original, la pregunta sigue en el aire: ¿quién lo escribió?

En el fondo es lo de menos, porque lo importante es la obra, la primera gran cima de la literatura española. Una cumbre universal.Ahí es nada. Pero quizás el hecho de que aún no se sepa a ciencia cierta quién lo escribió forme parte del encanto y de la magia. Pero el gran interrogante sigue abierto. Ahora que la Biblioteca Nacional expone por primera vez el valioso códice la pregunta es obligada: ¿Quién escribió el Cantar de MioCid? Las sesudas investigaciones sobre la cuestión arrojan tres teorías diferentes. Ramón Menéndez Pidal, uno de los principales estudiosos del poema épico, siempre sostuvo que hubo dos autores, uno relacionado con San Esteban de Gormaz y otro con Medinaceli. Juglares que se habrían dejado uno el sello más histórico y el otro el barniz más novelesco. 
Las otras dos teorías sobre la autoría del Cantar se han sugerido más recientemente. Una de ellas la defendió hasta el final de sus días el historiador burgalés Timoteo Riaño, cuyo argumentario se publicó de forma póstuma. En esa obra postrera, el estudioso de Villadiego aseguraba que el autor del texto épico fue Per Abat, clérigo de Gumiel de Izán. Que fue este burgalés, y no otra persona, quien puso por escrito las proezas de Rodrigo Díaz de Vivar, y que lo hizo en el año 1207. En su extenso y profuso análisis, Riaño descarta cuestiones sugeridas por otros estudiosos del poema medieval como que fue un aragonés quien lo escribió (tesis del medievalista Ubieto Arteta) por cuanto en el poema se emplean aragonesismos. Riaño pudo confirmar que muchos de esos términos  también se utilizaban en Castilla y con el mismo significado.
 Si el conocimiento geográfico es considerado fundamental para tratar de ubicar al autor de tan magna obra, Riaño concluía que éste no podía ser de otro lugar que «de la Extremadura Oriental Castellana» porque conocer bien esa región, precisa y minuciosa en toponimia y escenarios como el de Corpes, especialmente los cercanos a Fresno de Caracena, en Soria. Asimismo, aseguraba que nuestro hombre tenía que ser por fuerza eclesiástico y no laico. «Un clérigo culto por los especiales conocimientos de todo tipo: teológicos, jurídicos, políticos, bíblicos, literarios». Riaño siempre admitió que aunque hubo muchos Abat en la Castilla de la época, sólo uno reunía las características de haber vivido a finales del siglo XII y comienzo del XIII; sólo un clérigo culto había vivido en la zona de San Esteban de Gormaz a juzgar por el minucioso conocimiento que de esta comarca tenía según se desprende del texto: el clérigo de Fresno de Caracena y canónigo de Osma, cuyo nombre aparece en un documento del año 1220 de esta diócesis pero también en un documento de 1219 de la localidad de Gumiel de Izán, en donde se dice que tenía una casa. Casa familiar, heredada de sus progenitores, hecho revelador de su origen gomellano. «Allí nació Per Abat», concluía el historiador burgalés. 
Sentencia Riaño que siendo cura de Fresno y canónigo de Osma, este Per Abat de Gumiel de Izán a fuerza conocía bien la región; que por la educación recibida para llegar a tal cargo se entienden sus conocimientos teológicos, litúrgicos y monásticos así como el acendrado espíritu religioso que empapa el Cantar; que por ser oriundo de Gumiel de Izán se comprende asimismo su conocimiento de Burgos y de San Pedro de Cardeña; que ser canónigo de Osma, regentada por varios obispos franceses, se explica la «manifiesta influencia francesa» del Cantar. En fin: que ese gomellano fue el hombre que en el año 1207 escribió de su puño y letra el poema medieval más importante de la literatura castellana. (Más información en edición impresa)