La batalla de dos mujeres de armas tomar

Samanta Rioseras / Aranda
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El escritor Juan Manuel de Prada ofreció una ponencia sobre la lucha de poder entre Santa Teresa de Jesús y la princesa de Éboli

Juan Manuel de Prada (derecha) acercó su estudio a los presentes en la Casa de Cultura. - Foto: S.R.

En un mundo de hombres, y aún supeditadas a ellos, dos mujeres protagonizaron un intenso conflicto de poder en el siglo XVI. Eran Ana de Mendoza de la Cerda, más conocida como la princesa de Éboli y Teresa de Cepeda y Ahumada, que ha pasado a la historia como Santa Teresa de Jesús. «Las dos mujeres más importantes de la época», destacó el escritor y columnista del periódico ABC, Juan Manuel de Prada, minutos antes de ofrecer una charla sobre ambas en la Casas de Cultura. Un ponencia enmarcada en los actos organizados con motivo del V centenario del nacimiento de la santa por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.
«Mantuvieron una relación muy intensa y conflictiva que, sin duda, sirve para entender los conflictos religiosos y de poder del momento», apuntó. «La fe era un método utilizado por las familias nobles más importantes de España para medir su fortaleza», explicó, aludiendo a la costumbre de patrocinar conventos y crear nuevas corrientes espirituales.
El choque de estos «dos trenes de alta velocidad» se produjo tras el deseo de la princesa de tener un convento de Carmelitas en Pastrana. Un municipio ubicado al sur de la provincia de Guadalajara donde la noble se asentó con su marido, Ruy Gómez de Silva, al ser este duque de dicha localidad. «Ahí surgen fricciones tremendas entre las dos mujeres. Ambas con un carácter muy fuerte y el deseo de imponer su voluntad».
De Prada definió como «esperpéntica» esta batalla que, al comienzo, perdió Santa Teresa de Jesús. «Termina abandonando el convento, junto al resto de monjas, cuando la princesa trae a otra beata: Doña Catalina de Cardona». Un episodio «especialmente delirante», que se produce después de que la noble se quedase viuda y decidiese ingresar en el convento. No sin antes pedir al rey Felipe II que tutelase a sus seis hijos.

ANSIA DE PODER

La charla ‘Santa Teresa y la princesa de Éboli: dos poderes enfrentados’ que ofreció ayer forma parte de la investigación de este escritor. Un estudio que comenzó por la peculiaridad de ambas mujeres. «Son absolutamente únicas. Rompen por completo con los impedimentos y las trabas con las que las mujeres se tenían que desenvolver en la época», argumentó. También le atrajo la forma en la que «ansiaban» el poder, que trataron de alcanzar «poniendo toda la carne en el asado». Mientras la princesa perseguía el «temporal», la religiosa lo empleaba para acercarse a Dios. Un pretexto que también utilizó «para hacer siempre lo que dio la gana porque consideraba que era voluntad divina».
Su relación no es muy conocida, pero De Prada rehuyó la presencia femenina en el relato como uno de los motivos. «Fue una lucha en un mundo de hombres, pero ambas dejaron vestigios de lo sucedido. Santa Teresa en sus fundaciones y la princesa por testimonios indirectos al dejar a sus hijos al cargo del rey cuando entró en el convento».
La guerra, al parecer, la ganó Santa Teresa, quien después de abandonar el convento logró que unos frailes napolitanos, a los que Gómez de Silva había donado una ermita, se sumasen a las Carmelitas. También resulta curioso el lugar de su muerte: Alba de Tormes, donde fue a atender a la familia de la Duquesa de Alba, «enemigos acérrimos de los Mendoza».