scorecardresearch

A Sánchez le estalla la calle

Carlos Dávila
-

Tras los trabajadores del metal de Cádiz, vendrán las protestas de agricultores, transportistas, sanitarios y consumidores

Los empleados de la bahía de Cádiz salieron durante nueve días a las calles por sus condiciones laborales. / r. ríos (efe) - Foto: Román Rí­os

Este sábado, mientras Sánchez estará un rato en Burgos para consagrar a Luis Tudanca como su franquicia en Castilla y León, una insólita manifestación de agentes del Orden se agitará en Madrid. Es una protesta histórica, sin precedentes; nunca, que se recuerde, los obedientes, por disciplina, policías y guardias civiles, se han echado a la calle contra el Gobierno que les manda; nunca. Ha habido, es cierto, en el pasado, algunas escaramuzas eventuales a cuenta de la discriminación salarial que estos profesionales sufren respectos a los ertzainas vascos y los mossos catalanes, pero se han quedado en  nada; no han logrado la equiparación porque Marlaska y el Ejecutivo social-leninista dice creer que los agentes no representan muy mayoritariamente a un sector de la población opuesta a la gobernación de socialistas y comunistas. Por eso, Marlaska les maltrata. Fíjense, hace unos días y cuando el aún ministro tuvo la constancia de que la concentración en Madrid iba absolutamente en serio, llamó a los jefes de los sindicatos convocantes, todos sin excepción, y no les ofreció la menor solución a la demanda de abolir la reforma de la Ley de Seguridad que va a suponer, entre otras lindezas aberrantes, el desarme, de los Cuerpos del Orden. Es más: en un tono circunspecto como de pasar lo más rápidamente el mal trago, Marlaska transmitió a sus visitantes que esta modificación formaba parte del pacto de Gobierno entre socialistas y  comunistas y que él iba a respetarlo de la cruz a la raya.

Los delegados sindicales salieron del Ministerio diciendo: «Con este hombre no hay nada que hacer» y se apresuraron a organizar la protesta masiva, la que, según se espera, mañana va a paralizar la capital de España desde su kilómetro 0, la Puerta del Sol, hasta la vera misma del despacho del ministro. ¿Estará este en su despacho siguiendo, como sería su deber, los acontecimientos? Malévolamente, algún dirigente policial sugiere que «si está en Castellana, 5, solo será porque allí, en sede departamental, tiene instalado su gimnasio particular para mantenerse en la depauperada forma en que se halla». Sea o no sea así, la manifestación está arropada por los partidos de la oposición y sus líderes, Ayuso entre ellos, y clama contra dos de las medidas que el bodrio del dúo Sánchez-Marlaska, acuciado por los leninistas de Yolanda Díaz, ha perpetrado para despojar a la Policía y la Guardia civil de instrumentos de defensa contra actividades incluso subversivas, y, encima, para legalizar lo que hasta ahora es un delito: fotografiar en estos altercados a los agentes y, encima, facilitar que las imágenes puedan ser difundidas.

No se engañen: esta reforma es solo un paso decisivo para lograr el objetivo que el Gobierno se ha marcado: sustituir a esta Policía, que el Gobierno califica directamente de insumisa, y a la Guardia Civil a la que tilda de conservadora, por un nuevo Cuerpo, al estilo de los azules de Asalto de la II República, formado sustancialmente por tipos a las órdenes políticas de la ultraizquierda; en resumidas cuentas, comisarios dispuestos a aplicar con la mayor de las violencias las consignas del No pasarán. La manifestación de mañana se ha prologado con ensayos generales con todo frente a las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno en todas las provincias. Cuenta de antemano, aparte del antedicho apoyo de la oposición, con la receptividad que la convocatoria tiene entre una inmensa parte de la población. A Sánchez le ha estallado por fin la calle, hasta hace muy poco tiempo hibernada y sometida, y tras los trabajadores del metal de Cádiz y los profesionales de la Seguridad Social, vendrán las protestas organizadas de agricultores, ganaderos, transportistas, sanitarios, consumidores y toda suerte de sectores poblacionales que constatan cómo la desidia del Gobierno, la autocracia de su presidente y el agravio sostenido contra todos aquellos que se atreven a rechistar, está dejando a España en un erial en el que ni siquiera se puede combatir el frío de las nevadas.

Hartazgo de la sociedad

Sánchez y su Gabinete de inanes incapaces se enreda en sucesivas campañas de propaganda, pagadas por nosotros, los contribuyentes, que odas, en muy poco tiempo resultan fallidas. ¿O es que nadie se acuerda de aquel falaz Salimos más fuertes que se empleó para continuar descerebrando las conciencias de una sociedad asustada por el tronío del maldito virus? Los asistentes al nuevo mitin que Sánchez tiene anunciado mañana para alentar los decaídos ánimos de sus congéneres regionales, no escucharán ni una sola receta de su amado líder para solventar la enorme crisis que ya soportamos en nuestras doloridas chepas. Ya solo faltaba que la COVID se pusiera, como se ha puesto, bravío para colocarnos a todos en la posición de confinamiento que tanto agrada al jefe del Gobierno y a su cuadrilla de torpes administradores. El invierno gélido que prevén los meteorólogos, no va congelar una plétora de hartura  en nuestras calles, hartas de tanta mentira, de tanta incuria, incluso del desdén de Moncloa que transmite: «Nos ocupa, pero no nos preocupa». Es un signo más de la dolosa altanería, de la fatuidad de unos individuos que se piensan árbitros y hasta muñidores de la nueva sociedad. Pero el hartazgo ya es un inequívoco signo distintivo de la desesperanza de un país que no encuentra en sus gobernantes (tampoco del todo en la oposición ¡ojo!) una dirección que le respalda y le ayude a sobrevolar la crisis. De aquí, la manifestación de este fin de semana, que no es más que la apertura de un nuevo comportamiento social que puede devolver a Sánchez y su conglomerado de etarras, independentistas, nacionalistas aprovechados y demás ralea a sus casas de origen. España está, tras este trienio negro y obsceno que está sufriendo, a la cola de toda la civilización occidental. Así, como suena. Por eso, cualquier constancia de protesta como la que va a estallar dentro de unas horas resulta ya imprescindible. Que Sánchez mientras tanto se dedique en Burgos a pasar la mano por el lomo a un correligionario, Tudanca que, a estas fechas sabe que su intento de derrotar a Mañueco solo le conduce no a la melancolía sino directamente a la dimisión.