Ora et labora entre pucheros

I.P. / Lerma
-

La comunidad de las Carmelitas Descalzas de Lerma, único convento de la Orden en la provincia, conmemora de forma sencilla e íntima el V Centenario del nacimiento de su fundadora, Santa Teresa de Jesús

Las reliquias de la Santa en el acto que se celebró en 2003 en la iglesia del convento.

El V Centenario del nacimiento de Santa Teresa está llenando de actos no solo la provincia de Ávila, donde nació, sino también aquellas otras vinculadas, fundamentalmente, con los conventos que fue fundando una vez que en 1562 creó las Carmelitas Descalzas, rama de la Orden del Monte Carmelo. Burgos forma parte de esa ruta monacal de la santa, ya que en la capital levantó el decimoséptimo monasterio y escribió sus últimas Fundaciones; fue tras partir de la capital y dejar atrás Palencia, Valladolid, Medina y Peñaranda cuando llegó a Alba de Tormes, donde su estado empeoró y murió.
      Al margen de la capital, en la provincia solo hay un convento de la Orden de las Carmelitas Descalzas, en Lerma, situado frente del Arco de la Cárcel. Allí, una decena de religiosas, ya más bien de avanzada edad, viven su vocación de clausura sin demasiados entretenimientos ‘externos’. Ellas se dedican a la oración, fundamentalmente. Ora et labora, como reza  la máxima de la vida monástica benedictina, pero que bien podrían asumir las Carmelitas de Lerma, como hizo Santa Teresa. Su vida mira al interior, tanto de su propia alma como de los muros de su convento, y dicen sin tapujos que «ellas no están para salir en los medios». Cada cual que lo interprete como quiera.
       Este año, no tiene programado ningún acto especial ni abierto a la sociedad lermeña con motivo de la conmemoración del nacimiento de la Santa de Ávila que, por otra parte, no fundó el monasterio lermeño, ya que lo hizo directamente el Duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas, en 1608, con religiosas que provenían de varios conventos de Carmelitas Descalzas del país. Su mayor y mejor contribución al VCentenario será, pues, seguir los mandatos  de Santa Teresa de Jesús, sin más.
        En épocas pasadas, la comunidad carmelita de Lema sí celebró  otros centenarios con alborozo y actos diversos, como ellas mismas recogen en la publicación que vio la luz hace 7 años. Así, dicen que «siempre amante de su madre fundadora», en 1882 conmemoraron el III Centenario de su muerte, con celebraciones a las que se unió el pueblo y que fueron muy concurridas. «De puertas adentro había otras que solo Dios presenciaba», y recuerdan que como obsequio a la Santa Madre,  mandaron hacer un collar de plata de filigranas, con 21 corazones, cruz y escudo de la Orden. El capellán lo bendijo y ellas se lo colocaron a la imagen el 15 de octubre; las monjas fueron pasando una a una haciendo un ofrecimiento.
       Ya en el XX, en el año 1962,  se abrió en la Orden el año conmemorativo del IVCentenario de la fundación del primer monasterio de la Reforma Teresiana: San José de Ávila. Con tal motivo el brazo incorrupto de Santa Teresa viajó por toda España.
La visita a Lerma estaba programada para el 14 de mayo de 1963 y el pueblo lo recibió con entusiasmo y fervor. Hacia las 8,30 horas de la noche llegó el santo brazo y fue recibido en la Plaza de los Mesones, donde el señor alcalde dirigió a la Santa Madre unas palabras de bienvenida. Allí estaban las imágenes de la Piedad y San Isidro, cuya fiesta se celebraba al día siguiente. Con las tres se formó una procesión que entró en la iglesia del convento. El santo brazo pasó la noche en la clausura y cada monja pudo pasar un rato a solas con él. El día 15 por la mañana vinieron a buscarlo para las otras celebraciones que había en la villa  y después regresó al convento.
En 1970, con motivo de ser proclamada Santa Madre Doctora de la Iglesia, el Carmelo lo celebró con gran gozo, recogen las madre de Lerma en su publicación. Ellas mismas organizaron un tríduo con misa solemne presidida por los Padres Carmelitas Descalzos de Burgos, y la comunidad pidió al Ayuntamiento de la villa que pusiera el nombre de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, a la calle que está al lado del convenio, a lo que accedió gustoso. El padre de una hermana, Temistocles San Martín, labró en mármol dos placas para colocarlas al principio y final de la calle, e hizo tres imágenes para la huerta del convento. Desde entonces, dicen en el libro, no ha habido acontecimientos dignos de mención hasta 2003, año que vinieron al monasterio las reliquias de Santa Teresa; vecinos de Lerma y la comarca veneraron a la santa.
La publicación con la historia de las Carmelitas de Lerma vio la luz en 2008, con motivo del IVCentenario de la Fundación en Lerma. Es un libro sencillo, pero interesante para descubrir los principales acontecimientos que han rodeado la vida del monasterio, de los que da fe su Archivo.