Las Edades del Hombre abren la puerta a Santa Teresa

SPC / Ávila-Salamanca
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La Reina Sofía inaugura hoy 'Teresa, maestra de oración', una nueva muestra que reúne más de 200 trabajos de Goya, El Greco, Gregorio Fernández y Zurbarán en las sedes de Ávila y Alba de Tormes

Dos imágenes de Santa Teresa expuestas en la basílica que acoge la muestra en la localidad charra de Alba de Tormes. - Foto: David Arranz (Ical)

Todo está preparado en las tres sedes de Ávila y una de Alba de Tormes (Salamanca) para que la Reina Sofía inaugure hoy una nueva edición de Las Edades del Hombre, en esta ocasión con Santa Teresa de Jesús como nexo de unión. Más de 200 trabajos de Goya, El Greco, Gregorio Fernández y Zurbarán, entre otros, guían la nueva muestra. Los cuatro templos abrieron sus puertas ayer para mostrar el excepcional recorrido que desde mañana podrán admirar miles de personas que se acerquen a conocer más de cerca a la mística universal.

Más de la mitad de las 206 piezas que se exhiben «proceden de conventos carmelitas», de ahí que muchas de ellas no se hayan visto jamás fuera de la clausura, lo que ha obligado a restaurar casi 70 obras durante el último año y medio, según destacó el padre Juan Dobado, uno de los dos comisarios de la muestra, que ejerció de guía en esta primera visita, junto al secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre, Gonzalo Jiménez.

Origen del carmelo. Solo en las tres sedes de Ávila, la exposición ofrece «una selección impresionante de piezas», entre las que sobresalen por su calidad artística las de Zurbarán, Goya, El Greco, Gregorio Fernández, Francisco Salzillo, Pedro de Mena y Martínez Montañés, entre otros maestros de la pintura y de la escultura españolas, precisó el comisario, según informa la Agencia Ical.

La muestra arranca en el recoleto convento de Santa María de Gracia, en el que Santa Teresa ingresó en su adolescencia y en el que se sitúa el primero de los cinco capítulos de la exposición, dedicado a la orden carmelita. «Aquí nace su vocación y aquí vamos a ver el origen del Carmelo», apuntó el padre Dobado bajo el impresionante relieve del taller de Gregorio Fernández procedente de los fondos del Museo Nacional de Escultura, en Valladolid, que «nunca había sido expuesto» y que da la bienvenida al visitante por sus imponentes dimensiones. Entre las quince piezas que pueden verse en la iglesia del convento de Gracia, también destaca una imagen de la Virgen del Carmen atribuida a Salzillo y un gran óleo de Juan de Valdés Leal, datado en 1658 y titulado ‘Elías y los profetas de Baal’.

Hasta la segunda sede, la iglesia de Mosén Rubí, varios hitos instalados por la Fundación Edades en las calles de Ávila van marcando el camino. En el acceso ajardinado al templo, que acoge el segundo y el tercer capítulo de la muestra, da la bienvenida al visitante una escultura contemporánea de Santa Teresa de Jesús, firmada por Elena Laverón, autora también de dos animales que parecen estar jugando el jardín, ambos concebidos como elementos lúdicos pensados sobre todo para el disfrute de los niños.

La contrarreforma. La iglesia de Mosén Rubí alberga en su interior más de 50 obras y dos capítulos, el primero de los cuales introduce al visitante en la época en la que vivió Santa Teresa a través de piezas que evocan el contexto religioso, cultural, social y literario de la España de la Contrarreforma, explicó Juan Dobado. Desde una escultura de Isabel la Católica hasta las Capitulaciones de Santa Fe originales cedidas por el Archivo General de Simancas, pasando por libros de la época como el Lazarillo de Tormes o La Celestina, entre otros muchos.

El contrapunto a este capítulo lo pone el que lleva por título ‘Las pobres descalzas de la madre Teresa’, que incluye un hábito, una capa y una alpargata originales de la Santa, custodiados durante siglos por tres de los conventos que ella fundó, hábitos de una sobriedad extrema, la misma que «marca la reforma» que ella impulsó en la Orden del Carmelo.

Junto a estas reliquias, dos de las obras de arte más soberbias de la exposición, consideradas «obras maestras»: una escultura de San Francisco de Borja, firmada por Juan Martínez Montañés, y otra de San Pedro de Alcántara, salida de las manos de Pedro de Mena cuyo realismo impresiona. No en vano, constituyen «dos joyas de la escultura barroca española», destacó Juan Dobado.

Núcleo de la muestra. La tercera de las sedes abulenses de la edición teresiana de Las Edades del Hombre, la iglesia de San Juan Bautista, es «la que marca el corazón verdadero de la exposición en Ávila», desveló el comisario de la muestra, tanto por el número (70) como por el valor artístico de las piezas. En este espacio se encuentra, de hecho, el capítulo que da nombre a esta exposición: ‘Maestra de oración’, así como la pila en la que fue bautizada la Santa.

La distribución del espacio y de las propias obras en la iglesia de San Juan se llevan a cabo mediante muros de cristal a través de los cuales todas las capillas rodean a una principal, presidida por siete imágenes de Cristo, explicó Gonzalo Jiménez. «Todas están orientadas hacia ella», en alusión al libro de ‘Las Moradas’, «que giran en torno a la morada de Jesús», añadió.

Es en este templo donde «abundan joyas» como la «Santa Teresa que pintó Zurbarán para la Catedral de Sevilla, de las mejores de toda la pintura barroca universal»; el Cristo de los Desamparados de Montañés que preside la sala central; una espectacular Dolorosa de Pedro de Mena y dos tablas en las que pueden verse escenas de la Santa con la Virgen pintadas por Goya en su primera época, entre otras.

El visitante concluye la visita a la última sede abulense de la exposición contemplando diferentes manifestaciones de los éxtasis de Santa Teresa, tanto en pintura como en escultura.

Las sedes abulenses muestran una faceta de La Santa de Ávila más centrada en la oración, mientras que la de Alba de Tormes, en Salamanca, se centra más en su faceta como escritora, desveló el comisario de una exposición que para ver completa hay que viajar hasta la ciudad charra.

Precisamente, el capítulo integrado en Alba de Tormes se titula ‘Hija de la Iglesia, una santa para la Iglesia y para la humanidad’. En ella se pone de manifiesto la faceta peregrina de la mística, su glorificación y su legado a través de 61 piezas ordenadas con un guión expositivo diferente, según Juan José Fernández, coordinador del montaje.

Canonización. Se ha pretendido que el montaje no solo sea el soporte físico de las obras, sino que haya unos guiños conceptuales al guión establecido.

El comisario de la exposición, el padre carmelita Juan Dobado, explicó los capítulos en los que se ha dividido la muestra. Así, el inicio, denominado ´Andariega de Dios´ coincide con la etapa de la santa más peregrina, en la que se incluye el mapa de las fundaciones  de España o libros como el que incluye un grabado en el que figura Teresa de Jesús junto a San Juan de la Cruz tras su primer encuentro en Medina del Campo. También se observa por primera vez,  tras cuatro siglos en el convento de clausura de Alcalá de Henares,  el Cristo que la santa llevaba en sus carros recorriendo caminos.

El segundo capítulo nos lleva a la ´Glorificación de Santa Teresa´, considerado el apartado más importante de la muestra de Alba de Tormes. Se inicia con la muerte de la santa y es el paso previo a la ceremonia de la canonización, que comienza  inmediatamente después.

La parte central de la Basílica acoge la gran ceremonia de la canonización. Para ello, se ha reproducido un arco efímero con las imágenes de Santa Teresa y con los cinco santos canonizados en 1622, cuatro españoles y un italiano: Santa Teresa, San Isidro, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri. Se ha pretendido que el arco recuerde a la escena grandiosa que se vivió en Roma de la considerada «la canonización más española del Barroco».

Algunas piezas relacionadas con esa ceremonia llevan a contemplar imágenes iconográficas de la santa. Así, se pueden observar grabados con la Teresa escritora, en éxtasis o las primeras esculturas y pinturas como Santa, como la de José de Mora, Gregorio Fernández, junto a otras de artistas genoveses e italianos.

El último capítulo lleva por título ´Herederos de su espíritu´ en el que quedan visibles todos los que continuaron la obra carmelita fuera de España, sus discípulas más importantes: Ana de Jesús, Ana de San Bartolomé y el padre Gracián.

También hay un pequeño capítulo dedicado a la primera impresión de sus obras, como la que se realizó en Évora (Portugal), ´Camino de perfección’.