Un hogar para niños vulnerables

B.D.
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La crisis sanitaria y económica provocada por el coronavirus intensifica la búsqueda de familias de acogida en la provincia para menores que han sido separados temporalmente de sus padres

Durante todo el proceso de acogimiento, Cruz Roja ofrece a las familias orientación y asesoramiento para facilitar la integración del menor en la nueva familia. - Foto: Jonatan Tajes

Los daños colaterales del coronavirus son infinitos y hacen mella en muchos frentes. Uno de los afectados es el Programa de Acogimiento Familiar para niños o adolescentes que han sido separados de sus progenitores y que, como consecuencia de la Covid-19, ha visto como se ralentizaba la incorporación de hogares de acogida. Un problema serio porque los Servicios Sociales prevén que a medida que vaya avanzando la desescalada salgan a la luz nuevas situaciones de desprotección en los menores agudizadas durante el confinamiento.
Así lo explica Marta Tovar, responsable del programa en Cruz Roja, quien destaca que esta difícil situación aumenta la necesidad de contar, ahora más que nunca, con personas o familias solidarias con la ilusión de poder ofrecer un hogar y las atenciones de cuidado y educación adecuadas a estos menores. «Con la cuarentena hay problemas que no se han detectado, que no han saltado y que a corto plazo van a salir a la luz. Ysi Servicios Sociales nos pide familias que se hagan cargo de estos niños no vamos a tener», reflexiona, tras destacar que el programa necesita que se impliquen hogares nuevos para abrir el abanico de cuidadores.
En la provincia de Burgos hay niños y niñas que, por diversas circunstancias, no pueden ser cuidados por su familia de origen y se encuentran bajo tutela del Sistema de protección a la infancia a través de los Servicios Sociales de la Junta, que proporciona a los menores a través de Cruz Roja una atención familiar sustitutoria o complementaria a la de sus padres durante un tiempo determinado cuando éstos están atravesando por graves problemas, que les impide atenderles adecuadamente. Es aquí donde el acogimiento familiar resulta ser el recurso de protección para que estos menores convivan en otro entorno familiar, en lugar de residir en un centro de protección.
Durante todo el proceso, Cruz Roja, que gestiona este programa desde hace 30 años, ofrece a las familias orientación y asesoramiento para facilitar la integración del menor, formación y apoyo técnico. Los menores pueden ser desde bebés hasta adolescentes (de 0 a 18 años). Las personas acogedoras pueden ser familias monoparentales o biparentales, sin importar la edad, el sexo o el estado civil.
En este sentido, la organización humanitaria, adaptándose a la situación, pondrá en marcha del 4 de junio al 2 de julio un nuevo curso online para dotar de los instrumentos y conocimientos del programa a los futuros acogedores y acogedoras. Actualmente, hay 23 familias acogiendo a 29 menores y jóvenes en la provincia de Burgos. 
En palabras de Marta Tovar, el acogimiento familiar tiene unos efectos muy positivos en estos niños, ya que la mayoría provienen de hogares donde se dan situaciones de maltrato o de toxicomanías. «Nunca me atrevería a decir que estos padres biológicos no quieren a sus hijos. Les quieren, y mucho, pero muchas veces no saben querer, no han aprendido o repiten patrones que han vivido de pequeños».  Para las familias de acogida, el momento más duro es el de la despedida de los menores, para la que se les prepara desde el primer día.