La partida sigue tras el pitido final

A.S.R
-

El albergue municipal para personas sin hogar continúa en el seminario de San José con la mirada en el regreso a San Francisco y la incertidumbre ante el futuro de los usuarios y los nuevos perfiles que dibujará la crisis

Las mejores y más espaciosas instalaciones del seminario de San José son evidentes nada más entrar en el amplio patio, donde se sigue disputando el campeonato de baloncesto. - Foto: Patricia González

Campeonatos de baloncesto, parchís y futbolín, partidas de ajedrez, sesiones de musicoterapia, noches de cine, turnos de limpieza y de comedor, tiempo libre... Esta lista podría estar colgada en cualquier calendario de unas colonias de verano, pero algo chirría cuando quienes transitan por los pasillos y abandonan la sala de la televisión son señores de pelo en pecho que peinan canas, algunos con un rostro que refleja la paliza del tiempo y otros, con miradas ávidas de una segunda oportunidad. Son personas sin hogar con una mochila cargada de experiencias, no de bocadillos. Aunque su día a día en el seminario, donde se trasladó hace dos meses el albergue municipal para ganar seguridad durante el confinamiento, aproxima su estancia a unos campamentos, la realidad se antoja menos divertida. 
«Hemos tenido de todo, cosas buenas y cosas malas, pero es de agradecer como ellos han afrontado esta situación porque son personas acostumbradas a estar mucho en la calle y, de repente, se han metido en un sitio sin poder salir. Si de por sí es complicado para cualquiera, para ellos más», resume David Alonso, uno de los educadores sociales, que habla de cuatro fases en este periodo: ilusión, agobio ante el duradero encierro, relajación y acomodamiento y nerviosismo e incertidumbre ante el mañana. Como en cualquier casa, con matices. 
La paralización de los procesos de búsqueda de trabajo, vivienda o ayudas en marzo fue el primer golpe. «Quedarse sin estas expectativas que ya tocaban unido a la incertidumbre que había fue anímicamente muy duro», recuerda y observa que los obligó a volcarse en el nivel afectivo y emocional. 
Estos negros nubarrones impertérritos durante los días centrales de la pandemia se mantienen, pero, con el bicho más controlado y la libertad de movimiento recuperada, se van abriendo claros, aunque la amenaza continúe en el horizonte. 
La construcción, la hostelería y el cuidado de mayores, tres de las salidas más frecuentes para estas personas, se empiezan a cerrar por culpa de la covid-19. Y surgen preguntas, también entre los trabajadores como la de qué se encontrarán a partir de ahora. 
Temen que el parón por la crisis conduzca hasta su puerta a gente que vivía en situaciones normales. «Habitualmente, quien llega vive en la línea de la marginalidad, va sobreviviendo y en situaciones como esta acaba cayendo en este lado. Esa gente corre riesgo de volver a la calle, pero también, por desgracia, otros que nunca la habían pisado», aventura Alonso y augura que se dibujarán nuevos perfiles de usuario y aumentará el número. 
Aunque las personas y no las cifras importan, Cáritas ya saca la calculadora para planificar el regreso a San Francisco, para el que aún no hay fecha (prevén mediados-finales de junio). En San José disponen de 55 plazas (el lunes había 44 ocupadas y han llegado a las 51), pero en la sede permanente cuentan con 40. Y no pueden hacer la mudanza sin camas libres para la gente de paso. Confían en que la situación se alivie con la recogida de la cereza en Extremadura, oportunidades en hostelería o la entrada en comunidades terapéuticas. 
Alrededor de un centenar de personas ha pasado por estas instalaciones. A pesar de que el movimiento estaba limitado, el flujo no ha cesado. Han llegado de otras ciudades con los servicios completos; personas que compartían un piso y la convivencia ha acabado mal; gente que se ha quedado de un día para otro sin empleo y sin recursos; trabajadores que vivían en pensiones y al cerrarse estas se han visto en la calle (el Ayuntamiento lo solucionó reuniendo a todos en una)...
Unos han entrado y otros han salido. No ha sido fácil ni logística ni económicamente, pero sí han logrado que algunos se reunieran con sus familias en Girona o Valencia. 
La tarde avanza en el seminario. Unos juegan al futbolín, otros tiran a canasta. Y de fondo suena la música de Con tu aire en mis adentros, una canción con la que hicieron un vídeo colectivo con albergues de Cáritas de toda España. Casi diez minutos de corazones... y esperanza.