La primera gran revolución de los corazones verdes

A.S.R
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El movimiento surgido en los balcones propone revitalizar y hacer más humano su barrio con acciones como una instalación escultórica en la plaza de Vadillos que sirva de recuerdo, lugar de juegos y descanso, escenario...

Cruz Herrero (i.) y Manu Revilla proyectan un gran corazón verde en el centro de la plaza de Vadillos que sirva de recuerdo y como lugar de encuentro de los vecinos. - Foto: Patricia González

Depende, de qué depende, de según cómo se mire, todo depende. De según cómo se mire depende que una plaza siga pasando sin pena ni gloria en pleno centro de la ciudad o que se ponga a bailar porque, como seguía la canción de Pau Donés, qué bonito es el amor, más que nunca en primavera, que mañana sale el sol, y que estamos en agosto, depende... Y es que, aunque parezca mentira, la crisis por el coronavirus ha dejado un rastro de positivismo fácil de identificar. Color verde y forma de corazón. El fenómeno de los ‘corazones verdes’ nació como el entretenimiento de un padre y sus hijos durante el confinamiento y ha crecido hasta convertirse en bandera de una pequeña gran revolución. Quiere hacer de Vadillos un barrio feliz, que esa corriente se expanda por otras zonas de la ciudad, transitar por una urbe más sostenible y que todo lo que ha pasado y sigue pasando no se olvide. Manu Revilla, de la empresa Resistible, y Cruz Herrero, de La Estación de Bicicletas, sueñan, pero con los pies en el suelo. 
Y sueñan con que el movimiento vecinal que surgió con los aplausos al personal sanitario y los que luchaban en primera línea prenda con acciones que ayuden a construir una metrópoli más humana. 
«Hay alternativas más saludables para los barrios, aunque empecemos por este. No nos damos cuenta de que estamos invadidos por cosas no agradables como los coches, el ruido... Queremos que quede el espíritu de tranquilidad. Se trata de ver lo bueno de estos días malos y acoger todas las iniciativas que puedan estar bajo el paraguas del corazón verde», resume Manu Revilla, más conocido como Manu Cartones, hacedor de estos símbolos de cartón que han conquistado los corazones.
Y como hay que empezar por algún sitio, sus pasos se dirigen a la plaza de Vadillos. Un ágora desangelada encajada entre edificios, sin verde más allá de unos árboles y un par de corazones que asoman a las ventanas, mucho gris, un sitio de paso más que de encuentro. 
Consideran que es el lugar ideal para crear una instalación escultórica con forma de corazón verde que quede como un recuerdo de lo vivido este tiempo. «Ese es nuestro gran reto: no olvidar las cosas buenas y malas que nos ha dejado esta crisis», enfatiza Revilla y Herrero la pinta como «el comienzo de iniciativas ciudadanas en defensa de lo que han sido nuestros recursos más valiosos en estos días tan difíciles: Sanidad, Educación y Cultura». 
Imaginan esa estructura como un punto versátil donde puedan jugar los niños, descansar los abuelos y celebrar conciertos y otros espectáculos utilizando como graderío la escalinata que comunica con la calle San Francisco. 
La intervención mínima es sencilla y el presupuesto, asumible. Ayer mantuvieron un primer contacto con el Ayuntamiento. La idea gusta. ¡Cómo no! Pero falta por ver cómo abordarla. «Fue una primera toma de contacto, un punto de partida». Es pronto para hablar de dineros. Si finalmente el Gobierno municipal socialista la abraza, estupendo; si no, una campaña de micromecenazgo o una colecta popular se barajan como opciones. 
«Hay aún muchos frentes por definir, pero desde el punto de vista vecinal es muy interesante», remachan en medio de ese ágora «que está estéticamente muerta y es mejorable urbanísticamente» a la que desean insuflar vida. No solo para quienes habitan el barrio, también como atractivo turístico. 
Esta intervención sería solo la primera de muchas. Las ideas bullen (e insisten en que son exportables a otras zonas): unir los espacios del barrio con una suerte de ruta de corazones verdes en el pavimento y potenciarlos para jugar, pasear o para reunión social; promover negocios e iniciativas para mejorar la calidad de sus residentes e impulsarlo como un referente alternativo y moderno con citas culturales; incentivar a estudiantes de arquitectura para diseñar un ‘barrio feliz’ que se convierta en ejemplo nacional; reducción de barreras arquitectónicas y creación de estancias verdes; recuperación de todos los accesos al Castillo... 
La revolución de los ‘corazones verdes’ va en serio. Siempre lo ha hecho. Desde que prendió en los balcones como símbolo de agradecimiento al personal sanitario. A ese origen quieren poner final con una marcha desde Vadillos al HUBU. Allí ya conocen este plan, les encanta, pero, de momento, es imposible ejecutarlo por la aglomeración de gente y la inseguridad que puede generar. Pero llegará y el latido verde sonará como un gran último aplauso.