El colegio de Arquitectos abre un nuevo espacio 'coworking'

G.G.U. / Burgos
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Esta fórmula de trabajo compartido está abierta a emprendedores de cualquier campo profesional, aunque los arquitectos colegiados tienen descuento

En el espacio destinado a oficina compartida para emprendedores en la sede de los arquitectos ya trabajan tres personas, pero hay otros siete puestos libres. - Foto: Patricia

El Colegio de Arquitectos ha sido el último colectivo en sumarse a la corriente del trabajo compartido o en comunidad, una fórmula importada del extranjero y denominada coworking, cuyo objetivo es agrupar a una serie de emprendedores que comparten un espacio físico de trabajo y sus conocimientos, de manera que pueden beneficiarse de las habilidades de los demás y colaborar entre ellos para desarrollar proyectos que, de otra forma, serían inabarcables.
El año pasado empezaron a funcionar dos espacios coworking concebidos al más puro estilo anglosajón (La Colmena y Ágora, en las calles Paloma y Laín Calvo, respectivamente), que se sumaron al  que habilitó al mismo tiempo el Centro Europeo de Empresas e Innovación (CCEI) en su edificio de Villafría y al Centro de Negocios Ábaco, en la Plaza Mayor, que llevaba muchos años alquilando oficinas y haciendo algo semejante. Ahora, es el Colegio de Arquitectos quien se suma a esta nueva fórmula de trabajo con un doble objetivo: dar facilidades a colegiados  jóvenes o no tan jóvenes pero que no tengan un estudio consolidado y necesiten un espacio físico para trabajar y, por otra parte, sacar rendimiento a dependencias del colegio que no tenían uso.
Uno de los vocales de la junta directiva, Enrique Jerez, señaló que la intención es que en el coworking de la sede colegial haya emprendedores de distintos ámbitos profesionales, aunque los colegiados tendrán condiciones ventajosas con respecto al resto. En este sentido, explicó que como los colegiados ya pagan una cuota anual, se ha decidido aplicarles un descuento en la tarifa establecida para hacer uso de uno de los puestos del espacio coworking. Así, mientras que para los emprendedores en general se ha establecido una mensualidad de 120 euros, para los arquitectos colegiados es de 80 euros.
Este importe da derecho a uno de los diez puestos habilitados para el espacio coworking, a una conexión a internet mediante wifi, a una taquilla propia o a utilizar una sala de reuniones para aquellos casos en los que haya que recibir a algún cliente o tener un encuentro profesional del tipo que sea, entre otros servicios.
En este momento, ya hay tres personas instaladas en la nueva oficina del colegio de arquitectos, pero la junta directiva confía en ocupar las diez plazas disponibles y fomentar de esta manera el desarrollo de nuevos modelos profesionales que pueden ser individuales o conjuntos, en el momento en el que varios usuarios del coworking decidan compartir conocimientos para llegar donde uno solo no podría.
La crisis y la inestabilidad que ha provocado en el mercado laboral han sido la causa de que el número de autónomos y emprendedores se haya multiplicado, lo cual  también ha tenido como consecuencia la proliferación de este tipo de fórmulas de trabajo comunitario. En capitales como Madrid, Barcelona o Bilbao o La Coruña está bastante asentado, pero en pequeñas ciudades como Burgos es más incipiente, aunque en poco más de un año se han creado varios que en origen son lo mismo pero que luego tienen sus peculiaridades.
Así, mientras que La Colmena es un sitio en el que se ha dado mucha importancia al diseño y al fomento de la creatividad, Ágora introdujo como elemento indispensable el componente social al estar impulsado por la ONG Hechos. El del colegio de arquitectos no parte con ningún distintivo particular, más allá del de ser un sitio práctico que resuelva las necesidades de espacio para quienes necesitan un espacio en el que trabajar a unos precios razonables. En un momento como este, montar un estudio requiere un gran esfuerzo económico y no hay ninguna garantía de que se vaya a amortizar ni a corto ni a medio plazo. La alternativa a esta opción es quedarse en casa y trabajar desde allí, pero eso puede limitar las posibilidades de negocio. Frecuentar un coworking, en cambio, no exige un gran desembolso y abre muchas posibilidades.
Aunque este tipo de oficinas compartidas acogen a emprendedores de cualquier campo profesional, en general suele ser una opción muy secundada por profesionales dedicados al diseño gráfico, al periodismo o a la programación informática. Un periodista puede querer crear una página web, pero para ello necesita conocimientos en diseño e informática, por lo que se complementan.