El alquiler no descarta implantar la cláusula anti banderas

G. Arce
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Los expertos apuestan por regular el creciente uso de balcones y ventanas de viviendas para lanzar mensajes

El alquiler no descarta implantar la cláusula anti banderas - Foto: Jesús J. Matías

Más de la mitad de los contratos de alquiler de vivienda que se están firmando en Cataluña incluyen una cláusula que prohibe a los inquilinos colgar banderas en sus balcones. Es, por ahora, un fenómeno muy local, focalizado en la pugna entre las banderas españolas y las esteladas en las ciudades y pueblos catalanes, aunque los expertos no descartan que esta regulación dé el salto a otros territorios pues cada vez es más habitual el uso de las fachadas de los edificios (con sus balcones y ventanas incluidos) como escaparates de reivindicaciones nacionalistas, deportivas, vecinales o de cualquier otro tipo. 
Los inquilinos de Burgos no son muy dados a expresar sus ideas a través de los balcones, aunque en los últimos tiempos va cundiendo la moda de utilizarlos para protestar, festejar o presumir de algo, muchas veces ante la oposición o el malestar de los propietarios del inmueble o de otros inquilinos y en detrimento de la estética de una calle o la ciudad en general. 
El caso más sonado en la ciudad fue el de las banderas rusas colocadas hace más de tres años en los balcones de un edificio ubicado en plena Plaza Mayor, en la esquina con la calle Sombrerería, propiedad del presidente de la Plataforma Europea de Amigos de Rusia. En su momento, el Ayuntamiento se vio obligado a retirarlas acogiéndose a los criterios establecidos en el Plan Especial del Centro Histórico que, entre otras cuestiones, aboga por el «tratamiento armonioso» de este entorno de la ciudad y la prohibición de alterarlo desde un punto de vista visual.
La normativa municipal, especialmente celosa en los edificios calificados como histórico-artísticos y asimilables, también habla de la colocación de pancartas y banderolas en la vía pública, que solo se autoriza en periodo de elecciones políticas, de fiestas populares y tradicionales de los barrios o en las situaciones expresamente aprobadas por la autoridad.
Sin embargo, el fenómeno de las banderas salpica puntualmente -en la Fiesta Nacional o cuando juega la selección española de fútbol- todo el entramado urbano sin, por ahora, molestar a casi nadie. 
Otra cosa es el uso de las fachadas para denunciar obras de todo tipo (bloques de viviendas, pistas de pádel, gasolineras, entre otros) o para colocar lazos negros en la defensa de los servicios de urgencias en el centro de salud del barrio. Hay vecinos que consideran que acciones de este tipo prolongadas en el tiempo solo contribuyen a deteriorar estéticamente un edificio y, en casos extremos, las relaciones entre sus inquilinos. 
Desde de la Cámara de la Propiedad Urbana explican que una cosa es el espacio privativo de una vivienda, cuya gestión corresponde a su propietario, y otra es la fachada, un elemento común que es responsabilidad y competencia de la junta de propietarios de la comunidad.Es en este ámbito donde se deben establecer los criterios para el uso. «Por ahora es un fenómeno muy local y centrado en Cataluña, por eso se está prohibiendo allí la colocación de banderas, aunque aquí es difícil que genere conflictos...». (Más información en edición impresa)