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Nuevo impulso 15 años después

I.E. / Burgos
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En 2000 la Unesco declaró los yacimientos como Patrimonio de la Humanidad, un espaldarazo que no deja de dar frutos

Juan Luis Arsuaga observa el cráneo número 5, conocido como Miguelón. - Foto: Valdivielso

Quince años después, la Unesco intensifica su compromiso con los yacimientos de Atapuerca. Fue el 30 de noviembre del año 2000 cuando fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. En todo este tiempo, el escenario ha cambiado sustancialmente. Se han levantado emblemáticas infraestructuras como el Museo de la Evolución Humana (MEH), al tiempo que los resultados científicos han ido avanzando y ampliándose el reconocimiento social. No es extraño por tanto que  este organismo internacional redoble su apoyo a este bien cultural sin parangón en Burgos.

Este nuevo reconocimiento quizá se convierta en un impulso más para que los yacimientos y todo el entramado cultural que gira a su alrededor siga creciendo. No hace mucho uno de los codirectores, Juan Luis Arsuaga, recordaba la efemérides y señalaba que hay que estar «orgullosos porque se ha avanzado en todos los sentidos» desde aquel año 2000, con el centro museístico, que  ha contribuido a la proyección social de los yacimientos, así como los «importantes artículos» científicos que se han publicado a lo largo de este tiempo.

El Valle del Boí, el palmeral de Elche, la muralla de Lugo, la ciudad romana de Tarraco y... la Sierra de Atapuerca. El 30 de noviembre del año 2000, el Comité de Patrimonio de la Unesco reunido en la ciudad australiana de Cairns aprobó declarar Patrimonio de la Humanidad todos estos bienes culturales. El más importante, para los burgaleses, claro, fueron los famosos yacimientos.

«Esta declaración convertirá a los yacimientos de Atapuerca en una ventana abierta al mundo a través de la que poder mostrar la importancia científica y cultural de los hallazgos que allí están teniendo lugar», manifestó Ángel Olivares, alcalde de la ciudad y promotor del Complejo de la Evolución Humana, que solo unas semanas antes se había adjudicado al arquitecto Navarro Baldeweg.

Aunque todo hacía indicar que el de Atapuerca era un proyecto muy bien encauzado, la declaración fue el espaldarazo definitivo, toda vez que además de universalizar los hallazgos y el sitio implicaba más medidas de protección y mayores posibilidades de riqueza para el entorno. Y es verdad, 15 años después todos estos pronósticos se han cumplido. Quizá este nuevo grado de protección represente un nuevo empujón al desarrollo de los yacimientos.

En el año 1978 comienza la primera campaña de excavaciones en los yacimientos de Atapuerca, dirigida por Emiliano Aguirre, catedrático de Paleontología humana en la Universidad Complutense de Madrid. Pero antes de esta primera campaña ya se había comenzado a encontrar una serie de restos prehistóricos por otros investigadores, como el profesor Jordá y el espeleólogo Carlos Puch.

El hito que marcó el inicio de esta historia fue la construcción del ferrocarril minero, que uniría las localidades de Monterrubio de la Demanda con Villafría. La compañía anglosajona The Sierra Company Limited comenzó los trabajos en el año 1896, pero en el intento de continuar el trazado viario por la Sierra de Atapuerca se hizo necesario un profundo corte en la roca que dejó a la luz los yacimientos que hoy conocemos como La Trinchera del Ferrocarril. Al hacer el corte los operarios hallaron numerosas cavidades colmatadas con rellenos de todo tipo de restos fósiles.