Casi la mitad de los chamizos de los jóvenes, sin contrato

C.M.
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Los inmuebles están en distintas zonas de la ciudad y en naves industriales, y los jóvenes pagan entre 300 y 400 euros de alquiler al mes

Casi la mitad de los chamizos de los jóvenes, sin contrato - Foto: Diario de Burgos

El frío de Burgos y la escasa oferta festiva provocan que los jóvenes opten por alquilar locales en los que reunirse y compartir sus momentos de ocio. Muchos de ellos se encuentran ubicados en naves industriales, -Pentasa III es un buen ejemplo de ello-, pero también otras zonas de la ciudad. El 42% de estos locales no cuentan con un contrato de arrendamiento, según se pone de manifiesto en la Memoria del Plan Municipal sobre Drogas 2018. Esta situación hace que los jóvenes que acuden a estos chamizos estén totalmente desprotegidos ante cualquier incidente que pueda surgir y también el propietario, al alojar personas de manera irregular y cobrar por ello. Además, si surge algún tipo de conflicto con el vecindario la comunidad no tiene a quién reclamar.
Se da la circunstancia de que las condiciones higiénico-sanitarias de estos locales no son las más adecuadas, dado que no disponen de aseo ni de calefacción y en muchas ocasiones adolecen de falta de mantenimiento, según se asegura en las conclusiones del programa ‘Prevención y reducción de daños en locales’ y ‘Chamizos de Burgos’ 2018, que desarrolla la Concejalía de Sanidad en colaboración con la Asociación de Ayuda al Drogodependiente (ACLAD) y cuyos técnicos tratan de concienciar a los jóvenes que acuden a ellos. .
Recientemente, se produjo un incendio en un local de estas características en la avenida Casa la Vega como consecuencia de la quema de enseres en su interior, lo que causó gran alarma en el vecindario y hace dos años sucedió algo parecido en otro de la calle Vela Zanetti.
Los empresarios de Pentasa III llevan tiempo quejándose de esta situación y temen que la gran concentración de chavales, algunos menores, en locales sin infraestructura pueda acabar en tragedia. El Plan General de 2014 incorporó el uso dotacional compatible con el industrial en este polígono con la finalidad de normalizar allí las naves de locales de ensayo desde hace más de 20 años. En la actualidad hay unas siete en las que ensayan un centenar de grupos aunque en esos casos no hay problemas, dado que sus locales están bien conservados. El conflicto viene por el alquiler de naves a pandillas de jóvenes que organizan todo tipo de fiestas y generan molestias y suciedad. La crisis propició que muchos empresarios decidieran alquilarlas a los jóvenes y la situación se ha hecho insostenible.
El coste del alquiler suele rondar entre los 200 y 400 euros dependiendo de la ubicación y de las dimensiones. Muchos caseros no hacen contrato para no declarar el dinero y se desentienden sobre la actividad que puedan hacer dentro del local pero otros prefieren tener todo controlado ante posibles percances o malas experiencias en el pasado. El contrato es una garantía para los jóvenes en el caso de una inspección de la Policía Local y del dueño si los inquilinos provocan destrozos.
compleja regulación. Los intentos de regular este tipo de locales han sido infructuosos hasta el momento por la complejidad del fenómeno, según reconoce la concejala de Licencias, Ana Bernabé. «La normativa debe dejar claro las características que debe tener un local para darle un permiso. Por ejemplo, una salida de emergencia, una insonorización, que cumpla con la normativa eléctrica... Es decir, lo que les requerimos a los salones multiusos, lo que hace inviable una inversión de estas características para un chamizo. Los requisitos no los van a cumplir, dado que si quisieran hacerlos son los que marca la norma», indicó, al tiempo que señaló que en las ciudad en la que se ha hecho una regulación «ha sido un fracaso».
Se estima que en la mayoría de los locales se concentran más 15 jóvenes y en ocasiones se juntan varias cuadrillas para compartir espacio y gasto, especialmente los fines de semana (el 74%). La edad media ronda los 19 años y el 66% son varones y el 34% mujeres. Un 78% de los adolescentes son estudiantes mientras que el 10% trabajan y el 12% ni estudian ni trabajan. Pero alguien les tiene que dar el dinero mensual para pagar la cuota de los locales. Según la memoria, el 55% costean el alquiler con sus propias propinas.
Según datos estimativos, en Burgos hay unos 200 chamizos. Los agentes suelen realizar intervenciones en el caso de que haya quejas vecinales, sobre todo por ruido. Entre el año pasado y lo que llevamos de año han realizado más de una veintena de intervenciones en locales repartidos por toda la ciudad (ver cuadro).
Los técnicos de ACLAP han comprobado que en los chamizos los riesgos no son solo derivados de las condiciones higiénicas de los locales o la situación en la que puedan estar sino también para la salud, dado que en su interior es habitual el consumo de alcohol y otras sustancias, lo que en algunos casos provoca «conflictos de convivencia» entre los integrantes del local (reacciones por encontrarse bajo los efectos del alcohol y las drogas) sino también con los vecinos debido a los ruidos.
Desde la asociación reconocen las «dificultades» que tienen para poder entrar en los chamizos debido «a la resistencia y oposición a que dos personas extrañas accedan a un espacio íntimo para el ocio». Finalmente se pudo desarrollar el programa en diez locales en los que se atendió a un centenar de jóvenes, se realizaron una veintena de intervenciones y se repartieron 400 postales informativas.