Te vas a quedar como el hipopótamo 'guigante'

A.S.R.
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El político vasco asocia los Sampedros a la infancia de sus hijos y, especialmente, recuerda divertido esta frase que soltó el mayor tras ver un número circense protagonizado por este animal 'gigante' y que ya es patrimonio lingüístico de la familia

Laborda afina el tiro en las barracas acompañado por su hijo Fernando (cuello rojo), su sobrino Juan y un amigo, el pediatra bilbaíno Antón Elola, que solía visitarlos durante los Sampedros. / CEDIDA POR J. LABORDA - Foto: Cedida por Juan José Laborda

El amor trajo a Juan José Laborda a Burgos y a los Sampedros. Nacido en Bilbao en 1947, el exsenador socialista llegaba con asiduidad a la ciudad para visitar a su novia, aunque los recuerdos de sus primeras fiestas son con la alianza ya puesta y con la lección aprendida: la chaqueta, incluso cazadora, siempre a mano, junio incluido. La fotografía de esta página actúa como palanca que acciona su moviola del tiempo. Se ve en las barracas, con el segundo de sus tres hijos, Fernando, su sobrino Juan y un amigo, el pediatra bilbaíno Antón Elola, que solía pasar unos días con ellos durante estas fechas. He ahí las claves de sus primeras fiestas. Familia y amigos.


«Para nosotros La Quinta era un lugar maravilloso porque tenías el festejo en el centro de la ciudad, y, además, vivíamos cerca. Sé que ahora eso no es posible, pero echo de menos aquello que se organizaba en la famosa quinta del arzobispo», introduce ya completamente en medio del jolgorio de San Pedro y San Pablo.


Laborda se trasladó a vivir definitivamente a Burgos en septiembre de 1973, dos meses antes, en junio, había nacido su primer hijo, Juanjo. Y este, con apenas dos años, es el protagonista de la anécdota familiar que en casa siempre irá unida a las fiestas mayores burgalesas. «Le llevamos al circo, a ver un número que llamaban Hipopótamo gigante, pero él, tan pequeño aún, se dirigió a él como el Hipopótamo guigante. Esa frase ha quedado en el patrimonio lingüístico de la familia. Cuando alguien hace una animalada en casa, como, por ejemplo, comer mucho, los demás le decimos ‘te vas a quedar como el hipopótamo guigante’», cuenta divertido.


Y es que, admite el político del PSOE, él siempre vio las fiestas a través de los ojos de los niños. «El paisaje de recuerdos tiene que ver con los Gigantillos, Gigantones, con comer algodón de azúcar y pinchos morunos, que era una cosa bioprohibida durante el resto del año, por ser una comida agresiva, pero que les encantaba», se pierde entre aquellas sensaciones, muchas vividas con la complicidad de la luna porque, para el también periodista e historiador, San Pedro era salir de noche, «que no era normal el resto del año porque los niños eran pequeños y porque, entre otras cosas, en Burgos hace frío. Pero esos días daba lo mismo, se volvía tarde a casa. Hacía frío, pero ya empezaba el verano».


Esas noches estivales ocurría algo que, evoca el bilbaíno, fascinaba a su mujer y a sus tres hijos, Juanjo, Fernando y Ana: los fuegos artificiales. Los solían ver desde la zona donde vivían los abuelos, al final del paseo de la Audiencia, el lugar de encuentro para su gran familia política.


Reconoce que aquellos Sampedros de la infancia de su prole destilaban una ilusión especial, aunque tampoco quita mérito a los que vinieron después. «Estos estaban condicionados por compromisos sociales y de representación, pero también eran agradables», observa y rememora las tardes de toros o las prolongadas charlas con el empresario Pepe Antolín aprovechando el reencuentro que propiciaba esta celebración, que, insiste, para él estará siempre ligada a la familia y a la socialización en la calle.


«La muchedumbre al aire libre hasta altas horas de la noche era el sentido de la fiesta. Una cosa excepcional. Burgos es como es y esa explosión de gente, risas, disfraces o baile de Gigantones y Gigantillos no era habitual», se explaya el exsenador que durante unos minutos se vuelve a ver con el abrigo abrochado en medio de esa multitud de burgaleses y visitantes que se echaban a la calle como si no hubiera mañana.