El Ayuntamiento prevé dejar casi a cero su deuda propia

J.M.
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Al finalizar el año se situará en menos de 18 millones, en 2021 se quedará en algo más de 2, pero el lastre son los cerca de 240 que deben los dos consorcios

El Consistorio tiene prohibido solicitar créditos bancarios por la deuda que arrastra de los consorcios. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La salud financiera del Ayuntamiento vive dos realidades muy distintas. Mientras la deuda propia de la actividad municipal se reduce a pasos agigantados durante los últimos años y en la Concejalía de Hacienda prevén que a estas alturas de 2021 se pueda situar casi a cero, al ubicarse en una cifra que podría oscilar entre los 2 y los 3 millones de euros, otra realidad de la que la ciudad no consigue desprenderse, y no tan halagüeña, es la de la millonaria deuda que siguen acumulando los dos consorcios (el del Desvío del Ferrocarril y el de Villalonquéjar) y que al finalizar el ejercicio pasado rozaba los 240 millones.
El panorama más positivo es el de la deuda propia del Ayuntamiento, que se arrastra con los bancos desde aquellos tiempos de vacas gordas y de grandes inversiones. Fue en la pasada crisis cuando el Gobierno de España puso límites para que solo los municipios más saneados pudieran concertar operaciones de crédito con las entidades financieras. Se obligaba también a amortizar deuda con el superávit y el resultado ha sido un saneamiento generalizado de las cuentas de las administraciones locales. Un ejercicio que no ha hecho a lo largo de este tiempo el Ejecutivo Central, cuya deuda se ha disparado.
En la historia reciente del Consistorio burgalés se aprecia como la deuda propia en 2018 era de 37,5 millones, en 2019 de 23,9 y al finalizar este 2020 deberá de situarse en 17,8. Eso sí, el concejal de Hacienda, David Jurado, recuerda que al término de cada ejercicio se amortizan también cantidades muy importantes procedentes del dinero del Presupuesto que no se ha ejecutado y, de seguir la progresión de otros años, eso haría que en la primavera de 2021 la deuda pudiera quedarse en unos 2,4 millones de euros.
Esa es la lectura más positiva y que se contrapone con la de los consorcios, cuya deuda se situó a finales del año pasado en casi 240 millones de euros. De esa cifra, 174,5 se considera que es sostenible ya que se confía en poder hacerle frente mediante la venta de terrenos (fundamentalmente residenciales en el caso del Desvío y de uso industrial en Villalonquéjar). Pero existen otros 65,4 millones que se han etiquetado como no sostenibles. Dicho de otra manera, el Ayuntamiento ha tenido que asumir que deberá de pagarlos con sus propios recursos ya que la enajenación de las parcelas da para lo que da. En la práctica serán los burgaleses los que los asuman estos pagos a través de sus impuestos.
El edil de Hacienda admite que la situación es «comprometida» pero, al mismo tiempo, defiende que «evoluciona bien».
En el caso de los consorcios, la deuda más abultada se corresponde con la del Desvío, que al término de 2019 rozaba los 106 millones de euros. La recuperación del sector inmobiliario durante los últimos años había propiciado la venta de terrenos y prueba de ello es el desarrollo de la zona residencial de Cellophane. Eso sí, no es menos cierto que algunos proyectos se habían ya atascado en el último año y habrá que ver de qué manera afecta la crisis sanitaria y económica del coronavirus.
El Consorcio de Villalonquéjar comenzó a levantar la cabeza hace aproximadamente un lustro, tiempo en el que se reactivaban inversiones industriales que llevaban años paralizadas. El goteo de empresas instalándose en la última ampliación era constante e incluso salía adelante el proyecto para la implantación de una gran superficie comercial (Bricomart). Al igual que en el caso del Desvío ya el año pasado se notó un bajón en la demanda y ahora se enfrenta a un punto de inflexión. La deuda aquí se situaba el ejercicio pasado en los 68,5 millones.
La suma de la deuda propia del Ayuntamiento con la de los consorcios y su clasificación conjunta por parte del Gobierno de Madrid supuso un importante freno en las aspiraciones inversoras del anterior Ejecutivo municipal y ahora se ve también de la misma manera por el equipo de Gobierno socialista.
Tanto unos como otros han intentado, sin éxito, que no se clasificara la deuda de los consorcios junto a la del Ayuntamiento ya que eso supone rebasar los límites permitidos para que el Consistorio pueda pedir préstamos. Es decir, dificulta a cualquier Ejecutivo realizar inversiones millonarias. Prueba de ello es, por citar un ejemplo, que la obra de remodelación del estadio de fútbol de El Plantío no se pudiera ejecutar en la integridad y se limitara a la grada de lateral y a reconstruir parte de los fondos.
De manera más reciente, el Ayuntamiento de Burgos se ha encontrado con que el Gobierno de Pedro Sánchez sí ha permitido a los municipios más saneados dedicar una parte del superávit del año pasado a ayudas para contrarrestar los efectos del coronavirus. En la capital burgalesa no ha sido posible y se ha tenido que recurrir a los remanentes de tesorería que el PSOE y Cs querían inicialmente destinar a nuevas inversiones. Por de pronto ya se ha visto sacrificada la obra para arreglar el parque Félix Rodríguez de la Fuente.
El futuro está por escribirse.