La odisea de ser profesor

G.G.U. / Burgos
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El 68,1% de las quejas remitidas por colegios e institutos a Educación tienen como causa el mal comportamiento de los alumnos en clase. Los sindicatos advierten de que los docentes cada día tienen menos autoridad

Foto de archivo de una clase de Primaria, una etapa en la que cada vez hay más problemas, en un centro educativo de la capital. - Foto: Alberto Rodrigo

La enseñanza es una de las profesiones más vocacionales que puede haber y máxime si se tiene en cuenta que los problemas a los que se enfrentan los profesores para desempeñar su labor son cada vez más frecuentes. Al menos, eso es lo que se deduce del hecho de que de diez quejas que recibe la Dirección Provincial de Educación por cuestiones relacionadas con la convivencia en las aulas, siete las pongan los propios profesores porque el o la graciosa de turno se ha pasado la clase interrumpiendo, porque se ha cuestionado su autoridad, porque han tenido actitud provocadora o burlona y, en definitiva, porque uno o varios alumnos no le han permitido dar clase con normalidad.
La dificultad de los profesores para dar clase a causa del mal comportamiento del alumnado ya es el «principal problema de convivencia» en los colegios e institutos de la provincia, según afirma la Dirección Provincial de Educación en todos y cada uno de los informes que elabora periódicamente para evaluar cómo van las cosas en los centros de la provincia en cuanto a actitud, respeto y, por supuesto, acoso escolar.
Y si bien es cierto que con respecto a esta última cuestión toda la sociedad parece estar sensibilizada y alerta, no puede decirse lo mismo en lo que se refiere a las relaciones con el profesorado y su autoridad. Un buen ejemplo de ello puede ser una viñeta de humor colgada en las dependencias de Educación y en varios centros educativos en la que se muestra cómo una pareja recrimina en 1989 a su hijo por haber sacado malas notas ante el profesor y, en cambio, en 2009 la misma escena refleja a los padres y al hijo increpando al profesor por las malas notas del menor. Es un chiste, pero que refleja el sentir de buena parte de la comunidad educativa. La secretaria en Burgos del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza (Stecyl),  Marta Carrasco, afirma que «en general, el comportamiento del alumnado ha empeorado y sí que es cierto que hay poco respeto. Pero también es cierto que eso va un poco con nuestra sociedad. Hay veces que recibimos a las familias y vemos que el comportamiento de los padres es irrespetuoso hacia nuestra labor. Y está claro que si los padres descalifican, también lo harán los alumnos». De opinión parecida es un representante de la federación de Enseñanza de UGT, Jesús del Cura. «El problema de la falta de autoridad va con la sociedad, viene de casa. Podríamos decir que es una falta de compromiso educativo», afirma del Cura.
Según los últimos datos oficiales disponibles, el 68,1% de las quejas recibidas en Educación se cursaron por «la dificultad del profesorado para dar clase». El dato es malo y Educación no oculta su preocupación (prueba de ello es que lo defina como el principal problema de convivencia del momento, por encima del acoso), pero al mismo tiempo se destaca que se ha observado cierta mejora en este sentido con respecto a cursos anteriores. De hecho, solo en el curso académico 2011/2012 las dificultades de los profesores para impartir clase fueron causa de más del 75% de las quejas presentadas ante Educación.

Mal comportamiento

Y en estos porcentajes no se incluyen los enfrentamientos directos del alumnado hacia el profesorado o personal del centro [que suponen, más o menos, el 3% de las quejas y se mantienen estables desde hace años], sino que ese 75% o el actual 68% de las incidencias denunciadas se refiere solo al entorpecimiento del desarrollo de la clase o al mal comportamiento en general, que no solo repercute en el escolar o en los escolares que molestan con su mal comportamiento o con su ausencia de interés por la materia, sino en el conjunto del grupo.
En infinidad de ocasiones, profesores a título particular han denunciado que dar clase en algunos cursos de ESO es toda una odisea, opinión que después ha corroborado la estadística oficial poniendo cifras a las críticas de los profesores: las quejas provocadas por la imposibilidad de desarrollar la actividad académica con normalidad suponen un 74,9% del total de incidencias registradas en los cuatro cursos de Educación Secundaria Obligatoria o, lo que es lo mismo, por la actitud de los menores de entre 12 y 16 años. Marta Carrasco, de Stecyl, precisa que «yo diría que es, sobre todo, en 2º y 3º de la ESO, porque en 1º llegan del colegio y están más cortados, y luego, en 4º se van asentando. Todo va con la edad».
Esto no quiere decir que en el resto de etapas, Primaria, Bachillerato o FP, no haya dificultades, pero sí que es cierto que hay menos y se producen con menos frecuencia. En este sentido, Jesús del Cura, representante de UGT explica que «en Primaria puede haber un alumno que te insulte y se ve así como gracioso, pero para cuando el chico es adolescente ese problema se ha agudizado».  La ESO también es la etapa más conflictiva para los propios escolares, debido a que es cuando más problemas de convivencia, violencia o acoso escolar se registran, siempre según datos oficiales.