Esa manía por encerrarse contrarreloj

Á.M.
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La oferta de 'escape room' en Burgos no para de crecer y empieza a ser un recurso turístico más capaz de atraer a viajeros de proximidad enganchados a esta forma de entretenimiento que incluso las empresas usan para seleccionar personal

Esa manía por encerrarse contrarreloj - Foto: Miguel Á?ngel Valdivielso

Las instalaciones de salas de escape crecieron el año pasado cerca de un 500%, hasta el punto de que cada día se abría una nueva puerta en algún lugar de España. Burgos, sin ser ni por aproximación ‘zona saturada’, no ha sido ajena a este fenómeno que ha aportado una nueva forma de entretenimiento a la que han sucumbido grupos de jóvenes, familias y empresas. No hace demasiado había que explicar bien en qué consiste el asunto del ‘escape room’, hoy es algo mucho más conocido y se cuentan por miles los burgaleses que ya se han enfrentado al reto contrarreloj de resolver todos los enigmas ocultos en las dependencias de las que hay que lograr salir en (por norma general) menos de una hora.
A comienzos de 2017 había un sólo espacio de ‘escape room’ en Burgos, Myescape. Hoy, esa empresa ofrece hasta cuatro aventuras diferentes (concatenadas por el guión y, al tiempo, independientes entre sí) y está pensando abrir dos más. Mientras, se han estrenado otros dos espacios en la capital y Miranda y Aranda tienen su propia oferta. En el Ayuntamiento se tramitan otras tres licencias ambientales para diferentes versiones de este reto basado en el oxímoron de estresarse para ‘desestresarse’.
Héctor Ramos, dueño de Myescape, empresa que ya emplea a 11 personas y se trasladó en 2017 a una ‘central’ en Lavaderos que pudiera dar cabida a todos sus proyectos, cree que el fenómeno «crece porque es una experiencia muy divertida y, al mismo tiempo, un modelo de entretenimiento intenso», que fue lo que motivó que su oferta fuera «una de las primeras de toda España». Hoy hay más de 800. La receta es conocida: plantear «un trabajo en equipo para, en 59 minutos, poner a prueba tu mente y tu capacidad para resolver rápidamente problemas sencillos, aunque sabemos que cuando nos ponemos bajo presión, nuestro cerebro no tiene la misma capacidad de resolución». En el caso de Ramos, su empresa llevaba años trabajando con proyectos de entretenimiento en grupo para grandes empresas. Haciendo lo mismo que ahora, pero sin una sede fija, así que los recursos los manejaba todos.

Esa manía por encerrarse contrarreloj
Esa manía por encerrarse contrarreloj - Foto: Patricia González
Julio César Cordero, de The Roomhunter (avenida del Arlanzón), abierto en la capital en marzo de 2018, también parte de una condición profesional que es casi una provocación para abrir un ‘escape’. «Soy técnico de teatro y realmente esto funciona con sensores, luces, sonido... Lo mismo que manejo en el trabajo». Se asoció con otro burgalés que tiene otra sala en Bilbao, «donde ya son casi 30 sólo en el centro», y se lanzaron con un reto que utiliza la historia de la ciudad como médula argumental. A saber, la existencia de una orden de custodios de la espada Tizona, que evidentemente será el objeto a encontrar. Eso sí, con la dificultad de viajar en el tiempo, lo que te puede llevar a un Burgos lleno de franceses...
recurso turístico. Explica Cordero que el ‘turismo de escape’ funciona a pleno ritmo. «Más de la mitad de nuestros clientes vienen de fuera de Burgos. Son gente que viene a hacer turismo y que te dicen que incluso han cogido antes la sala de escape que el hotel en el que se van a quedar». Otro ejemplo. La única sala de escape operativa en Miranda de Ebro (una aventura futurista muy exitosa y reconocida en el sector) ya ofrece dos misiones conceptuales (Next Horizon I y II) y está considerada por los usuarios de TripAdvisor como la segunda actividad más importante a hacer desde Miranda. Teniendo en cuenta que el salto del Nervión es la primera, sería lo más atractivo de Miranda, al entender de los usuarios de la plataforma turística.
No es la única ‘aplicación’ de esta alternativa de ocio. Héctor Ramos, que lleva muchos años en contacto con el mundo empresarial, ya ha tenido varias veces a equipos de recursos humanos haciendo procesos de selección en las instalaciones de Myescape. «Meten en las salas a cinco directivos y siguen la partida a través de una pantalla gigante. Así pueden ver cuáles son las aptitudes y actitudes de cada uno. Algunos son líderes, otros se ocultan... Cuando han acabado, se reúnen y deciden», concreta. Tomen nota por si su empresa les invita a pasar un rato con los compañeros.
Esa manía por encerrarse contrarreloj
Esa manía por encerrarse contrarreloj - Foto: Patricia González
En el caso de las cuatro aventuras de Myescape (todas parten de la existencia de un virus con ciertas particularidades), el control de las ‘misiones’ se efectúa a través de un software que se va adaptando al nivel de los participantes, además de ofrecer un modo de juego en tres niveles que permite acudir con niños. En The Roomhunter cuentan que tienen todo tipo de clientes («desde despedidas de soltero a abuelos con los nietos») y que el 70% de sus ‘atrapados’ logra entrar a formar parte de la orden que custodia la espada. El resto tendrán que esforzarse más.
con otras actividades. Tras un proceso de implantación y desarrollo, el fenómenos del ‘escape room’ está evolucionando. Dos de las tres últimas licencias estudiadas en dependencias municipales no se centran únicamente en el juego en sí. Una lo conjuga con un centro virtual de ocio y otra con procesos de aprendizaje (en algunos centros escolares se utiliza para explicar distintas materias, como por ejemplo en el Virgen de la Rosa, que utiliza un juego de escape para impartir la Transición).
Ainhoa González y Verónica Manzón tenían trabajo fijo en la hostelería. Probaron un juego de escape, «nos encantó, fuimos haciendo más y al final...». Al final lo que pasó es que abrieron a mediados de 2017 el primer bar de Burgos con sala de escape (Escape Bar, en la avenida del Vena), facilitando así una oferta inexistente «que te permite tomarte algo antes o después para comentar la partida». La construyeron de forma artesanal, planteando un reto en el que «tienes que tocar todo para descubrir los enigmas y avanzar» para lograr escapar de... Algo. Están satisfechas con la respuesta obtenida a un juego que siete de cada diez grupos no logran superar y creen que el ‘escapismo’ crece «porque es algo diferente en la oferta de ocio para adultos, no es el cine».
De hecho, la analogía más utilizada para definir en qué consiste esta modalidad de ocio está en los videojuegos. En lugar de manejar un ‘yo’ virtual, el jugador está dentro del escenario. En ese sentido, las ‘escape room’ son la materialización de las aventuras gráficas que revolucionaron la industria del videojuego en los años 90. Y no tiene techo. «Todavía está en pleno desarrollo. En Asia hay espacios comerciales llenos de este tipo de juegos y en Japón los están haciendo para periodos de tiempo mucho más cortos», remacha Héctor Ramos.
Que la implantación de la oferta en Burgos no esté siendo masiva ha servido para garantizar la calidad de las propuestas. Una misión de escape parte de un guión en el que la única raíz común es que el tiempo se acaba. A partir de ahí cabe todo, pero no vale todo. Los códigos, secretos, combinaciones y razonamientos que hay que desentrañar deben ser lo suficientemente atractivos y realizables al mismo tiempo como para que el cliente se vaya satisfecho con una experiencia que se suele vivir en grupos de cuatro o cinco personas y tiene un coste de entre 50 y 70 euros (en total). Y también es crucial que los escenarios tengan una ambientación que se aproxima cada vez más al escenario de una gran producción y que ya mira hacia la realidad virtual como próximo reto a conquistar. Pasen y piensen.