Después del coronavirus espera la vida

I.P.
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La familia Aragón Abajo, con tres miembros contagiados, ha superado la enfermedad. Con su madre y su hermano ingresados, Sonia dejó su casa y se aisló con su padre, también positivo. Han sido casi seis semanas duras y de incertidumbre

José Luis y Fidela, juntos de nuevo en casa tras unas semanas en las que ella permaneció ingresada en el HUBU.

Miedo, angustia, incertidumbre, lucha... y por fin el desahogo, las lágrimas que brotan para liberar tanta tensión acumulada durante tantas semanas. Detrás de cada contagiado de coronavirus hay una historia que se engrandece cuando se supera la enfermedad, pero en este caso, el de una familia de Cilleruelo de Abajo, hay muchas, una por cada uno de los que la ha padecido y de quienes estaban alrededor. Por eso hay que contarlas, porque son un ejemplo de sacrificio, de superación y de amor, sobre todo de amor.

Aquí da igual que alguien sea o no cargo público, trabajador, jubilado..., aquí estamos hablando de personas. Hablamos de Fidela Abajo, de José Luis Aragón, de Sonia y de José Luis, sus hijos, pero también de la familia de éste y del pequeño Seán y su padre Dave, que durante casi seis semanas han estado en su casa, alejados de Sonia, que se quedó aislada con el abuelo y a quien, a pesar de los pocos metros que separaban ambas viviendas, no han podido ver, pero a quien el pequeño Seán le pedía, le suplicaba ‘¡mamá, ven a casa aunque me contagies, no me importa!’. Ahora ya ha pasado todo, están bien, recuperándose poco a poco y la vida, con lentitud, va recobrando la normalidad, dictada, aún, por el confinamiento, pero ya al menos en su casa, aunque con la recomendación médica de seguir con mascarillas y guantes y no bajar la guardia.

Todo empezó con fiebre alta de Fidela, la madre de Sonia, dos días antes de decretarse el estado de alarma; los primeros días se especulaba con que podía ser infección de orina porque a pesar de la fiebre no se encontraba mal, pese a lo cual y por precaución, ya se cambió de habitación y se hizo analíticas de orina en el Centro de Salud de Lerma.

En los días siguientes comenzaron otros síntomas, como vómitos y dolor de cabeza, y en el centro de salud se descartó la infección. Cada día se encontraba peor, sin apetito y con unas jaquecas enormes, hasta que finalmente, la médica decide pedir una ambulancia para trasladarla al HUBU, donde quedó ingresada y se confirmó el contagio de covid-19.

(El reportaje completo, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)