"La desunión es la izquierda es falta de generosidad"

A.G.
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Antonio Pérez Serrano fue profesor de Químicas en la Universidad de Burgos. - Foto: Luis López Araico

"El primer gran palo de mi generación, la gran decepción, fue la entrada de España en la OTAN"

Se diría, en principio, que Antonio Pérez Serrano es un tipo de los de Burgos de toda la vida. Tanto, que la primera vez que aparece su nombre en los archivos de este periódico es en 1960 con motivo de su participación en la comitiva de  los comulgantes del Liceo Castilla en calidad, según decía la crónica, de "angelito". Apenas tenía seis años. Sonríe cuando se le cuenta esta anécdota porque le retrotrae a su infancia, una época profundamente feliz con una familia a la que califica de "mixta": su padre era un obrero de Santa Águeda, al que el 18 de julio de 1936 retuvieron por su cercanía al anarquismo, y su madre procedía de un entorno de clase media, de comerciantes, propietarios de la mítica confitería Tudanca de la Plaza Mayor. En el obrador de la pastelería se conoció la pareja y, a pesar de la diferencia de edad, casi diez años, y de la oposición de parte de los parientes, se casaron en 1938 y tuvieron cuatro hijos. Antonio, el pequeño, nació en 1953.
Pero el burgalesismo de pata negra se termina ahí en la biografía de este profesor universitario, ahora ya jubilado. Porque nada de lo que hizo después se iba a ajustar al perfil conservador-conformista de alguien "deBurgosdetodalavida". Más bien al contrario, Pérez Serrano ha formado parte de la minoría que en esta ciudad se mostró rebelde contra las injusticias, además de ser un izquierdista de pro, y ha tenido, por derecho propio, un espacio en el minúsculo grupo que en Burgos prefirió coger la pancarta y levantar la voz a contemplar en una orilla cómo pasaban las manifestaciones. ‘El manifiestos’ dice que le llamaba Valentín Niño, que para él fue más que un alcalde de Burgos. El primer edil estuvo casado con su hermana mayor y afirma que ambos fueron para él como "unos segundos padres" a los que le unió siempre un profundísimo afecto: "Todavía recuerdo -afirma- el mal rato que pasó cuando, siendo él concejal, el alcalde Peña mandó a la Policía a que nos sacara del Pleno por reivindicar el 0,7% para la cooperación al desarrollo".
Pero estamos en los años 60 y Toño es un magnífico estudiante, de los de matrícula de honor, algo que cuenta con mucho apuro y añadiendo que, además, era muy deportista -llegó a jugar de interior en el Atlético Burgalés- y reivindicándose, por tanto, como un ‘no empollón’: "En aquellos tiempos hacíamos mucho deporte y a pesar de mi estatura participé en el minibasket, que se inició en esa época, y con el que hicimos viajes y ganamos campeonatos... También hice balonmano, hockey sobre patines, fútbol...", cuenta este exalumno de Maristas, colegio al que niega la calificación de pijo: "Que me perdonen muchos de mis amigos que iban allí pero los pijos en esa época eran los de Jesuitas, en el Liceo había bastante mezcla, afortunadamente, y era muy poco riguroso en cuestiones sociopolíticas para la época, no recuerdo que nos aleccionaran excesivamente".
Le brillan los ojos cuando recuerda su niñez en aquella ciudad "muy provinciana, llena de curas y militares, pequeña y en blanco y negro" en la que los pantalones cortos le duraron hasta quinto de Bachiller, en la que su primer amor platónico fue una niña de Saldaña que le alegraba el día con solo cruzarse con él y en la que los fines de semana iba a echar una mano a su padre que, además de pastelero, gestionaba el ambigú del cine Calatravas. Ahí sitúa Pérez Serrano el origen de la pasión cinéfila que le ha acompañado toda la vida y la razón por la que no puede evitar que se le salgan las lágrimas y se le ponga un nudo en el estómago cada vez que ve Cinema Paradiso. En aquella sala se escapó en una ocasión de la vigilancia de sus padres para ver, escondido, Carmen, la de Ronda: "Aquella película era una 3-R de la época, es decir, pecado mortal total, con una Sarita Montiel que estaba espectacular, y yo estaba fascinado. Mis padres me estuvieron buscando por toda la sala y a la salida me les encontré en el hall esperándome y ni me castigaron ni me dijeron nada, eran enormes, me  transmitieron siempre un ejemplo de generosidad impresionante". 
Una beca-salario de las de la época le ayudó a llegar a la Universidad de Valladolid a estudiar Químicas en plena ebullición antifranquista, nada que ver con lo que había dejado en Burgos, adonde las inquietudes estudiantiles tardarían en llegar. Al mes de empezar la carrera participó en la primera huelga. Era 1970. En la maleta llevaba ya un compromiso social bastante elaborado y heredero directo de su formación cristiana: "Del Liceo saqué lo mejor de la religión. Fui perdiendo la fe pero me quedé con algo tremendamente positivo: las ideas de justicia, de igualdad y de amor al prójimo". No militó en ningún partido -aunque siempre fue cercano al PCE- pero su actividad fue amplia en las comisiones de estudiantes. Y todo, sin perder la perspectiva académica hasta el punto de que fue uno de los alumnos de los que se daban clase unos a otros para poder presentarse a los exámenes, "una experiencia profundamente bonita". El mismo año que muere el dictador acabó la carrera.
A partir de ese punto biográfico, Antonio Pérez Serrano deja para siempre de hablar en singular y lo hace en plural porque ya estaba con su mujer, Carmen Orozco, también química, con la que lleva 46 años y tiene una hija y un hijo de los que se siente muy orgulloso, y gracias a la cual, dice, ha sido capaz de hacer todo lo que ha hecho en la vida: "Una semana antes de casarnos nos llaman para decirnos que en el colegio universitario de Burgos había dos plazas de ayudantes. Nos vinimos y comencé a dar clases con 22 años y cuatro días. Aquellos meses para nosotros fueron alucinantes, nos casamos, tuvimos trabajo, subida de sueldo el primer mes... y encima se muere Franco: lo celebramos íntimamente con Ángel Esparza y su mujer tomando un vermú con calamares en el Arandino pero recuerdo que fueron días de mucho miedo mezclado con esperanza". 
Enseguida fue representante sindical de los profesores -durante muchos años sería presidente de la junta de personal docente e investigador- y agitador de conciencias con encierros y manifiestos, gracias a los que consiguió muchas mejoras como una que recuerda como un hito: una subida de sueldo "inversamente proporcional", es decir, que la de los ayudantes fue mayor que la de los adjuntos y los agregados se quedaron sin ella. "Aquel Burgos empezaba a ser menos gris, a despertar, incluso aunque los más progresistas no fuéramos demasiados", recuerda sobre los años de la Transición, en los que comenzó a encargarse del cineclub del CUI y pasaron el susto del 23-F: "Fue tremendo pensar que volvíamos otra vez para atrás".
Su actividad político-social, que en esa época ya era frenética -"había mucho por lo que luchar"- se dispara a partir de los 80 con la entrada de España en la OTAN, "el primer gran palo de mi generación": "Aunque yo nunca le voté me había alegrado mucho cuando ganó el PSOE en 1982 y fui a felicitar a mis compañeros Juanjo (Laborda) y Federico (Sanz), también profesores, así que aquello fue una decepción". 
EL TRABAJO POR LA PAZ. Toño Pérez Serrano, que llegaría a dirigir el Aula de Paz y Desarrollo de la UBU, formó parte de la Asamblea Anti-OTAN por la Paz y el Desarme, del Grupo Universitario por la Paz del CUI y del Movimiento de Objeción de Conciencia "a pesar de tener sobre mi mochila el pecado de haber hecho las milicias universitarias, que si hubiera purgatorio allí iría a penar por esto porque soy un antimilitarista convencido, pero, ojo, no soy antimilitares, porque no soy antipersonas" y estuvo en el grupo fundacional de Eirene Cultura para la Paz -que se crea en 1986, justo cuando se votó sí en el referéndum- en el que Virgilio Mazuela, al que recuerda con un afecto infinito, brilló con luz propia: "Mi militancia verdadera, que ha sido siempre en movimientos sociales -donde siempre he estado y donde quiero seguir estando- empieza con mi acercamiento al Ateneo Popular Los Otros, del que surgen todos estos colectivos, y de la mano de Virgilio, una persona extraordinaria".
Ha sido ingente a lo largo de estos 33 años, la labor divulgativa y formativa que sobre los valores de la paz y la no violencia ha hecho Eirene, a pesar de lo cual, Pérez Serrano no encuentra que se haya creado un verdadero poso: "A veces pienso que lo hemos debido hacer muy mal porque no hay manera, mira qué guerras sigue habiendo, qué sociedad tenemos, y no solo en España, sino en el resto del mundo, con la vuelta de la ultraderecha". En este sentido, el ascenso de VOX lo ve "con una sensación de tristeza enorme aunque sabíamos que esas ideas estaban calladas e incluso dentro del partido de la derecha, y es más triste aún cuando vemos que también está pasando en Europa, esa Europa tan deseada por nosotros en los años de la dictadura y la Transición, cuando era el símbolo de las libertades y de la democracia aunque enseguida algunos vimos sus carencias sociales y políticas y pensábamos que España sería un puente con otras políticas que nos gustaban más y que, entonces, venían de América Latina y de las que la gente de izquierdas bebíamos mucho, no hay más que recordar, para los que éramos cercanos a los cristianos de izquierdas lo que significó la Teología de la Liberación".
Es inevitable, tras esta reflexión, hablar sobre la actual fragmentación de la izquierda española, que le duele en el alma, y de la primera vez que Pérez Serrano va a ir en una lista electoral: será en la de Imagina a las elecciones municipales, lo que no le hará olvidar lo que ha sido, es y será siempre su gran militancia, la de Eirene y la de la paz.
 Con la confluencia nacida al calor del 15-M, en la que irá "de relleno", trabajó desde el primer momento de su creación y ha intentado hasta el último segundo que hubiera unidad "porque no podíamos dar esa imagen al votante en una ciudad que aún arrastra, de alguna manera, el lastre de haber sido capital de la Cruzada y todo lo que aquello significó, y en la que la izquierda solo ha gobernado una vez en democracia y gracias a que la derecha se dividió".
La ilusión por hacer "una nueva política" que nació en 2011, y que tanto le recuerda a la de los años de la lucha antifranquista, se vino enseguida abajo. Reconoce que fue  muy temprana su decepción con Podemos -"que no se diferencia en nada de Imagina"- en cuyo ámbito de influencia se integró tras las europeas de 2015 "porque representaba todo aquello por lo que yo siempre había trabajado, por la unidad del espectro ideológico a la izquierda del PSOE, porque el trabajo fuera del mayor número de personas posible y porque se hiciera de abajo arriba", aspectos que, considera, la formación de Pablo Iglesias ha abandonado "convirtiéndose en un partido igual que los otros, justo de lo que yo había huido en los últimos sesenta años".
A su juicio, una de las claves de que existan mil y una opciones de izquierdas, "iguales en lo fundamental", tiene que ver "con la coherencia con unas ideas, pero es que es una coherencia llevada al absurdo, de tal manera que se es capaz de intensificar lo que divide frente a lo que une, lo que no deja de ser una falta de generosidad política".
Y no obstante esta pequeña amargura de idealista de izquierdas, cree que Burgos es un lugar muchísimo mejor que el de su juventud, "con personas de todos los colores" (también estuvo en la creación de Burgos Acoge): "Es una ciudad muy amable -salvando el hecho de que siempre ha gobernado la derecha- con un tamaño humano y muy cómoda para ir en bicicleta". Pérez Serrano intenta ir la mayor parte del tiempo sobre dos ruedas salvo cuando va a jugar al futbito, que lleva coche: " Es otra de mis incoherencias", afirma, entre risas, este declarado militante ecologista que ha llevado siempre su interés por el medio ambiente tanto a su vida privada como a sus investigaciones en la universidad.