"He podido ver a mis hijos por primera vez en 8 años"

R.P.B.
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Para los internos de la prisión con familia en el extranjero el estado de alarma ha supuesto una bendición: la activación de un servicio de videollamadas les ha permitido ver a su gente cuando nunca antes habían tenido esa oportunidad

Said Ahmed ha podido ver a su familia cuando antes sólo había podido escuchar sus voces. - Foto: DB

Puede parecer increíble, pero el doble confinamiento al que se ha visto abocada la población reclusa con el estado de alarma provocado por la pandemia del coronavirus ha sido una suerte de regalo para muchos de los internos, concretamente para aquellos que nunca han disfrutado del privilegio de una visita o un vis a vis por tener a sus familias en países lejanos. ¿La razón? Que tan excepcional situación ha supuesto la puesta en marcha de un servicio del que antes no disponían: las videollamadas. La declaración del estado de alarma provocó un cambio en el status de los centros penitenciarios, con la prohibición de permisos de salida, comunicaciones con familiares  y entrada al centro de personal ajeno al de vigilancia.

"Se quedaron, en cierto modo, aislados en un modelo de cumplimiento de condena que recuerda mucho a tiempos pasados. Lo que más ansiedad genera en la población reclusa es la indefinición temporal. ¿Hasta cuándo esta situación? No poder tener contacto visual con la familia, ni recibir visitas de los diferentes colaboradores o terapeutas; ver truncada una evolución positiva por no poder continuar disfrutando de permisos o de programas que implicaban salidas y regresos al centro es muy duro", explica Víctor Cámara, uno de los educadores y miembro del equipo técnico del Centro  Penitenciario de Burgos.

Por todo ello, señala Cámara, las videollamadas han supuesto "un enorme alivio a una situación de tristeza y tensión. Primero, es algo inédito que se estrena  en una situación excepcional. Algo realmente bueno y novedoso entre tanta restricción. Segundo, permite el contacto visual que alivia los temores y despeja posibles dudas de la situación en que pudiera encontrarse la familia; tercero, acerca a familias que están muy alejadas y que hasta la fecha sólo habían tenido contacto telefónico o epistolar", subraya. Es el caso del somalí Said Ahmed, que lleva recluido desde hace ocho años y medio, exactamente el mismo tiempo que lleva sin ver a su familia. En estos años ha hablado con sus hijos y ha recibido cartas. Pero ni ha podido ver crecer a sus dos hijas mayores ni había visto nunca a su hijo pequeño, que aún no había nacido cuando entró en prisión. "Ha sido maravilloso, increíble. Como sentir que estaba con ellos. No puedo explicarlo con palabras. Me emocioné mucho e incluso lloré. Ha sido realmente emocionante. A diferencia de otros compañeros, que sí han recibido visitas, yo no había podido ver hasta ahora a ninguno de los míos. Fue increíble cómo nos emocionamos al vernos", explica Ahmed.

Ha podido disfrutar de este nuevo servicio en dos ocasiones. Admite que desde el primer momento su vida se ha hecho más llevadera; que esto ha supuesto un feliz estímulo y un alivio. "Ha sido como un regalo, aunque el motivo haya sido por una desgracia como esta maldita enfermedad por la que está muriendo tanta gente. Esto ha supuesto algo importante para mí. Siempre pienso en mis hijos a todas horas, pero ahora, al haberlos visto, los siento aún más cerca. Ha sido muy, muy importante", subraya con insistencia Ahmed, al que aún le quedan cuatro años de condena. Un acicate que le está ayudando a sobrellevar mucho mejor el encierro.

Explica Víctor Cámara que son cientos las conexiones que se han realizado ya en este tiempo por los internos de la cárcel de Burgos. "Se ha procurado extender al mayor número, justificando la solicitud en situaciones de necesidad, pero dando al concepto una interpretación amplia, pues la ansiedad generada por la extensión de la enfermedad creaba una incertidumbre que la videollamada ha venido a paliar". El tiempo de cada conexión se limita a 10 minutos y los números de teléfono a los que se realizan las llamadas están comprobados y autorizados previamente desde el departamento de seguridad. 

No hay indicaciones al respecto de si este servicio ha llegado para quedarse. Para Víctor Cámara, el sistema debería ser retocado si finalmente se implementa a largo plazo, "ya que se ha tenido que poner en funcionamiento con urgencia y, en ciertos aspectos, puede ser mejorable", concluye.