Las asociaciones de padres plantan cara a los recortes

Gadea G. Ubierna / Burgos
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El programa ‘Continuadores’ permite que los niños esperen jugando hasta un máximo de una hora a que lleguen sus padres a recogerlos a la salida de las clases. - Foto: Ángel Ayala

El colectivo del colegio Fernando de Rojas ha asumido la gestión del servicio 'Tardes en el Cole', que la Junta suprimió en octubre

Las continuas supresiones de servicios y de recursos en materia educativa, así como los cambios en las condiciones en que se prestan, están obligando a las asociaciones de padres a movilizarse como nunca para garantizar que se mantengan los mismos servicios en los colegios y, sobre todo, para facilitar las cosas a las familias, que bastante achuchadas están. A comienzos de este curso, los padres del colegio del Círculo sorprendieron con un banco de libros y de uniformes que funcionó muy bien y ahora, aunque por motivos distintos, son los del Fernando de Rojas quienes han tenido que tomar el relevo de la Junta «a la fuerza», dicen, para poder mantener el programa ‘Tardes en el cole’, también llamado ‘Continuadores’.
Este programa consiste, básicamente, en contratar a un par de monitores durante un tiempo máximo de una hora para que quienes no pueden llegar a recoger a los niños a la hora en punto, puedan estar tranquilos en los diez, quince o veinte minutos que tardan en estar en la puerta del centro. Este servicio fue gratuito desde su puesta en marcha hasta el comienzo de este curso, cuando se estableció una tarifa de 25 euros por niño y, a mediados de octubre, se decidió suprimirlo en todos aquellos colegios que tuvieran plazas libres en el comedor. La Consejería de Educación alegó que, al fin y al cabo, el programa Continuadores y el comedor eran coincidentes en el tiempo y que los padres que no pudieran estar justo en el momento de la salida, podían resolver el problema dejando a los niños en el comedor.
Sin embargo, que un padre o una madre necesiten diez minutos para llegar del trabajo a la puerta del colegio no significa que estén obligados o que quieran que sus hijos coman en el colegio todos los días, por lo que este ‘dos por uno’ que propuso la Consejería no convenció a la asociación de padres y decidieron tomar cartas en el asunto. «No necesitamos pararnos a pensar si queríamos hacerlo o no, pero tampoco tuvimos tiempo para hacerlo porque avisaron con muy poco tiempo de la supresión. Simplemente, pensamos que si estamos aquí es para solucionar problemas», explica la tesorera de la Asociación de Madres y Padres del Fernando de Rojas, Begoña Martínez.
Así que en los pocos días que pasaron entre el anuncio de la supresión y la fecha límite, la asociación contactó con la empresa que estaba prestando el servicio para la Junta de Castilla y León y llegaron a un acuerdo para mantenerlo en las mismas condiciones. «Cuesta lo mismo, se hace en el mismo sitio y son las mismas horas de servicio», apunta el vicepresidente, Juan Jesús Gigante, destacando que a la asociación «no le quedó otro remedio» que hacerlo como una actividad extraescolar más. Así, en total hay 20 niños apuntados y cada uno de ellos paga 25 euros al mes por estar vigilado en el tiempo que transcurre desde que acaban las clases hasta que llegan sus padres a recogerlo. La única diferencia que hay con respecto al programa que pagaba la Junta es que los padres interesados en que sus hijos lo empleen tienen que estar apuntados a la asociación. «Como en cualquier otra actividad que realice la asociación, es lo mismo», explican.
Noviembre fue el primer mes en el que el colectivo tuvo que hacerse cargo del servicio y explican que en los meses en los que no hay festivos ni puentes pagan «un poco más» de lo que ingresan, pero en los que hay días festivos o vacaciones no tienen problema, aunque insisten en que todo depende porque la empresa pasa las facturas en función de las horas de trabajo de los monitores contratados. En este caso, al ser más de 18 niños, se exige que haya dos vigilantes, pero en la asociación destacan que ellos en cualquier caso hubieran contratado dos para mayor seguridad. «Si le pasa algo a un niño y el monitor tiene que marcharse con él, ¿qué hacen los demás?», comentan. Así, en esos quince, veinte o incluso media hora que los menores tienen que esperar a sus padres, pueden estar jugando bajo techo y no aguantando en la calle hasta que lleguen sus familiares.
No pueden hacer lo mismo los menores de otros cinco colegios de Educación Infantil y Primaria de la provincia que, al tener menos de diez niños inscritos, se quedaron sin servicio directamente. Y no en todos los casos puede asumir la organización la asociación de padres.