El Caso, en la tele: la nostalgia positiva

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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La profesora de la UBU Isabel Menéndez analiza la serie que reivindicó el periódico de sucesos en el libro 'Con el franquismo en el retrovisor. Las representaciones culturales de la dictadura en la democracia'

El Caso, en la tele: la nostalgia positiva

Seguramente que la recuerdan. Se estrenó en marzo de 2016, tuvo buenas audiencias, varios premios y fue una de las primeras que incorporaron el modelo transmedia que luego se ha utilizado de forma profusa, es decir, que sus historias trascendieron la pequeña pantalla y ofrecieron al público una participación interactiva a través de las redes sociales creando una legión de fieles fans. Se tituló El Caso. Crónica de sucesos y estuvo protagonizada por Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez con la participación de Fernando Cayo, Natalia Verbeke y María Casal, entre otros, que recrearon la España de los años 60 a través del que se llamó ‘el periódico de las porteras’ pero que tuvo tiradas nunca alcanzadas por las publicaciones consideradas serias y esquivó mejor que ellas a la censura.

Ahora, esta ficción ha sido objeto de análisis en el libro de varios autores Con el franquismo en el retrovisor. Las representaciones culturales de la dictadura en la democracia (1975-2018), editado por Iberoamericana Verbuert en su serie La Casa de la Riqueza. Estudios de la Cultura de España y que es fruto de un congreso celebrado en la Universidad de Gante, en el que participaron los autores y autoras del resto de artículos que lo componen, que abordan asuntos como la poesía de los niños de la guerra, la memoria de la vida cotidiana en la posguerra de Carmen Martín Gaite, el barrio como lugar de memoria en Un día volveré (1982) de Juan Marsé, o El retrato de la primera posguerra en Madrid 1940 (1993), de Francisco Umbral.

La profesora de la Universidad de Burgos Isabel Menéndez, directora también de la Unidad de Igualdad de la institución, ha diseccionado este producto televisivo, que, según su opinión, «ofrece una política de la memoria que podríamos denominar nostálgica, en el sentido de recuperar un imaginario positivo, algunas veces mitificado, del ejercicio de una profesión siempre controvertida en una época compleja y en un medio de comunicación paradigmático como fue el semanario El Caso». A su juicio, la serie no solo legitima aquel periódico mirado por encima del hombro por otras cabeceras y ninguneado por la academia -no forma parte, aún hoy, de casi ninguna historia del periodismo español- sino que, incluso, lo repara y al mismo tiempo hace una crítica sobre un periodo de España «caracterizado por el machismo, la homofobia o la ausencia de derechos fundamentales como la libertad de expresión (…) una crítica que puede parecer en ocasiones superficial, pero que hay que situarla en el marco de un producto de entretenimiento, con un dramatismo muy contenido, pensado para un público mayoritario y un consumo familiar».

Con respecto al imaginario positivo en  el que se sustenta El Caso. Crónica de sucesos, Menéndez pone el foco, sobre todo, en la forma en la que están dibujados los personajes femeninos, donde encuentra, además, algunas de las pegas que le pone desde un punto de vista del análisis de género. Y es que en la serie las mujeres de la década de los 60 aparecen mucho más emancipadas de lo que realmente estaban, empezando por su presencia en los medios de comunicación, que en aquella época, si bien empezaba a arrancar, era apenas simbólica. «La representación que se construye sobre las mujeres en general y las periodistas en particular es más una aspiración que una realidad pues, aunque se inspira en algunos personajes reales (como la famosa reportera de sucesos Margarita Landi), el ejercicio de memoria que se propone está idealizado desde una visión contemporánea que, debido al empuje feminista, asume la necesidad de visibilizar a las mujeres de una manera positiva y autónoma, construyendo personajes que son muy bien recibidos por las audiencias actuales pero que, desde el punto de vista de la realidad histórica, presentan menor grado de verosimilitud». 

También llama la atención de la autora que la coprotagonista no sea la actriz que interpreta al alter ego de la gran Margarita Landi, que tendría todo el sentido, pues era una profesional de larga experiencia, sino una joven reportera que empieza, y hace alguna elucubración de las razones que pudieron llevar a esa decisión: «Quizá para buscar cierta tensión sexual (aunque no parece que ambos personajes estén destinados a cruzar sus proyectos sentimentales), como rutina habitual del discurso audiovisual que construye parejas desequilibradas desde el punto de vista de la edad y la belleza o, simplemente, para complacer la mirada mainstream, el hecho es que en El Caso. Crónica de Sucesos se reproduce cierto sexismo y prejuicio etario al  poner a una chica joven y guapa en lugar de a la reportera experimentada».

Un periodismo que ya no existe. Por otro lado, la obra, afirma la profesora, reconstruye un relato nostálgico sobre un periodismo que ya no existe «protagonizado por profesionales íntegros que pelean para sacar la verdad a la luz» y coloca a la censura como otro de los protagonistas de la serie que, aunque tratada «con cierto aire naif y muchas veces de manera cómica, es un telón de fondo que deja claro cómo era el trabajo informativo sometido a la censura previa».

La producción es, a su juicio, «un producto de mucha calidad, gran factura técnica, excelente trabajo actoral y, en definitiva, muy bien construido en el plano técnico y artístico», y desde el punto de vista de la memoria «constituye un relato que, aunque quizá excesivamente nostálgico, recupera y repara la historia sobre derechos fundamentales como el ejercicio de la libertad de información y sobre las libertades individuales de las mujeres, a las que ofrece papeles relevantes y definidos desde la autonomía personal y profesional».