Mayra Alpízar expone su trabajo textil en el Consulado

A.S.R.
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La artista cubana Mayra Alpízar repasa su trayectoria en 'Hilando fino', una exposición en el Consulado del Mar que reúne sus obras, centradas siempre en el discurso feminista, desde los noventa a la actualidad

Mayra Alpízar posa junto a la escultura ‘Yurisleidys’ y delante de los tapices ‘Tres meses de gracia sobre un cordel’ (i.) y ‘Los amantes’. - Foto: Luis López Araico

Tricota la invisibilidad histórica de la mujer, borda con hilo pop las emociones de un amor de juventud, hilvana rebeldes delantales con humor e ironía, cose con encaje la coquetería y la generosidad de sus vecinas... Mayra Alpízar es una artista a una aguja y a un dedal pegada y ahora hila fino para desovillar su trayectoria en el Consulado del Mar en una exposición que permanecerá abierta hasta el 8 de julio.


«El hilo conductor es el género. Todo tiene que ver con el discurso y las vivencias feministas, siempre desde el punto de vista de la mujer, que es el mío. A partir de ahí trato distintos temas por experiencias que voy acumulando y que en un momento saltan. Nada es gratuito, todo está razonado, intento que el tapiz sea más que un elemento decorativo», resume la creadora cubana, que realiza una retrospectiva de su obra tras haberla mostrado en anteriores ocasiones en Espacio Tangente, donde llegó por primera vez tras un encuentro de artistas en el Valle de Valdivielso.


Comparte vivencias íntimas, reivindica el lugar que le pertenece a la mujer en la sociedad, aplaude su lucha, refleja el momento social que vive y se quita el sombrero ante colegas admirados.


Articula todo esto en series. Hilando fino, que da título a la exposición, es la más social, la que mira hacia fuera, la que denuncia la utilización del cuerpo de la mujer, su maltrato, los fantasmas que la amenazan, la oscuridad que la rodea... El sarcasmo viste delantal en Si Aristóteles hubiera guisado, que tira del lamento de Sor Juana Inés de la Cruz, a la que reprimieron su necesidad de expresión y creación, una coerción de libertad que perdura hasta la actualidad a la que burla Alpízar en una colección que utiliza el mandil como soporte metafórico. Por libre va Avío de pesca, una pieza que teje una red con sujetadores con la que aboga por el derecho de la mujer a seducir, a flirtear y a coquetear sin que la tachen de nada ni miren mal, y para la que, «ante las carencias de Cuba», tuvo que pedir «con pudor y temor» sostenes a las amigas y vecinas, a las que luego se sumaron otras españolas. Emotiva se pone en Eva sobre el tapiz, la más autobiográfica, en la que deshilacha su intimidad con, sobre todo, un imponente collage (Tres meses de gracia sobre un cordel) que narra una historia de amor de juventud con un aire pop y a golpe de verso de Tagore. Y una mirada al mundo del arte y una suerte de homenaje a sus referentes dentro de él (Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe, Goya...) es Rota y remendada, donde la protagonista es la propia tela.


El recorrido abarca desde los años noventa a la actualidad, aunque sus primeras puntadas en el arte textil se producen en los ochenta. Más de veinte años en los que su trabajo ha evolucionado. «Uno va madurando y entra la constancia, la perseverancia, la paciencia, el razonamiento de las cosas, la búsqueda de la belleza entendida en el sentido amplio no solo en el de bonito, aspectos todos que tienen también mucho que ver con la mujer», reflexiona en medio de la sala con un neceser por el que asoman sus pequeños bártulos y ese hilo que ciñe su vida sin fin.