Mapas de Burgos y Miranda para una potencial invasión aliada

R. Pérez Barredo
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Estados Unidos desclasifica la cartografía elaborada por los británicos para una posible respuesta militar en el caso de que España se hubiese sumado al conflicto junto a las potencias del Eje

El exagente de inteligencia Ian Fleming, durante su etapa como escritor. - Foto: DB

Winston Churchill no las tenía todas consigo. La situación estratégica de España no dejaría de constituir un motivo de preocupación para los aliados durante toda la II Guerra Mundial; por más que la postura fuera de neutralidad primero, y de no beligerancia después, Franco simpatizaba con Hitler y Mussolini. ¿Y si, en un brusco cambio de timón, España se sumaba a las potencias del Eje? El primer ministro británico, tan previsor como buen estratega, había padecido un duro revés frente a los nazis en Noruega por culpa, esencialmente, de la cartografía: sin apenas mapas actualizados sobre el país nórdico, la aviación británica se vio perdida, incapaz de fijar objetivos. Churchill no quería más errores. Así, en 1940, para acometer la actualización de una cartografía que se había quedado obsoleta y que se antojaba clave para el devenir de la guerra, el líder británico ordenó la creación del ISTD (Inter-services Topographical Departament), que debía proporcionar a los aliados nuevos mapas, planos e informes de las zonas de guerra susceptibles de ser escenarios de operaciones militares.

Las personas encargadas de dirigir este servicio topográfico fueron John Henry Godfrey, contralmirante director de la Inteligencia Naval Británica, y su asistente personal y mano derecha, a la sazón capitán de fragata: Ian Fleming.Sí, el mismo que años más tarde se convertiría en exitoso novelista gracias a uno de los más célebres personajes de ficción -literaria y cinematográfica-: James Bond (al parecer, Fleming se inspiró en su jefe para crear el personaje de M). Entre ambos pusieron en marcha el ISTD, con magníficos resultados. Y con una obsesión: España, país geográficamente clave en el teatro de operaciones de la contienda. Así, la inteligencia británica se afanó por conseguir planos de España para el ISTD: lograron hacer acopio de la cartografía que los republicanos habían manejado durante la Guerra Civil Española, así como la que realizaron sobre este país italianos y alemanes. Igualmente, emplearon muy bien la información de todos los espías que, durante la contienda española, se desplegaron por las ciudades más importantes (Burgos fue nido de espías; en la capital castellana estuvieron, por ejemplo, Kim Philby y Tom Burns, entre otros). Y completaron toda aquella información con las fotografías aéreas de los vuelos de reconocimiento que la Royal Air Force realizó sobre la vieja piel de toro desde Gibraltar.

En total, los aliados cartografiaron 50 ciudades españolas. Burgos y Miranda de Ebro están en la lista. Sus mapas han sido recientemente desclasificados por Estados Unidos, y toda la documentación está en posesión de las universidades de Texas y Princeton y puede consultarse online. Como puede observarse en el plano de la ciudad de Burgos, están perfectamente identificadas las construcciones militares, que en aquellos primeros años cuarenta abundaban: todos y cada uno de los cuarteles (barracks, en inglés) están señalados.

(Toda la información y los mapas, hoy en la edición impresa)