Siete y Cáritas en la buhardilla

ANGÉLICA GONZÁLEZ
-

El confinamiento y el estado de alarma que ha provocado la COVID-19 no es igual para todas las familias. La de Albania y Edy -los dos en paro y con la única ayuda de la ONG- se apaña en 50 metros cuadrados

Edy, Albania y sus cinco hijos posan en el sofá de dos plazas que está en el centro de su pequeño salón. A pesar de las estrecheces y el incierto futuro el ánimo de la casa es alegre y tranquilo. - Foto: Valdivielso

GALERÍA

Siete en una buhardilla

No llegará a 50 metros cuadrados la buhardilla en la que viven Virginia Albania Jiménez de Álvarez y los seis miembros de su familia y en la que todos están absolutamente confinados desde el pasado 14 de marzo. Nadie, salvo la madre, sale a la calle, y aunque su presente y su futuro son más bien desalentadores el ánimo general es muy optimista y aún les quedan ganas de cantar y de rezar. De hecho, la iglesia será el primer lugar al que vayan todos juntos, según afirma contundente Albania, que organiza su minúsculo hogar con mano de hierro.

La limpieza a la que somete a la pequeña casa es tan contundente que dos pisos antes de llegar ya se percibe el olor a lejía y jabón. «El que diga que se está aburriendo en estos días es que limpia poco. Yo cada vez que entro o salgo repaso todo muy bien, la ropa, las manos,  los zapatos porque ninguno estamos enfermos y quiero que esto siga siendo así», afirma la jefa de la casa.

Esta familia, que llegó a España en agosto del año pasado desde Santiago de los Caballeros (República Dominicana) buscando un futuro mejor dice que sí que lo ha encontrado, a pesar de que los dos adultos acaban de perder los precarios empleos que tenían -ella trabajaba de empleada doméstica unas horas al día de lunes a viernes y él haciendo chapuzas en electricidad aunque nunca más de tres meses seguidos- y tienen que depender de Cáritas para comer porque, literalmente, no tienen ningún ingreso. Les preocupa también que los recibos del la luz y el agua, que hasta ahora tienen al día, y del alquiler se empiecen a amontonar si el confinamiento se alarga más de la cuenta aunque ya han recurrido a los servicios sociales municipales por indicación de los trabajadores sociales de la entidad de la Iglesia Católica: «Aún con todo estamos mucho mejor que en nuestro país», repite Albania mientras su tropa no para de reírse ante el estupor de los periodistas por sus nombres. El padre, cuya familia entera también está en Burgos, es Tirso Maldoqueo, pero todo el mundo le conoce como Edy, razón por la que los hijos se llaman Endry, Elbania Indoleska, Eudy, Edibania y Elvery.

La cuarentena se está pasando en esta casa entre los deberes del colegio Jesús Reparador, que le llegan a la madre a su móvil  -"es difícil que se concentren y que trabajen como en el colegio porque hay muchas tareas que yo no entiendo y echo de menos cuando podían ir al apoyo escolar"-, las oraciones, la música, la tele y los juegos en familia: "Al futuro le pedimos que Dios nos dé mucha salud y progresar, que nos ayude a conseguir lo necesario para salir adelante con nuestro trabajo".