Y luego llega el toro y lo descompone

Leticia Ortiz
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La gran asistencia de público es la mejor noticia de una Feria en la que sobresalieron Pinar y El Fandi, pero que estuvo demasiado lastrada por el escaso juego de los hierros anunciados

Y luego llega el toro y lo descompone - Foto: Jesús J. Matías

Si el primer año de Tauroemoción al frente del Coliseum estuvo marcado por el buen juego ganadero en líneas generales, en este segundo, la moneda le salió cruz a la joven empresa dirigida por Alberto García. Y eso que los hierros eran prácticamente los mismos que los del abono anterior -a excepción del Pilar-, precisamente porque se lo habían ganado en el ruedo. Pero, como reza el aforismo taurino que un aficionado más veces escucha a lo largo de su vida, «de toros no entienden ni las vacas». Quizá por lo imprevisible esta Fiesta es tan grande.
De hecho, las ganaderías anunciadas, así como las combinaciones de toreros, llevaron a mucha gente a los tendidos de la plaza, más que en la campaña precedente. Esa es la mejor noticia de la Feria porque demuestra que la Tauromaquia está muy viva en Burgos. Cuando las cosas se hacen bien, la gente suele responder luego, como ha quedado demostrado. Los carteles, según Tauroemoción, tenían alicientes cada día, con los triunfadores del pasado año, los jóvenes y los burgaleses como grandes pilares del serial, y los tendidos del Coliseum han acabado dando la razón a la empresa gestora del coso, con una media de asistencia que en otras plazas de similar categoría solo pueden soñar. Y eso que, como clamaban los críticos, faltaban las figuras. Quizá, precisamente, estemos asistiendo a un cambio de era en el toreo y lo que acaban sobrando de los carteles son esos diestros con más de 15 años de alternativa que ya no concitan el interés del público.
«El hombre propone, Dios dispone y luego llega el toro y lo descompone», asegura otro de esos refranes que se utilizan mucho en la Fiesta porque, por desgracia, se suele cumplir. Pero, pese a ello, la Feria deja un puñadito de nombres que no se deben olvidar. En lo alto del podio, aunque solo sea por número de trofeos, aparecen El Fandi, que renovó su idilio con El Coliseum, y Rubén Pinar, premio Rafael Pedrosa al triunfador del abono, que cayó de pie en su debut de Burgos.
Como el granadino y el albaceteño, Toñete (reconocido como autor de la mejor estocada del serial) y Lea Vicens (galardonada como la rejoneadora más destacada) abandonaron a hombros la plaza.
Con una oreja se fueron de Burgos Sebastian Castella, Cayetano, Leonardo Hernández, Óscar Borjas, y un genial Antonio Ferrera que, más allá del trofeo, dejó un trasteo para el recuerdo que recibirá en su día el premio a la mejor faena del abono. 
No puntuó, en cuanto a trofeos se refiere, Pablo Aguado, que tuvo que aguantar sobre sus hombros con la responsabilidad de sustituir al gran aliciente de la Feria, Roca Rey, baja de última hora por una lesión en el hombro. La taquilla no se resintió por el cambio, más bien al contrario, y el sevillano dejó los detalles más toreros del serial en forma de unos naturales eternos.
En la nómina de triunfadores aparece también la ganadería de Román Sorando, la única que se salvó de un serial que dejó las decepciones de los hierros de Victorino Martín -aunque Escripio, el gris que saltó en quinto lugar al Coliseum el domingo 30 ha sido designado como el más destacado- y Antonio Bañuelos. Emilio de Justo y José Garrido no tuvieron suerte con sus lotes, pero dejaron ganas de volverlos a ver. Tampoco estuvo afortunado en el sorteo matutino Morenito de Aranda, al que, además, se le vio un tanto perdido. Encontrará el camino, seguro. Con más pena que gloria se despidió El Cid de Burgos, mientras que Perera fue, en cuanto a toreros, la mayor decepción de una Feria que apuntaba más de lo que fue.