Vivir en las calles de la urbe más rica de Brasil

EFE
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Más de 24.000 personas carecen de un techo en Sao Paulo debido a la falta de empleo, sobre todo entre los migrantes

Vivir en las calles de la urbe más rica de Brasil - Foto: SEBASTIÁƒO MOREIRA

Djalma Salles tiene 24 años. Huérfano y natural de la empobrecida región de Bahía, se mudó a Sao Paulo en 2011 en busca de trabajo, pero pronto se encontró viviendo en las calles de la ciudad más rica de Brasil. Como Salles, unas 24.000 personas carecen de un techo fijo en la mayor urbe de Sudamérica, donde los considerados sin abrigo han aumentado en un 53 por ciento en el último lustro.
A los 13 años, este joven ya trabajaba en una obra en su ciudad natal, Ilhéus. Sin embargo, ante la falta de perspectivas laborales, lo dejó todo atrás y buscó fortuna, hasta darse de bruces con la realidad.
«Cuando estás en la calle, tienes hambre y frío. Te sientes humillado porque si quieres un plato de comida tienes que pedírselo a alguien», relata.
Vivir en las calles de la urbe más rica de BrasilVivir en las calles de la urbe más rica de Brasil - Foto: SEBASTIÁƒO MOREIRASegún un censo realizado por la Alcaldía, 24.344 personas carecen de vivienda en la megalópolis que alberga a unos 12 millones de habitantes. Diversas ONG, no obstante, apuntan que el número podría ser mucho mayor, ya que el estudio no considera chozas construidas de forma improvisada en la calle.
Salles logró pasar de las aceras a los centros de acogida. Desde el pasado octubre, vive en el Arsenal de la Esperanza. El albergue acoge a 1.150 hombres por un período medio de cinco meses. El sexo masculino es el más golpeado por el aumento de la indigencia.
Salles duerme en una habitación con 150 personas. Durante el día, realiza un curso de construcción civil, con el que espera arrancar su propio negocio y conseguir trabajo.
Igualmente anhela un futuro mejor su compañero Paulo Albuquerque, de 33 años y que solía ser vigilante nocturno en un pequeño municipio de Bahía.
En sus primeros meses en Sao Paulo, Albuquerque solía recorrer las calles de la ciudad en búsqueda de un techo para pasar la noche, pues no podía pagar un alquiler ni contaba con una plaza fija en un albergue.
Para el director del Arsenal de la Esperanza, el cura Simone, son muchos los factores que pueden llevar a una persona a vivir en las calles. La falta de empleo, sobre todo entre los migrantes, es el principal, pero el sacerdote destaca también los problemas familiares y las adicciones a las drogas y el alcohol. «Hay mucha indiferencia por parte de la sociedad. Y muchos no saben reaccionar y se refugian en situaciones extremas».
Pero el sacerdote matiza que no todos de los que viven en las calles lo hacen por necesidad. «Mucha gente está en busca de algo, que no es necesariamente solo trabajo, a veces es un sentido en la vida», asegura.
Es el caso del poeta Ricardo García, que vive desde octubre de 2018 en una tienda de campaña enfrente del Museo de Arte de Sao Paulo, ubicado el emblemático distrito financiero de la ciudad. Agrega que «no pasa necesidades» tras abandonar su antigua profesión de pintor. Considera, eso sí, que lavar la ropa es su mayor desafío.
Mientras García declama un poema, ejecutivos apresurados van a sus trabajos inmersos en sus móviles, aparentemente indiferentes a los hombres y mujeres que duermen acurrucados en cajas de cartón para protegerse de la lluvia. «La calle te da y te quita, pero a veces te ofrece una salida. Se ama y se apalea.  La calle es de los fuertes, la calle es de la muerte», sentencia.