Las lluvias y el calor contribuyen a duplicar la miel

S.F.L.
-

Apicultores burebanos prevén que las condiciones actuales del monte les permitan sacar hasta 27 kilos por colmena

Avispa asiática reina (d.) y obrera aniquiladas por los bomberos voluntarios de Oña. - Foto: S.F.L.

Un invierno especialmente cálido y una primavera húmeda han provocado un importante aumento de la población de la gran mayoría de las colmenas de abejas de productores burebanos, que calculan que si el clima se mantiene y durante los meses estivales no se produce sequía, la producción de miel llegará a duplicarse con respecto a otros años. Con las suaves temperaturas registradas desde octubre hasta la actualidad y la escasez de heladas fuertes los insectos han llegado a mantener en algunos casos la cría, cuando en una anualidad común el frío interrumpe la crianza entre tres y cuatro meses.
Álvaro Martín, un productor burebano, asegura que este año hay más insectos que otros anteriores y explica que en abril ya ha partido colmenas, una acción que suele llevarse a cabo en mayo, con el fin de sacar población para formar nuevas colonias. «He apartado crías y de una he sacado tres, con aproximadamente 8.000 miembros en cada una», declara.
A día de hoy, los insectos se encuentran a pleno rendimiento y pese a que normalmente el producto que elaboran se recoge a partir de septiembre, hay apicultores que disponen de explotaciones de las que hacen más de una cata en junio o julio. «Esta campaña viene buena y podremos llegar a extraer hasta 27 kilos de miel por abejar, casi el doble que el año anterior», manifiesta María Cruz Hortigüela, una apicultora de Frías. No obstante, la producción no está garantizada al cien por ciento, puesto que un verano con escasez de lluvia puede provocar que las colonias no encuentren comida en el campo debido a la inexistencia de flores con polen y no puedan fabricar miel o incluso que muchos miembros mueran de hambre.
 La buena climatología de los últimos meses también ha generado que enjambres de abejas se acomoden en el centro de los pueblos, un hecho atípico. Se han dejado ver en escaleras, fachadas, ventanas y algunos vecinos achacan el extraño comportamiento animal al confinamiento provocado por el coronavirus. Un ciudadano fredense ha difundido en una red social una imagen en la que se veía a un gran grupo de insectos sobre una pared del casco histórico de la ciudad. Aseguraba que los apicultores que se habían hecho cargo de su retirada comentaron entonces que los insectos presentaban comportamientos «un poco raros» y que los atribuían «a la prematura floración».
Este periódico ha contactado con algunos profesionales y, en efecto, reconocen que nunca habían visto tanta cantidad de enjambres por los pueblos. «Hemos quitado tres en pocas semanas», aclara Hortigüela. Igualmente, recalca que el hecho de que la vida en las calles haya permanecido prácticamente muerta durante dos meses como consecuencia de la COVID-19 no es un motivo claro para afirmar que los insectos actúen de esta manera. Martín, un apasionado del mundo de la apicultura que cuenta con 14 colmenas en Cereceda, asegura que el clima tiene la respuesta a todas las preguntas. Las temperaturas están siendo las perfectas y el monte presenta unas «condiciones óptimas para el desarrollo de las funciones de las abejas, que se han hecho muy fuertes y no han parado la actividad», detalla.
Asimismo, la extraordinaria floración que se ha experimentado este año en los campos de la comarca burebana ha llevado a las zonas rurales a multiplicar sus aromas más agradables y su policromía. «He comprobado como en febrero las abejas se han alimentado de flores de avellano, que generalmente se pierden porque el frío quema las yemas. Traían bolas enormes de polen a las colmenas. Esto también genera que este año broten más avellanas ya que los insectos se encargan de la polinización y juegan un papel vital en el mantenimiento de los ecosistemas», añade el productor.
No obstante, la población de la abeja común corre riesgo con la invasión de la avispa asiática, ya que cada temporada aniquila grupos enteros. «Son una amenaza para la flora y fauna y es importante eliminarlas», recalca el apicultor.
LA LABOR FUNDAMENTAL DE LOS BOMBEROS.

El vaticinio de los especialistas en la avispa asiática que formaron a los bomberos voluntarios de la comarca burebana hace unos años sobre la llegada de este depredador se cumplió. Entre las salidas de emergencia que realizan cada año, un alto porcentaje corresponde a la retirada de nidos de este insecto y de enjambres de abeja. La presencia de la especie invasora extremadamente agresiva con las abejas productoras resulta una fatal noticia para los apicultores de la zona, que ya han comprobado como sus varias explotaciones han quedado diezmadas.
Los bomberos de Briviesca, que curiosamente no atendieron ninguna llamada de emergencia durante el mes de abril, han acudido en menos de treinta días a quitar 18 nidos y enjambres. Los de la villa condal tan solo cinco. Cada vez que reciben un aviso del 1-1-2 se preparan para enfrentarse a un enemigo, normalmente con miles de ejemplares a la vez. «Hay que actuar rápido, con cautela y colocarse el atuendo correctamente», manifiesta uno de los profesionales. Asegura además que son muy agresivas, que las picaduras pueden resultar «terriblemente peligrosas» y que las exterminan con veneno.