El bosque encendido de Tino Barriuso

R.P.B.
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Tino Barriuso protagoniza la jornada cultural del sábado con la presentación de su poemario póstumo y del libro ganador del premio que lleva su nombre

El bosque encendido de Tino Barriuso - Foto: Miguel Á?ngel Valdivielso

En cualquier súbita esquina, en pleno asedio del mar o en lo más hondo de un bosque: la luz de Tino Barriuso brillará siempre como un alada paloma por más que el calendario se empeñe en recordarnos su ausencia, esa orfandad que aún araña almas y corazones y que hace esta ciudad más gris y desabrida. Después de que se fuera con la misma elegancia con la que vivió, hace exactamente hoy dos años, el irrepetible, el gran poeta burgalés sigue tan presente o más que nunca. Sus fieles lectores gozan desde ayer del enésimo regalo del maestro: En lo hondo del bosque una luz nueva, un poemario extraordinario en el que late de principio a fin la hondura y la belleza que hicieron de Tino Barriuso un poeta universal; pero este regalo tenía, como aquellos audaces sonetos que él esculpía con música celestial, un estrambote: otro libro, que no es sino el producto de la memoria y del legado del maestro. Se trata de Edad, obra que inaugura el Premio de Poesía Tino Barriuso que impulsa Diario de Burgos y publica Hiperión y cuyo autor, Rodrigo García Marina, recogió ayer de manos de manos del director de este periódico, Raúl Briongos.
«Tino siempre nos ayudó y nos hizo mejores, y creímos que la mejor manera de homenajearle era a través de la poesía pero con un vínculo con la juventud», explicó Briongos durante la presentación del poemario ganador ante la presencia de familiares y amigos del poeta, que llenaron la carpa principal de la Feria del Libro. El director de DB destacó la cantidad y la calidad de los trabajos presentados en la primera convocatoria a la vez que anunció la que las bases de la segunda se harán públicas en breve. Eduardo Fraile, poeta, editor, amigo de Tino y presidente del jurado celebró el «maravilloso embolado» de estar al frente de un certamen que, dijo, ojalá hubiera existido cuando él daba sus primeros pasos en el proceloso mundo literario. Rodrigo García Marina, flamante ganador del I Premio Joven de Poesía Tino Barriuso se mostró emocionado por recibir un galardón que, aseguró, constituye una gran «responsabilidad» por cuanto lleva el nombre de un poeta tan grande. Luego de explicar el germen de la obra, leyó varios de los poemas para concluir honrando a Tino Barriuso con el maravilloso soneto que abre En lo hondo del bosque una luz nueva.
el lugar que merece el poeta. Luis Ángel Conde, gran amigo del maestro, leyó unas palabras escritas por el gran Paco Castaño, hermano en tantas cosas de Tino, y Eduardo Fraile hizo lo propio con el espléndido artículo que Óscar Esquivias, ausente ayer en el acto por motivos familiares, publica en la edición de hoy de este periódico («El parque de Tino está lleno de pájaros, cuyos trinos se oyen ya desde el primer poema»), para después dar algunas pinceladas del nuevo libro de Tino. «Es un gran libro», sentenció. «La poesía de Tino viene de Fray Luis de León, de San Juan de la Cruz, de Garcilaso, de Machado, de Juan Ramón Jiménez. Yo me pregunto hoy: ¿qué lugar ocupa Tino Barriuso en la poesía española? Tengo la sensación de que se nos ha escapado sin que se reconociera su grandeza.Ojalá el tiempo acabe poniendo su figura y su obra en el lugar que merece», apostilló.
El emotivo acto se cerró con música, con la maravillosa interpretación que Marta Barriuso, hermana de Tino, hizo del poema ‘Candela está mirando a Marisol’, acompañada por Mariano Mangas, Jorge Jiménez y Álvaro Barriuso. Una delicia para todos los asistentes, que acompañaron a la familia Barriuso y que, posiblemente sin ser conscientes ello, hicieron carne y verdad ese verso inmortal de Luis Rosales que tanto gustaba a Tino, que hubiese dicho con mirada tierna y húmeda al ver el acto de ayer, al ver a Marisol, a Álvaro, a Jimena, a Candela,a Aitana, a Ismael, a Marta, a Jesús, a Pedro, a Carlos, a Lola y a Pepe, a Luis Ángel, a Susana, a María Jesús, a Paco, a todos los que ayer llenaron la carpa físicamente o en espíritu: ‘Gracias, Señor, la casa está encendida’.