Hace 80 años en un mundo de hombres

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Se cumplen 80 años desde que el Colegio de Médicos de Burgos dio de alta a la primera mujer. Se llamaba Antonia Castillo, era ginecóloga y llegó a la ciudad desde Ceuta al inicio de la posguerra

Antonia Castillo, en una imagen de 1940, recién llegada a Burgos. - Foto: Patricia González

«En el día de ayer abrió su consulta en Burgos la doctora en Medicina doña Antonia Castillo, médico especialista en partos y enfermedades de la mujer. El hotel María Isabel donde se hospeda le ha cedido para su trabajo varias habitaciones. La fama de que viene precedida tan culta dama como médico de la Maternidad de Madrid, tocólogo municipal por oposición y médico asistente de la clínica de mujeres de Berlín hará que en Burgos coseche gran cantidad de éxitos. Así lo deseamos». Con esta noticia en la sección de Ecos de Sociedad recibió este periódico el 7 de agosto de 1940 a Antonia Castillo, una ginecóloga ceutí que durante cinco años anunciaría sus servicios a diario en nuestras mismas páginas y que fue la primera mujer colegiada que tuvo el Colegio de Médicos de Burgos. Dentro de poco se cumplirán 80 años desde que la doctora Castillo abriera esta histórica brecha en ese colectivo profesional masculinizado al cien por cien como eran en aquel tiempo prácticamente todos los que tenían alguna preeminencia social. 
¿Quién era esta mujer que en el inicio de la posguerra aparece en una ciudad a miles de kilómetros de la suya? El historiador de la Medicina José Manuel López Gómez, quien trazó su biografía en 2007 en su libro Los inicio del ejercicio médico de la mujer en Burgos, reconoce que hay muchas lagunas sobre su vida, en las que aún trabaja, sobre todo para aclarar qué fue de Antonia una vez que se marchó de España y se asentó en México, y solo puede hace elucubraciones de por qué llegó a Burgos -capital de la ‘Cruzada’, recordemos- recién terminada la Guerra Civil una mujer con un gran currículum y que fue depurada en su ciudad natal por la única razón de estar casada con el filósofo Luis Abad, militante de Izquierda Republicana, quien tras el golpe de Estado se marchó a Tánger. «Es imposible saberlo, yo tiendo a pensar que quizás tenía en esta ciudad algún compañero de la Facultad de Medicina en la que estudió, en Madrid, y que por eso vino aquí. Y seguramente era alguien muy cercano al régimen porque no se le puso ningún problema y, de hecho, la recepción que se le hace en el periódico indica que fue bien recibida».
Tras los primeros tiempos en Burgos en los que pasa consulta en el Hotel María Isabel (actual sede de FAE), Antonia se instala con su hermana África, que era enfermera, en un piso de la cercanísima calle Aparicio y Ruiz, que es donde tuvo su consulta durante los cinco años que pasó en Burgos. ‘Antonia Castillo. Médico. Especialista en partos y en enfermedades de la mujer. Consulta de 11 a 1 y de 3 a 5. Aparicio y Ruiz, 18-1º Centro. Teléfono 1761. Burgos’ fue el texto del anuncio que comenzó a publicarse en DB el 3 de julio de 1941, un año después de que se hiciera pública su presencia en la ciudad. El único cambio que experimentaría el anuncio fue la ampliación del horario de consulta, indicio, a juicio de López Gómez, «de un probable aumento de la clientela».
Pero para llegar a ejercer su profesión en Burgos tuvo que pasar el filtro que le impuso el entonces presidente del Colegio, José Luis Inclán Bolado, que rápidamente, al recibir la solicitud de colegiación de Castillo, escribe al presidente del Tribunal de Responsabilidades Políticas, al presidente del Colegio de Médicos de Ceuta y al alcalde de esa ciudad, que es el más cruento de los tres en su contestación. La primera autoridad contesta que a la ginecóloga se le había abierto un expediente «que había recaído en sentencia absolutoria»; la segunda, que la mujer estaba «bien conceptuada entre sus compañeros desde el punto de vista profesional» y la tercera, que «dicha señora, en el tiempo que ha residido en esta plaza, observó buena conducta pública y privada así como profesional y tiene como antecedentes políticos y sociales el haber intervenido (según rumor público sin que se haya podido confirmar) en una reunión habida en la Casa del Pueblo en la cual presidió el acto». En un tiempo en el que cualquier cosa le hacía sospechoso a alguien de ser desafecto al régimen, estas consideraciones no tuvieron un resultado negativo, bien porque se tuviera en cuenta estrictamente su profesionalidad (se licenció con apenas 20 años, obtuvo, en igualdad de condiciones, la plaza de ‘tocólogo municipal’ en Ceuta y amplió su formación en Alemania) o porque la vinculación con Burgos fuera de manos de alguien de trascendencia en el franquismo local. El 27 de julio de 1940 Antonia Castillo es dada de alta en el Colegio de Médicos con el número 501. 
Poco se sabe de lo que fue su estancia en la ciudad, lejos de su marido y con la única compañía de su hermana, salvo que ejerció permanentemente su profesión. El 1 de noviembre de 1945 se da de baja en el Colegio burgalés pero solo tres días antes seguía anunciándose en el periódico. México sería su siguiente destino en el que, por fin, en 1953 se reúne con su marido, 18 años después de haberse separado.
López Gómez explica que la médica fue una de las primeras estudiosas de la oncología ginecológica, sobre la que se formó en Nueva York, y que en México «ejerció su actividad clínica con prestigio y provecho económico». En 1966  vuelve a España y tras una breve estancia en Madrid se traslada a Almería, donde Antonia Castillo muere el 13 de noviembre de 1970.