Un viaje a la salvación

Maricruz Sánchez(SPC)-Agencias
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La Guerra Civil española obligó, hace ocho décadas, a que algunas de las obras más emblemáticas del Prado pusieran rumbo alexilio con el fin de sobrevivir a la contienda

Un viaje a la salvación - Foto: Otero Herranz

La guerra no suele respetar nada, y el arte no es una excepción. Aunque actualmente pueda parecer una quimera, la destrucción del Prado y las joyas que en él se custodian se convirtió en una preocupación real tras el estallido de la gran contienda española de 1936. Este episodio de la Historia nacional reciente consiguió poner en jaque a la pinacoteca, y con ella a más de medio millar de obras de valor incalculable que partieron rumbo al exilio para no ser víctimas del conflicto bélico. Dos años después regresaron sanas y salvas, poniendo en valor lo acertado de una decisión con un final feliz de la que ahora se cumplen ocho décadas.
A bordo de 71 camiones, piezas de Velázquez, Goya, Ribera, Rubens, Durero o Tiziano salieron desde Valencia y Barcelona, donde se refugiaron cuando el inicio de la Guerra Civil amenazaba con destruirlo todo, para pasar por Francia y llegar finalmente a Ginebra en 1939, en un viaje a la salvación capitaneado por el artista Timoteo Pérez Rubio.
La conciencia patrimonial que existía en ese momento histórico en el país hizo que la protección de los bienes con valor artístico e histórico consumiera una gran dosis de preocupación y esfuerzo durante la contienda. Pocos días después del golpe de Estado, se creó la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, que tenía competencia sobre bienes públicos y obras de propiedad particular. Así, a finales de agosto, el Prado dejó de ser visitable y se comenzó a preparar el edificio y a desmontar sus colecciones, trasladando las pinturas a la planta baja y rodeando con sacos terreros las esculturas y otras piezas que permanecieron en la planta principal. Al anochecer del día 6 de noviembre del 1936, nueve bombas incendiarias cayeron sobre los tejados de la pinacoteca madrileña.
Un viaje a la salvaciónUn viaje a la salvación - Foto: Federico PŽrezEn este contexto, al mismo tiempo que llegaban al Prado numerosas obras desde otras instituciones españolas para proceder a su custodia en los pisos bajos, se decidió evacuar un elevado número de piezas maestras, que a raíz de ello se preservaron aunque después de vivir un periplo de ida y vuelta.
Más de siete decenas de vehículos de gran tonelaje fueron conducidos y cargados por las fuerzas republicanas, en una evacuación exprés liderada por Pérez Rubio y los miembros de la Junta Central del Tesoro Artístico, con la colaboración de los integrantes del Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros de Arte Españoles, constituido, a instancias del pintor José María Sert, por las principales pinacotecas del mundo democrático: el Louvre, la National Gallery y la Tate Gallery de Londres, el Rijksmuseum de Amsterdam, los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. 
Se trató de un caso insólito de solidaridad internacional entre grandes centros de arte, que surgió espontáneamente por el grave peligro al que se enfrentaba el patrimonio español. Y, bajo esta premisa y con ese compromiso entre países como telón de fondo, el grueso de las obras evacuadas, tras el inventario realizado por el Comité Internacional, regresó a Madrid en mayo y junio de 1939. Sin embargo, con una selección de 174 piezas del Prado y 21 tapices de Patrimonio Nacional, las autoridades franquistas organizaron una exposición en el Musée d’Art et d’Histoire de Ginebra. 
Un viaje a la salvaciónUn viaje a la salvaciónEsta singular muestra alcanzó, en los meses de junio a septiembre de ese año, un éxito inusitado, coincidiendo con un momento histórico de terribles presagios de un conflicto internacional. De hecho, a las pocas horas de la clausura de esta retrospectiva, estallaba la Segunda Guerra Mundial. Ese fue el motivo de que el tren que transportaba las obras a su vuelta a España circulara por las vías francesas con las luces apagadas: el temor a un posible ataque alemán que, por suerte, nunca se produjo.
Lección de futuro. La política activa de evacuación del patrimonio, en la que podría decirse que España fue una pionera, se llevó a cabo después en similares términos por parte de numerosos países combatientes durante la conflagración mundial: Francia, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, Italia, Alemania…
Puede entenderse así que, días después de que Las meninas llegaran sanas y salvas a la capital desde Ginebra, la Ronda de noche abandonase el Rijksmuseum, enrollada sobre un cilindro y por la puerta del jardín. Otras 30.000 piezas se desplazaron ese septiembre de 1939 desde el museo de Ámsterdam a varios búnkeres de la costa holandesa. Un año después, en mayo de 1940, cuando Hitler invadió los Países Bajos, la obra maestra de Rembrandt volvió a evitar el frente y fue trasladada a la mina de Saint Pietersberg, en Maastricht. El Louvre y el resto de museos europeos también movilizaron sus tesoros artísticos lejos de la contienda, para evitar su destrucción bajo las bombas.
No obstante, la evacuación del Prado no contó con el beneplácito de todos desde el principio, pues su equipo de restauradores y su subdirector, Francisco Javier Sánchez Cantón, la rechazaron en un primer momento, apostando por cerrar las puertas, desmontar las salas y trasladar las pinturas a las plantas bajas del museo, convirtiéndolo en una especie de almacén. Cuando las bombas alcanzaron la pinacoteca, cambiaron rápidamente de parecer.