Se empeñó en nacer y nada se lo impidió

I.M.L.
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Daniela es la primera bebé en 47 años alumbrada, literalmente, en el territorio de Castrillo de la Vega. Y ocurrió de una forma nada habitual

A Daniela siempre le acompaña este doudou que le ha regalado su tía Susana. Se llama ‘Pilarín’ y es tradicional en Zaragoza. - Foto: DB

Hoy en día, la mayoría de los bebés de nuestro entorno nacen en centros hospitalarios. Las excepciones que confirman esta regla son llamativas y muy escasas, pero la historia de la llegada de Daniela a este mundo es de antología. Esta pequeña nacía el pasado mes de agosto, y lo hacía en casa, en el domicilio familiar en Castrillo de la Vega, y de la forma más sorpresiva posible. Esta pequeña es el primer nacimiento que se registra en el término municipal castrillense en los últimos 47 años, detalle que el propio Ayuntamiento ha querido reconocer con una felicitación especial.

Virginia y Daniel, los padres de Daniela, llevan una década residiendo en Castrillo de la Vega. La mamá había tenido un embarazo de lo más plácido, sin molestias, sin dolores, todo muy fácil, y el parto no iba a ser menos. «Yo quería que hubiese nacido en el hospital», apunta Virginia, por si alguien pensaba que el parto en casa había sido algo premeditado. El lunes 19 de agosto, cuando empezó a sentir dolores de parto, contracciones, bajó con Daniel al hospital de Aranda y allí le dijeron que no estaba de parto, que estuviese tranquila y que volviese el jueves.

Haciendo caso a los médicos, regresaron a casa. «Yo seguía teniendo dolores y dos horas después de salir del hospital, estaba apoyada en el lavabo y salió», recuerda Virginia. Sí, salió, Daniela vino a este mundo sin que su madre empujase, sin dolor, casi por sorpresa. «Mi marido la vio caer y solo me dijo ‘cógela’», continúa la mamá con su historia. Y es que el parto de esta bebé fue único también porque, a parte de producirse en la casa familiar, no vino precedido de la rotura de la bolsa, lo que solo sucede en uno de cada 80.000 partos. «Cuando la cogí, tuve el reflejo de abrir la bolsa, vi que se movía y respiraba y mi marido llamó a la ambulancia para que nos llevasen al hospital», relata Virginia. «Nos fuimos de allí a las 12:30 y dos horas después estábamos de vuelta con la niña en brazos, para sorpresa de los médicos», asegura.

Después de pasar esta experiencia, permanecieron dos días en el hospital por precaución y les dieron el alta a ambas. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, Virginia se siente afortunada y aún no da crédito a este parto tan poco habitual. Sentimientos que se mezclan con el orgullo y el amor de madre que traslucen sus ojos al mirar a la pequeña Daniela, que alucinará cuando le cuenten cómo nació.


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