Samira contra el sistema

G. Arce
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Samira contra el sistema - Foto: Patricia González

Una hernia discal mal operada le ha llevado a pleitear contra la Seguridad Social y lleva las de perder

A día de hoy, reconoce con ironía, sabe tanto de Derecho como para cursar la carrera universitaria. Sus últimos 5 años han transcurrido entre médicos y jueces, litigando para encontrar una Justicia que insiste en darle una de cal y otra de arena. La última sentencia, la quinta, no le ha dado la razón, pero no se da por vencida, reivindica el derecho al pataleo público porque, dice, vino a España para huir de un país injusto.
Samira Rahmoun tiene 43 años y hace 14 hizo las maletas y huyó con su marido y una hija de 5 años de su Argelia natal, acosada por las masacres del terrorismo islamista, para buscar prosperidad, trabajo y felicidad en España. Y encontró rápido lo que quería y un hijo más, que tiene hoy 12 años.
A los dos meses de llegar a la ciudad empezó a trabajar limpiando portales e incluso tuvo tiempo para sacarse un título de especialista en el cuidado de personas mayores, un ámbito en el que tenía experiencia.
Todo iba viento en popa hasta las 10 de la mañana del 14 de octubre de 2014. Su pequeño cuerpo dijo basta cuando movía un cubo de basura por unas escaleras. «Sentí que algo me desgarraba la espalda y me quedé totalmente paralizada por un dolor horrible», recuerda con emoción.
Una resonancia confirmó lo peor:una hernia discal. «El líquido de tres discos de la columna me salió de repente, del L-3 al L-5, por eso sentí tal dolor; me impedía hasta andar...».
Acabó en un hospital de Majadahonda, confirmando que la única salida era operarse. «Fui muerta de miedo al quirófano, pero quería pasar el mal momento y seguir con mi vida y trabajar con normalidad...». El 6 de marzo de 2015 le pusieron «la chapa» en la espalda, pero su ilusión de superar el mal trago se vio truncada por un dolor «horrible». «Esperaba la curación pero la pierna quedó doblada y desde entonces no puedo andar sin ayuda...».
Samira camina sobre una muleta y tiene instalada una férula en la parte baja de su pierna derecha. Es el resultado del paso por numerosas consultas médicas en España, Francia e incluso en Argelia.
Todos los diagnósticos, argumenta, coinciden en que algo salió mal en el quirófano y que esta mujer está en ese pequeño porcentaje de operados que padecen el síndrome de cirugía fallida de columna, que le ha dejado coja e incapaz para volver a limpiar portales.
Pero la opinión de los médicos no es compartida por la empresa, la mutua, la Seguridad Social y tampoco por la Justicia, que le ha dado y le ha quitado la razón en un proceso desesperante para esta mujer y que le mantiene medicada por depresión.  
El último fallo del Juzgado de lo Social número 1 resume el calvario que quiere hacer público esta argelina:la «hernia discal intervenida, con cirugía de espalda fallida» la ha mantenido de baja desde el 14 de octubre de 2014 al 21 de abril de 2016. Este último día no marca la recuperación: el 19 de octubre de  2017 vuelve a estar de baja por incapacidad temporal por una «escisión o destrucción del disco intervertebral/hernia discal lumbar intervenida», un proceso no reconocido por falta de alta. Deja su trabajo de limpiadora en octubre...
No todo son malas noticias, el Juzgado de loSocial número 3 declara en enero de 2017 a la trabajadora en situación de incapacidad permanente total para su profesión habitual, tal y como pretendía, aunque la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León echa un jarro de agua fría y lo desestima.
No se da por vencida y en octubre solicita la incapacidad temporal al Instituto Nacional de la Seguridad Social. Otro portazo:se considera que Samira tiene una enfermedad común no derivada de un accidente de trabajo. El auto desestimatorio dice que sufre «una lumbalgia crónica agudizada con antecedentes de estenosis de canal, patologías claramente comunes, sin que se haya acreditado que exista relación causal entre el accidente de trabajo y una agudización de la patología padecida». Samira sonríe por no llorar. No tirará la  toalla: «Solo busco justicia».