La familia del asesino buscó cómo ayudar a eliminar pruebas

A.B.
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La Policía interpreta de las escuchas que la madre del autor del crimen pidió ayuda a un familiar para entrar al domicilio del escayolista y le dijo que ya había muerto. «Necesitamos abrir la puerta, el amigo de Catones está como la Consuelo»

El autor confeso de los hechos y, tras él, los acusados de encubrimiento durante el juicio que se celebra esta semana en la Audiencia Provincial de Burgos. - Foto: Jesús J. Matías

Los responsables de la investigación del crimen del mirandés Fernando Javier Martín consideran que la madre del principal acusado alertó a un familiar para que les ayudara a entrar en la vivienda del fallecido. «Necesitamos abrir la puerta del piso, se ha dejado las llaves dentro», decía la mujer por teléfono a su hermano, tío del presunto asesino. En esa conversación del día de los hechos, interceptada en abril de 2019 por la unidad anti droga de la Guardia Civil, la dueña del móvil exponía que «el amigo de Catones está como la Consuelo». Según las fuerzas del orden, David D.J., el agresor, podría ser conocido como 'Catones' y a la víctima se habrían referido como 'el amigo'. Sobre 'Consuelo', los agentes aseguran que la abuela del clan se llamaba así y murió hace años.

De esta manera, el instructor del caso cree que los familiares del supuesto asesino tenían constancia de la muerte del escayolista. Y no solo eso, pues la madre insistía en abrir la puerta del domicilio para eliminar las pruebas. Por contra, la versión de David D.J. exculpa a sus allegados, pues el acusado defiende que «sus estos no bajaron», «no entraron», y que «lo limpiaron» los encubridores. Una jornada más, la interpretación de la Policía Nacional contrasta con la línea de defensa del autor confeso del crimen.

A lo largo de esa grabación en la que se oye a la madre y al tío de David D.J. conversar con expresiones codificadas, la mujer cambia su relato en cuestión de minutos. En un principio, la interlocutora afirma que a alguien «le duelen las branquias». «Se queja mucho», dice literalmente. Los investigadores deducen que se refiere a la víctima, quien podría haber agonizando durante bastante tiempo. El otro participante de la conversación, al margen de recomendar a su hermana que abriera la vivienda «con una botella de Coca Cola», llega a preguntar si «todavía no se ha muerto de la risa» esa persona que supuestamente expresaba dolor. La mujer, en ese momento, responde con una negación.

Pese a todo, según el informe del forense en el momento de la llamada, sobre las 20 horas, el escayolista ya había fallecido (...).

(Más información sobre el crimen del escayolista, en la edición impresa de Diario de Burgos de este viernes o aquí)