Hacia una ciudad cardioprotegida

I.M.L.
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Cruz Roja reúne a 334 escolares para enseñarles la maniobra RCP

El recinto ferial acogía la segunda edición de esta actividad, en la que participaban cerca de 350 alumnos arandinos. - Foto: DB

Cualquier cosa hagas ya es más útil que no hacer nada. Esa es una de las ideas que los monitores de Cruz Roja quisieron trasladar a los 334 alumnos, con sus profesores, que participaron en la segunda edición del macrocurso de reanimación cardiopulmonar (RCP), que perseguía como objetivo que estos estudiantes pierdan el miedo y tengan unas nociones básicas a la hora de enfrentarse a una emergencia. «Hay gente que tiene miedo por si le rompe una costilla al paciente, y yo les digo que eso es lo de menos, que una costilla se arregla, pero que los minutos son vitales a la hora de revertir una parada cardiorespiratoria», explicaba Susana Modrón, responsable del área de Formación de Cruz Roja en Aranda de Duero.
La convocatoria de esta segunda edición de esta iniciativa lograba una mayor respuesta por parte de los centros educativos de la capital ribereña, «hasta los profesores han venido y están aquí aprendiendo la maniobra RCP» destacaba Modrón, y los participantes se van enfrentando a esta posibilidad con menos respeto. «El año pasado estaban menos receptivos, les costaba más ponerse a ello, pero ahora ya vienen sabiendo algo más en qué consiste, porque hemos ido el curso anterior a darles charlas a los centros, y se atreven más», reconoce la responsable de Formación de Cruz Roja. A esta predisposición del sector escolar, se suma la de la población en general, porque en los tres talleres que han realizado en los dos últimos meses han cubierto las plazas y han generado lista de espera, demostrándose que la sociedad está concienciada de la necesidad de tener unas nociones básicas para salvar vidas.
En el macrocurso de RCP, después de una charla teórico práctica, les llegaba el turno a los propios alumnos, que fueron poniendo en práctica las pautas para realizar una correcta y efectiva maniobra para revertir una parada cardiorespiratoria o, por lo menos, saber qué hacer para mantener el corazón latiendo hasta que lleguen los servicios sanitarios de emergencia. «Nosotros podemos tardar tres, cinco, 15 o 30 minutos, si la emergencia es en alguno de los pueblos de la zona, y si se hace cualquier maniobra de RCP ganamos tiempo y es más probable que la víctima esté con vida cuando nosotros nos hagamos cargo de ella», insistía Modrón.
El objetivo final de esta serie de cursos y talleres prácticos es que cada vez haya más gente con los conocimientos básicos para atender los primeros minutos de una emergencia de este tipo y Aranda pueda ser una ciudad calificada como cardioprotegida.