La Cartuja interior: 24 horas de silencio

G. ARCE
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En un mundo clausurado por la enfermedad y el miedo, accedemos a uno de los últimos reductos de la vida contemplativa, de la soledad más pura y habitada. La Cartuja abre excepcionalmente sus puertas para lanzar un mensaje de esperanza y fe

La Cartuja interior: 24 horas de silencio - Foto: Alberto Rodrigo

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La Cartuja nos manda un mensaje de esperanza y fe

Nada ha cambiado de puertas para adentro, los 15 cartujos que habitan Miraflores se rigen por las mismas normas de oración, silencio y contemplación que instauró San Bruno hace diez siglos. La Cartuja, reivindican sus inquilinos, goza de plena salud y reza por su "querido Burgos".

Nueva arquitectura.
La Cartuja ha vivido importantes obras de mejora en la última década y no solo las enfocadas a la restauración y mantenimiento del monasterio, sino también a incorporar nuevos espacios arquitectónicos que faciliten la vida de los monjes. Las nuevas estructuras conviven en armonía con la imagen gótica del monumento.

La biblioteca.
Más de 25.000 libros, algunos de una gran antigüedad, se conservan en las estanterías de la biblioteca de la Cartuja. Historia, literatura, ciencia y sobre todo escritos espirituales y monacales para uso de la comunidad. "Cuando un monje viene a la biblioteca lo hace solo, aquí no se junta ni habla con nadie", explica el prior.

Pleno silencio.
Los monjes permanecen en sus celdas en silencio durante toda la semana. Disponen de media hora para hablar entre ellos el domingo en la sala capitular y el lunes es día de paseo. En el bojarte se fijan las tareas diarias.

Nueva capilla.
La Cartuja cuenta con una nueva capilla con calefacción de suelo radiante que permite celebrar las 3 horas de maitines diarias evitando los apenas 5 grados que se registran en la iglesia mayor. "Es más importante la comunidad rezando que pasar frío", reconoce el prior cuando piensa que buena parte de los monjes superan con creces los 80 años. 

El cementerio.
Los cartujos son enterrados en el cementerio del claustro sin ataúd, bajo una sencilla cruz. El camposanto está rodeado de grandes cipreses, que por las tardes acogen a los mirlos cantarines. Una de las tareas del prior es cavar las tumbas de sus compañeros. "Es un momento triste, pero no nos da pena, mueren felices de haber entregado su vida a Dios. Es otro mundo...".

Hospedería de Carlos I. 
La zona más noble y señorial es la hospedería donde pernoctó varios días Carlos I en su camino a Yuste. Escenario de la película sobre Isabel la Católica ‘La corona partida’, llama la atención la chimenea que preside la principal estancia y que luce un gigantesco escudo en honor al rey. Ahora se reserva para visitas del arzobispo y sacerdotes.

La bodega. 
En las profundidades del monasterio permanece congelada en el tiempo, con sus grandes barricas impregnadas de polvo centenario, la antigua bodega, donde antes se envejecía el vino traído de diferentes rincones de España para el consumo de la comunidad de monjes. Es uno de los rincones secretos de la Cartuja de Miraflores, actualmente sin uso porque ya no hay manos para atender esta tarea.