Ingenio para sobrellevar el confinamiento en familia

R.M.-J.M.P.
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Desde que comenzase el aislamiento social, quien más y quien menos ha tenido que echar mano de la imaginación para pasar lo mejor posible estos días. Los Alonso Álvarez y los Peinador Morquecho son dos ejemplos

El pequeño jardín es un auténtico desahogo cuando el tiempo lo permite. - Foto: Alberto Rodrigo

Desde que hace justo un mes se decretara el estado de alarma en el país, las autoridades han insistido una y otra vez en la "cuarentena social" como la mejor manera de frenar la curva y evitar la rápida propagación del coronavirus. Durante este ya largo periodo de confinamiento en casa ha habido tiempo para cocinar, practicar deporte (aunque sea bajo techo y en espacio reducido), ver series y películas, leer, jugar a la 'Play', tomar el vermú con familiares y amigos por videollamadas, etc. El aislamiento también ha sacado la vena más imaginativa de algunos y han surgido iniciativas, a cada cual más original, para sobrellevar de la mejor manera esta anómala situación. Diario de Burgos ha hablado con dos familias (los Alonso Álvarez y los Peinador Morquecho) que nos cuentan cómo están viviendo estas semanas.

"Tener familia en Vitoria nos permitió conocer qué pasaba allí y prepararnos"

Familia Alonso Álvarez - Carlos, Ana Isabel, Beltrán y Mateo

Ya lo dice el refrán: ‘Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar...’ Y eso es lo que hicieron Carlos Alonso y Ana Isabel Álvarez y sus hijos Beltrán y Mateo, de 10 y 7 años. Tener al hermano de Carlos viviendo en Vitoria les permitió conocer de cerca lo que pasaba allí a comienzos de marzo y deducir que más pronto que tarde las medidas de las autoridades vascas llegarían a Burgos, por lo que decidieron prepararse para el previsible confinamiento.

Ana Isabel, Carlos, Beltrán y Mateo se han organizado para pasar estas semanas lo mejor posible.Ana Isabel, Carlos, Beltrán y Mateo se han organizado para pasar estas semanas lo mejor posible. - Foto: Alberto Rodrigo

Y lo hicieron tanto en lo laboral y escolar como en el ocio. Fue todo muy rápido, dice Ana Isabel, pero para cuando nos tocaba meternos a todos en casa, esta familia ya tenía en la suya el wifi revisado, la impresora lista, un ordenador sencillo para que los peques pudieran realizar sus trabajos y un ambiente diferenciado para que todos pudiesen cumplir sus obligaciones sin interferirse. Tampoco se olvidaron del tiempo libre, y compraron compost y material para darle una vuelta a su pequeño jardín y pintura, entre otras cosas.

Como técnico informático de la Universidad de Burgos, a Carlos el paso al teletrabajo no le está suponiendo una especial complejidad, pues la UBU tiene bastante desarrollado este campo.

"Todo el mundo está acostumbrado a usar el gestor de incidencias y, a recibir asistencia telemática", apunta. Trabaja 5 horas en lugar de las 7 habituales, en las que la resolución de incidencias y sobre todo el dar soporte a profesores, alumnos y personal para hacer más sencilla la docencia online son dos de sus cometidos.

Los 15 miembros de la familia en el patio de su pareado, que les permite burlar el aislamiento y realizar actividades al aire libre.Los 15 miembros de la familia en el patio de su pareado, que les permite burlar el aislamiento y realizar actividades al aire libre. - Foto: Alberto Rodrigo

Por su parte, Ana Isabel es auxiliar del Archivo Municipal en Castilfalé y estos días ha tenido que cambiar el noble edificio de Fernán González por su casa. Ha estado acogida al permiso remunerado establecido por el Gobierno, resolviendo, al igual que el resto de la plantilla, las cuestiones más urgentes a través del correo electrónico pero ahora ya teletrabaja.
En esta historia hay otros dos grandes protagonistas, Beltrán y Mateo. Van al Aurelio Gómez Escolar, y por la mañana les toca trabajar, los contenidos de 5º y 2º de Primaria. "Estamos encantados con cómo se ha organizado el colegio, cómo están pendientes los profesores, cómo nos informan", señala Ana Isabel, algo que reconoce que es común a todos los centros educativos, que están echando el resto en este momento. Tampoco faltan el contacto con sus compañeros a través de las redes sociales, ni retos para entretenerse, interminables charlas con los amigos o los vídeos para felicitar a quien cumple años.

Como a cualquiera de nosotros, esto del confinamiento no les afecta a Beltrán y a Mateo por igual. "Para Beltrán, como le encanta la tecnología, ha sido un juego", apunta Carlos. Y es que eso de tener un ordenador con wifi en la habitación, aunque de entrada sea para hacer las tareas, es el sueño de cualquier niño de su edad. En cambio a Mateo, por edad y tipo de trabajo -escritura, ortografía...- se le hace más tedioso trabajar solo "y echa muchísimo de menos a sus compañeros".
Lo que no flaquea es el ánimo. "Nos tienen sorprendidos y creo que lo llevan mejor que los adultos, y eso es algo en lo que coincidimos todos los padres". "Podían estar aburridos, pero no dejan de tener cosas que contarse y no se están peleando demasiado", bromea Ana Isabel.
Las tardes son de ocio, y aquí cuentan con un importante aliado: el pequeño jardín de su bajo, al que tratan de sacar el máximo partido y cuidarlo. "Parecemos el de BricoManía", se ríen. Jardín aparte, el tiempo se reparte entre gimkanas, zumba, juegos de mesa y, habiendo un informático en casa, tecnología. 
Y por supuesto, las dos grandes aficiones de esta familia: el folclore y los combates medievales. Ana Isabel y Beltrán forman parte del grupo de tradiciones Los Zagales, así que ha habido momentos para ensayar bailes, mientras Carlos -integrante del equipo Bohurt Castilla- y Mateo se han dedicado más a practicar ataques y defensas pertrechados con escudos y espadas de madera. 

[Reportaje completo en la edición impresa de este lunes]

"Los mayores se mueren por estar con sus amigos y los papás nos conformaremos con dar un paseo solos" 

Familia Peinador Morquecho - Rubén, Virginia, Inés, David, Javier, Francisco, Raúl, Natalia, Claudia, María, Alejandro, Rodrigo, Pablo, Laura y Marcos
En el hogar de los Peinador Morquecho no hace falta el toque de diana para movilizar a la tropa. En las familias numerosas, supernumerosas más bien, la disciplina es un hábito que se va adquiriendo en los genes a medida que va aumentando la prole. Cada hermano sabe que tiene que cuidar del siguiente y que todos deben aportar su granito de arena, ya sea para echar una mano en las labores domésticas o para ayudar en las tareas del colegio. 

Rubén y Virginia aumentarán su descendencia el próximo mes de agosto, cuando nazca su decimocuarto hijo. Hasta que llegue el nuevo miembro el puesto de benjamín le corresponde a Marcos, que tiene 20 meses. La primogénita es Inés, de 17 años, a la que le ha tocado vivir unos días complicados por la incertidumbre de no saber qué iba a pasar con la prueba de acceso a la universidad.  

El día en esta casa tan animada comienza sobre las 9 de la mañana. Para los papás una hora antes, porque Rubén se tiene que ir a trabajar (está empleado en el ámbito de la seguridad, una actividad considerada esencial). Cuando empezó la cuarentena siguieron el consejo de los expertos y establecieron un horario para seguir una rutina. "Pero hemos ido descubriendo que, aunque está bien como orientación, no se puede ser muy exigente y llevarlo estricto porque entonces genera más estrés que lo que ayuda", señala Virginia. 

Después del aseo personal y una vez saciado el primer apetito del día toca ponerse a la faena: dejar las habitaciones y el resto de la casa en perfecto estado de revista, "hemos hecho equipos y así nos vamos turnando para que no se cansen de hacer siempre lo mismo". Terminadas las tareas domésticas llega la hora de ponerse con las del cole. "Está siendo de las cosas más complicadas de este confinamiento. En casa tenemos tres dispositivos, pero no son suficientes y tenemos que echar mano de los móviles. Nos organizamos por edades para que puedan tener un buen ambiente de estudio", apunta la madre. Las tardes las dedican a actividades más lúdicas. 

[Reportaje completo en la edición impresa de este lunes]