Félix Arroyo y su legado a Medina de Pomar

A.C.
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El coleccionista de Basconcillos del Tozo ha donado todos sus tesoros etnográficos a la ciudad, que los expondrá de forma permanente

Félix Arroyo y su legado a Medina de Pomar

En 1929 nació Félix Arroyo Alonso en Basconcillos del Tozo. Desde muy niño ayudaba en el campo a su madre. Antonina, y a su padre, Esteban, en la fragua. Esa era su pasión, "ver un pequeño milagro cada día y observar como el fuego era capaz de poner el hierro al rojo vivo y permitir a las manos de padre malearlo a su antojo en el yunque a martillazos". De este modo tan certero describe Javier González, coleccionista de la Asociación Cultural Etnográfica y Artesanal de Las Merindades (Aceyam), la curiosidad infantil de su buen amigo, a quien conoció hace más de 20 años, cuando fue a conocer su casa museo en Basconcillos. Dos décadas después, y gracias a los lazos de confianza creados entre ambos y al compromiso de Aceyam, Félix Arroyo han donado todos sus tesoros al Ayuntamiento de Medina de Pomar, que los expondrá de forma permanente en una sala de 800 metros cuadrados que llevará su nombre.

De aquella curiosidad de los primeros años de su vida, Félix trocó más tarde en un ingeniero sin carrera, en un hombre con un genio y una habilidad para las máquinas, que le permitieron desarrollar diseños de aperos de labranza sin un solo boceto o un dibujo o arreglar bicicletas, motos, tractores, electrodomésticos..., adaptándose así a la evolución de los tiempos. Asegura que una dolencia neurológica no le ha permitido desarrollar todo el potencial que encierra su cabeza, pero aún así conserva una memoria envidiable a sus 92 años y recuerda multitud de detalles.

Le gusta decir que todo lo consiguió "sin haber ido a ningún sitio a estudiar", guiado por su capacidad autodidacta para comprender el funcionamiento y las posibilidades de mejora de máquinas y herramientas. La primera máquina de sembrar patatas salió de los talleres de Talleres Aguirre en Alegría (Álava), pero Félix la descubrió en Maquinaria Agrícola Ajuria, en Burgos. Le comentó a un vecino que había visto "una máquina que viene para bueyes" y le dijo que él la iba a adaptar al tractor. Dicho y hecho. Logró que la marca Jolpa la fabricase y que "de sembrar las patatas una a una con bueyes pasaran a esta máquina que hacia dos surcos a la vez", recuerda. Fue todo un acontecimiento entre los agricultores de la provincia, a los que Félix vendía en exclusiva su invento. Llegó a mejorar hasta tres máquinas de sembrar patatas, la última era automática y permitía que solo se necesitara un conductor para el tractor, mientras la máquina echaba sola los tubérculos. A principios de los años 80, recuerda como vendió más de una docena en el Valle de Losa, muchas de ellas de cuatro surcos. Pero sus ingenios también llegaron a manos de agricultores del resto de la comarca y de la provincia, de Palencia o Cantabria. Después se ocupaba de su reparación, lo que hizo posible que su negocio prosperara con los años.

Félix Arroyo comenzó a ver aperos de labranza y como los arreglaba su padre en su infancia. Su progenitor llegó a Basconcillos en 1927 para sustituir al herrero jubilado, con lo que su fragua ha superado de largo los 100 años. Félix no fue herrero, pero conservó aquella joya y ahora seguirá siendo admirada en la muestra permanente de Medina. La acompañarán centenares de piezas de forja, desde candados, llaves, cerraduras, rejas de arados, verjas y herramientas.

El resto de la colección logró reunirla en pocos años tras su jubilación. "Nunca pensé en hacer el museo", señala, pero la realidad es que acabó siendo un motivo de orgullo para este hombre que conoce cada detalle de cada pieza, a quien se la compró y lo que le costó. Se hizo con motocicletas, coches antiguos, tractores y todo tipo de elementos de etnografía vinculados a las tareas del campo, como el laboreo de la tierra, la siembra de patatas, la siega o la trilla. También consiguió un potro, al que sumó una vaca tudanca disecada, de la que se siente especialmente orgulloso.

En su casa museo se leía un letrero que decía: "Si te lo cuentan, puedes olvidar; si lo ves, lo recordarás; pero si lo haces funcionar, no lo olvidarás". Y esa era la máxima de su exposición, la de un museo interactivo, vivo, en el que tocar y ver como funcionaba cada una de las piezas, dado que todas habían sido reparadas por Félix, si es que estaban averiadas cuando las compró. Ver como se herraba a la vaca, que incluso mugía gracias a una grabación, era toda una sorpresa para muchos colegiales.

Félix no escatimaba en la compra de antigüedades y para ellas fue construyendo locales que las albergaran, pero no tiene hijos que las puedan heredar, ni el Ayuntamiento de Basconcillos del Tozo cuenta con el local adecuado y el presupuesto necesario para acondicionarlo, a su juicio. Por ello, se ha decantado por Medina de Pomar y admite que "su mayor ilusión es abrir y ver en marcha" la que será la Sala Félix Arroyo del Museo Histórico de Las Merindades.

Centenario de la Catedral. Allí se puede ver hasta el día 24 un adelanto de la colección, una muestra de ocho motocicletas, así como un triciclo, junto a carteles luminosos del mundo del motor. Pero tres piezas se podrán ver también en una de las exposiciones temporales organizadas con motivo del VIII Centenario de la Catedral de Burgos. Se trata de una Motobecané (motocicleta), un Faetón (carruaje) y uno de los antiguos y "espectaculares" surtidores de manivela de la estación de servicio de Rivera de Villarcayo, adquirido en su día por Arroyo. Para Javier González, Medina se puede sentir muy afortunada por recibir este legado de forma altruista. "Para mí y para la asociación es un honor que el Ayuntamiento de Medina se haya hecho cargo de esta colección, que como conjunto es muy interesante, porque si no, se hubiera perdido", sostiene González, tras años de gestiones.

Las piezas ya están en la ciudad y los integrantes de Aceyam las están preparando y ordenando para hacer la muestra lo más atractiva posible. Estarán acompañadas por fotografías y vídeos sobre el cultivo de la patata; el molino y el horno; y la fragua y el potro, grabados con Félix laborando junto a otros vecinos y amigos.