Plena actividad en la construcción pero "difícil" 2021

G. ARCE
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La promoción residencial en Burgos afronta con «relativa normalidad» la alarma pues tiene más del 60% de los pisos vendidos; el sector de reforma ve como sus principales clientes, comercio y hostelería, sufren

Plena actividad en la construcción pero "difícil" 2021

El desempleo en la construcción creció en tan solo 9 personas durante el pasado mayo y el número de cotizantes medios al mes ha caído en 297 con respecto al arranque de la crisis a mediados de marzo, muy lejos de los miles que han perdido la hostelería y el comercio. En tres meses de confinamiento en los hogares la media de autónomos cotizantes del ladrillo solo ha descendido en 13 afiliados en Burgos.
Son, sin duda, datos extraordinarios en plena debacle económica, detrás de los cuales no está el colchón de los ERTE, pues las constructoras -a veces a su pesar- apenas representan el 6% de los más de 5.200 expedientes presentados en la provincia hasta la fecha.
La penosidad que muchas veces supone trabajar al aire libre durante toda la jornada ha supuesto una ventaja competitiva en tiempos de pandemia. Salvo las dos semanas de parón económico total impuestas por decreto, la construcción de vivienda residencial ha seguido activa con «relativa normalidad y tranquilidad» y las numerosas promociones ahora en ejecución -con más de 550 viviendas en conjunto solo en la capital- continúan a su ritmo en los plazos previstos.
Esto supone el mantenimiento  y la estabilidad para una media de 6.200 trabajadores por cuenta propia, a los que hay que sumar 3.400 autónomos repartidos entre todo el amplio abanico de oficios a los que implica la edificación.
Las lecciones y cambios implantados en el sector a raíz de la crisis del ladrillo vivida en la década 2007-2017 han sido beneficiosos para afrontar el reto planteado por la crisis sanitaria. Más de la mitad de las viviendas en construcción en Burgos están ya vendidas, requisito que las constructoras deben cumplir si quieren obtener financiación bancaria para ejecutar las obras. Esta exigencia ha permitido que la promoción inmobiliaria continúe en marcha en los peores momentos, al menos, hasta que finalicen las obras en ejecución.
«Venimos de un momento en el que hubo un empujón fuerte a la vivienda tras la última crisis y ahora tenemos mucho trabajo en marcha, eso no quita que nuestro futuro sea muy incierto porque nos abocamos a una caída económica muy fuerte», señala Gonzalo López Recio, presidente de la Asociación de Promotores Inmobiliarios.
La formalización de operaciones de venta de viviendas en los últimos dos meses ha sido casi nula, pues fue imposible el contacto comercial con el cliente y las notarías solo han dado trámite a las operaciones urgentes. Tampoco se han registrado operaciones hipotecarias y, afortunadamente, la paralización de las de las ventas ya comprometidas es muy escasa.
Es más, apunta López Recio, el movimiento de clientes en las oficinas comerciales de las promotoras ha crecido en los últimos días, tanto de los que están interesados en la compra de su primera vivienda, como de los que están valorando si este sector puede convertirse en refugio de los ahorros en tiempos de mercados bursátiles convulsos.
Pero el también vicepresidente de FAE advierte que el futuro inmediato, a partir de 2021, estará marcado por la misma incertidumbre que vive toda la economía nacional. «Salvo los empresarios que están iniciando ahora las promociones, que pueden tener problemas, tenemos trabajo a lo largo de este año, otra cosa será a partir de 2021».
«La anterior crisis se focalizó en la construcción y algunos culparon erróneamente a este sector de la misma, ahora todos estamos en crisis y si aumenta el paro se deteriorará la venta de viviendas», reflexiona. En este sentido, los constructores miran atentamente a la industria, y más en concreto al sector de la automoción, cuya evolución futura también tendrá reflejo en su cuenta de resultados.
Similar perspectiva tienen desde los sindicatos que confirman la relativa normalidad actual. «Aquí no hay despidos sino finalizaciones de contrato por obra. Se mantiene mucha subcontratación, con trabajadores de otras provincias y países», apunta Ramiro Marijuán , secretario provincial de UGT FICA,  quien advierte que muchos trabajadores «han estado y están» en la obra nueva sin las medidas de seguridad sanitaria recomendadas ante la pandemia.
«Hay una inercia de la etapa anterior a la alarma nacional y todas las zonas residenciales en marcha hay movimiento. El futuro lo vemos peor, no se puede producir sin vender y va a depender mucho de que como salga el país en su conjunto y de como se comporte el consumo».
reformas. Las empresas especializadas en el ámbito de la reforma y la rehabilitación no han contando, mayoritariamente, con la ventaja de trabajar al aire libre. La normalidad llegó para ellas el 25 de mayo, tras entrar en la fase 1. Entonces se pudo acceder a pisos particulares, comunidades vecinales y locales para realizar obras.
Desde esa fecha, explica Vicente García, presidente de la asociación provincial de empresas de reformas y rehabilitación, viven una «realidad virtual», «tenemos mucha carga de trabajo e incluso llegamos a estar desbordados, pero todo ello fruto de dos meses sin operar». «Todo el mundo pregunta por lo suyo, lo que estaba en marcha y se paró y lo que estaba previsto empezar estos meses».
En este sector ha habido pocos ERTE, la Administración no ha tenido un criterio claro en torno a unas empresas que trabajan tanto en el interior como en el exterior y que, de hecho, han podido operar aunque en ámbitos donde se garantizase la seguridad de los trabajadores y los inquilinos.
Pese a la alta demanda de trabajo y que el año 2020 había arrancado con dinamismo en los proyectos, el futuro inmediato se ve de forma «muy negativa» porque la crisis retrasará los proyectos y, muy especialmente, porque dos clientes prioritarios, la hostelería y el comercio, paralizarán la apertura de negocios o la reforma de sus locales. «Este año salvaremos por la inercia, por ahora no hemos notados la caída de proyectos, pero a partir de noviembre lo empezaremos a notar».
transición. La misma sensación de irrealidad se vive en el Colegio de Arquitectos, donde el ritmo de trabajo ha descendido pero no de una manera que refleje lo sucedido en el conjunto de la economía. En plena pandemia (marzo y abril) se visaron 237 viviendas frente a las 169 del pasado año. El número de expedientes que llegaron a la sede colegial ha descendido ligeramente, aunque se espera que en los próximos meses -tras el verano- se empiece a manifestar realmente el calado de la pandemia.
«No hemos notado los efectos porque los proyectos necesitan tiempo para su elaboración. Lo que estamos gestionando ahora son proyectos que estaban en marcha antes del 14 de marzo o que se han  reactivado en los últimos días», explica el presidente colegial, Javier Achirica.
Será a partir del verano cuando el goteo de reformas en empresas, viviendas particulares o segundas residencias empiece a descender. «Seguramente mucha gente optará por parar a la espera de cómo evoluciona la situación económica. Son todos esos trabajos de menores entidad que las grandes promociones de vivienda, pero que ocupan a mayor número de arquitectos»