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La modernidad también es cosa del pasado

R.P.B.
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Las intervenciones contemporáneas en edificios patrimoniales y zonas históricas son actuaciones que contribuyen a la mejora y embellecimiento de estos, amén de dejar huella de un tiempo

La modernidad también es cosa del pasado

Las ciudades, sus edificios, son elementos vivos, en constante evolución y transformación. Organismos latentes que se van adaptando a los tiempos según el discurrir de estos. Hoy no constituye novedad alguna que se intervenga en inmuebles de alto valor artístico ni en zonas consideradas históricas: no hace falta más que darse un paseo por las principales ciudades de España y de Europa para constatar esta realidad. Burgos, sin ir más lejos, tiene unos cuantos ejemplos bien a la vista: desde la magnífica rehabilitación que se hizo en la Casa del Cordón hasta la más reciente de las cubiertas del Monasterio de San Juan (Premio Hispania Nostra) pasando por el albergue de peregrinos de la calle Fernán González, el centro cívico de San Agustín, la caja de luz que es la Biblioteca de San Juan o ese hallazgo maravilloso enclavado en pleno barrio alto del casco histórico que es el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB), junto al perfil imponente de la iglesia de San Esteban.

Hay, también, ejemplos en la provincia, como el teatro romano de Clunia o la intervención en las fascinantes ruinas del Monasterio de Rioseco, ubicado en el norteño Valle de Manzanedo, que está siendo felizmente rescatado de una decadencia secular. Y ahora está el proyecto de las nuevas puertas de la Catedral...

"Es algo que viene ocurriendo a lo largo de la historia. Si no, tendríamos ciudades como en el Medievo. Y las ciudades son organismos vivos", reflexiona Félix Escribano, arquitecto que fue también presidente de su gremio en Burgos y autor del edificio que acoge el Centro de Arte Caja de Burgos, del Mirador del Castillo o del proyecto de remodelación de Las Llanas, entre otros. Las intervenciones contemporáneas en edificios y espacios históricos no sólo son posibles sino necesarias, explica Escribano. "La convivencia puede ser perfecta. Eso no quita para que haya que tener muchísimo cuidado, hacerlo con respeto, y que la actuación esté claramente justificada desde el estudio y el conocimiento exhaustivo de la historia y la evolución de la ciudad o del monumento en el que se va a intervenir. Eso no significa que se tenga que intervenir de manera mojigata, cobarde, sin llamar la atención. Y de igual modo debe responder al momento en el que se ejecuta esa actuación y a su complejidad, siempre con criterios de calidad y de integración y con coherencia", apunta Escribano.

Puertas de Mirotaj en la Basílica de los Ángeles y los Mártires de Roma.Puertas de Mirotaj en la Basílica de los Ángeles y los Mártires de Roma. - Foto: DB

Respecto de intervenciones vinculadas a edificios religiosos como la que se está planteando en Burgos con su primer templo metropolitano, hay numerosos ejemplos. Escribano cita la actuación en el entorno de la Catedral de Reims, obra del arquitecto español José Ignacio Linazasoro, una inspiración para la actuación en Las Llanas. La intervención recuperó la escala perdida del edificio respecto a su entorno próximo, sin reconstruir para ello el tejido residencial preexistente (que fue derribado a mediados del siglo XX). Así, se actuó sobre el espacio público mediante plataformas, desniveles, elementos escultóricos y de ajardinamiento.

Está también el fascinante y sorprendente mural para la capilla del Santísimo que Miquel Barceló realizó entre 2001 y 2006 en otra joya del gótico como es la Catedral de Palma de Mallorca. Esta actuación no fue ajena a la polémica. Sin embargo, hoy es uno de los principales reclamos de la seo mediterránea. Otro llamativo ejemplo es la audaz intervención llevada a cabo en el presbiterio de la Abadía de San Galo, en Suiza. Se trata de un templo declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 1983 y a cuya intervención, ejecutada ya en este siglo XXI, no puso una sola objeción la Unesco.

Hay dos ejemplos que se acercan mucho más al planteado actualmente en Catedral de Burgos. Se trata de sendas puertas contemporáneas en dos templos patrimoniales de primera magnitud. Ambos se ubican en Roma. Así, del año 2002 son las puertas de bronce que el escultor polaco Igor Mirotaj realizó para la Basilíca de los Ángeles y los Mártires, un inmueble que se edificó en el frigidarium de las antiguas termas de Diocleciano; de la segunda mitad del siglo XX es la llamada ‘Puerta de la Muerte’ de El Vaticano, considerada la obra maestra de Giacomo Manzù y que es una fusión del espíritu laico con la religiosidad de las escenas, representadas con humana simplicidad. "Posturas inmovilistas no son coherentes con lo que es la ciudad, que es un organismo vivo", defiende Félix Escribano, del Estudio Au Arquitectos.

Puertas de Antonio López. Respecto de las puertas de Antonio López para la fachada de Santa María de la Catedral, al margen de polémicas sobre su gestación, Escribano tiene claro que se puede opinar sobre si es el de Tomelloso es el artista "más apropiado para intervenir ahí o no. Pero una vez que se le ha llamado, y que es una suerte que haya aceptado, hay que darle total libertad creativa. No se le puede decir cómo tiene que hacerlo. Yo confío plenamente en su obra y en que no tendrá impacto visual, porque el bronce adquirirá su tono oscuro, y lo más sensato es esperar a verlas. Esa parte de la fachada no tiene un valor especial, no hay referencia alguna al gótico original, es un punto que admite perfectamente una intervención. Otra cosa sería la puerta del Sarmental: es tan potente su pórtico de piedra que las puertas tiene que tener un criterio de fondo, no pueden entrar en competencia con la arquitectura gótica", explica.

Considera el arquitecto que en el caso de las puertas del gran artista español "no sólo no hay agresión alguna al monumento, sino que aportarán algo, como ha ocurrido a lo largo de la historia como sucedió con la capilla de los Condestables, la Escalera Dorada o el Cimborrio. ¿Por qué no va a tener la Catedral un elemento contemporáneo?", concluye Escribano.