La deuda por habitante de la capital se reduce a la mitad

Á.M.
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En 2011 ascendía a 2.965 euros por cada vecino y en 2020 será de 1.402, aunque la mayoría saldrá de las ventas de los consorcios

La deuda por habitante de la capital se reduce a la mitad - Foto: Alberto Rodrigo

Si le prestan atención a la jerga política apreciarán que es frecuente eso de hablar de logros en primera persona del plural. Hemos construido, vamos a, seremos los que, hoy inauguramos... No se engañen, el plural es mucho más amplio. En el discurso suena a que los gobernantes pagan de su bolsillo, pero la única verdad es que todo lo que ‘afloja’ una administración pública sale de la bolsa de todos. Cuando un ayuntamiento se endeuda, los avalistas de ese crédito son los ciudadanos, que lo acaban pagando a través de la presión fiscal.
Si las cuentas no cuadran y no llega para pagar, el problema puede derivar en una prestación de servicios deficitarios, cuando no en su eliminación directa. Sí, es importante que su ayuntamiento no esté demasiado endeudado. El de la capital burgalesa pulverizó todos sus registros históricos entre finales de 2011 y comienzos de 2012. La capital llegó a tener una deuda real de 519 millones de euros. 155,5 millones de adeudaban a los bancos. Casi 11 al Estado. 18 a la Junta. 12,5 a los expropiados para ampliar el polígono de Villalonquéjar. 36,6 a los proveedores en facturas escondidas en los cajones. 109 a las empresas que ampliaron Villalonquéjar y 166,5 por el desvío y la obra del bulevar.
En los dos últimos casos, la deuda era de los consorcios formados con la banca y el por entonces equipo de gobierno negaba que eso fuera deuda imputable al Ayuntamiento, pero el tiempo ha demostrado que lo es a todos los efectos. A todos.
Esos casi 520 millones, o lo que es igual, 2.965 euros por cada burgalés, supusieron la entrada por la puerta grande en un plan de ajuste que ha propiciado que no se vuelva a firmar un solo crédito -salvo los concedidos por el ICO para pagar a los proveedores- desde la segunda legislatura de Juan Carlos Aparicio. Se dejó de dopar el presupuesto incluyendo ingresos ficticios para gastar más de lo que se ingresaba y se planteó una política de austeridad que ha permitido invertir la situación en apenas una década. Sirva de ejemplo que la mayor obra de la legislatura pasada fue la media reforma del campo de El Plantío, que ha costado seis millones (aunque estaba presupuestada en cinco).
«La situación sigue siendo todavía comprometida, pero es verdad que se ha avanzado mucho estos años, en buena medida gracias a los acuerdos importantes que se alcanzaron la pasada legislatura para amortizar deuda anticipada o refinanciar los consorcios. Los planes de ajuste, que ya no serán necesarios, han sido satisfactorios», explica el actual titular de Hacienda, David Jurado. ¿Y cuál es esa situación? Pues muy diferente a la de 2011.
La previsión de la hacienda municipal es cerrar 2019 con una deuda con los bancos de 23,9 millones y una responsabilidad total en los dos consorcios de 240 millones, de los que 65,4 pagará sí o sí el Ayuntamiento. El resto debería cubrirse con la venta de suelo tanto en el polígono (industrial) como en el entorno del desvío (residencial y comercial), pero si eso no sucede, la ciudad responderá. Esa parte, que son nada menos que 174,5 millones, es por tanto una deuda subjetiva. La mayoría jamás recaerá sobre el Ayuntamiento, pero es casi seguro que una parte sí lo hará. El cuánto es lo que está por ver.
Para 2020 la previsión es deber 17,8 millones en créditos y 227 millones por los consorcios, con la citada salvedad de que 166 de esos millones se supone que se pagarán con la venta de activos. En total y en el peor escenario, 245,5 millones. O lo que es igual, 1.402 euros por habitante. Menos de la mitad de lo que se debía en 2011. Traducido: Burgos ha reducido a la mitad su deuda pública por habitante en la última década. Los paisajes apocalípticos son pasado y ahora la duda es qué ciclo económico se aproxima. «El presupuesto de 2020 lo estamos trabajando a partir de unos ingresos prácticamente idénticos a los del año pasado», advierte Jurado. Así que alegrías, las justas.
El problema no será terminar de pagar los créditos corrientes contraídos con los bancos, 12 de ellos firmados entre 2007 y 2011. Todo dependerá de la liquidación del presupuesto, pero en los últimos años se ha destinado buena parte del superávit a amortizar deuda de forma anticipada. Si se mantiene la tendencia, es seguro que este mandato quedarán liquidados todos los créditos. Sería una situación de deuda cero inédita en el caso del Ayuntamiento... Si no fuera por los consorcios.
Los acuerdos de refinanciación de la deuda de ambos entes, cuya existencia permitió financiar tanto la urbanización de suelo en el que ahora brotan nuevas industrias como sacar el tren del corazón de la ciudad y construir un bulevar allí donde sólo hubo balasto y muerte durante más de un siglo, están supeditados a que se cumplan los planes de venta. Las ventas están funcionando bien e incluso se han cubierto ya las necesidades del próximo año, pero el temor a una desaceleración económica sigue latente. Eso, en cualquier caso, está por ver. Lo que es indiscutible es que hace una década Burgos tenía una deuda insostenible y ahora es un Ayuntamiento perfectamente viable. Además, tiene vetado el acceso a nuevos créditos porque el Ministerio sigue imputándole toda la deuda de los consorcios, lo que impide que baje del límite legal permitido para acudir a préstamos (el 150% de los ingresos corrientes). De momento, mucha paz.